Emmanuel Macron: “¡Un día, todo esto será de otro!”
Tras las escenas de caos, el estupor. El 17 de octubre, entre 550 000 y 800 000 personas se manifestaron en Francia contra el coste de vida, durante una extensa jornada de movilización que reunió a los “chalecos amarillos”, a militantes por el clima, a agricultores y ciudadanos preocupados, entre otras cosas, por las medidas de austeridad. Los estudiantes de instituto, que se manifiestan desde hace varias semanas para exigir mejores condiciones de enseñanza, así como los universitarios, se unieron a la marcha.
En muchas ciudades, las concentraciones pacíficas se vieron salpicadas por escenas violentas y saqueos que ocasionaron numerosos daños. Aunque el balance aún es provisional, se habla de más de 1500 comercios afectados y varios cientos de millones de euros en daños por todo el país. Más de 2000 personas han sido detenidas al margen de las manifestaciones. En París, un manifestante falleció tras sufrir un desmayo. Este estallido de violencia se enmarca dentro del clima de tensión marcado por las numerosas violaciones a los derechos por parte de las fuerzas del orden, especialmente en lo relacionado con el movimiento estudiantil que sacude al país, a seis meses de las elecciones presidenciales.
Francia no es el único país donde se están produciendo movimientos juveniles. Estas últimas semanas han tenido lugar manifestaciones similares (que a veces también han degenerado en violencia), en Bélgica, Italia, Grecia o Albania, país en el que los estudiantes se han unido a la “revolución de los flamencos rosas”, el movimiento de oposición al gobierno de Edi Rama.
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