El centro y oeste de Europa se ha visto afectada por una ola de calor muy intensa, con temperaturas récord para el mes de junio. El calor registrado en España, Dinamarca, Francia, Bélgica o la República Checa (que en zonas ha rondado los 43 °C) ha alterado el inicio de la temporada y ocasionado numerosas víctimas. Si bien aún no se conoce el recuento definitivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha registrado más de 1300 muertes suplementarias desde el 21 de julio.
Colegios cerrados, hospitales saturados, viviendas a temperaturas asfixiantes… La ola de calor ha vuelto a situar en el centro del debate público la cuestión de la adaptación a las profundas transformaciones ocasionadas por el cambio climático. ¿Se hará eco de ello el mundo político? Para algunos observadores, el proceso es aún más complicado debido a la falta de cooperación entre los distintos actores, la inestabilidad de la financiación y las dificultades para evaluar las políticas públicas.
Con todo, el aspecto social de esta adaptación (la vulnerabilidad ante el clima y las políticas medioambientales varía en función de si se es rico o pobre), sigue sin tenerse lo suficientemente en cuenta, según estos mismos observadores. Como afecta de manera desproporcionada a los colectivos vulnerables (personas mayores, en situación de precariedad o con viviendas en malas condiciones), la ola de calor lo ha dejado claro: el clima es una cuestión social.
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