A primera vista, se trataba de una manifestación como cualquier otra, una marcha de protesta clásica en la vía pública. El sábado 15 octubre, en todo el mundo, la gente respondió a la llamada de los “indignados”, que invitaban a la población a tomar las calles. En Fráncfort, varios miles de ciudadanos se reunieron y caminaron hacia el barrio financiero, hasta el edificio del Banco Central Europeo (BCE). La marcha comenzó y acabó con las declaraciones habituales. Pero el interés de esta jornada era otro.
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