Los problemas de salud mental son transversales entre los diferentes grupos sociales, de edad y también entre sectores laborales. Históricamente, se ha analizado cómo afectan a ciertas profesiones, como, por ejemplo, la veterinaria, incluso en los casos más extremos. Los veterinarios tienen mayor riesgo de suicidio que otras personas, según recogen varios estudios. Por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos publicaron un análisis en 2019 que muestra que las mujeres que se dedicaban a esta profesión tienen una probabilidad 3,5 mayor de morir por suicidio que el resto y un 2,1 en los hombres.
También los hay europeos: otro publicado en Frontiers in Veterinary Science recoge que la tasa de suicidios entre los veterinarios duplica la de otros trabajadores médicos y cuadriplica la de la población en general.
¿Esto se puede trasladar para todos los países? Gonzalo Moreno, presidente del Consejo General de Colegios de la Profesión Veterinaria de España, afirma que hay evidencias a nivel internacional, por lo que anima a ser prudente al trasladar de manera directa cifras de otros países porque, más allá de las diferencias sociales y culturales, también hay otras que están estrictamente ligadas al ejercicio de la profesión y las condiciones laborales.
“Lo que sí que es cierto es que tenemos evidencias de que el problema de salud mental en veterinaria es serio y no solo el suicidio: burnout, ansiedad, depresión…” asegura. Actualmente, desde el consejo están desarrollando un estudio junto con la Fundación Galatea para poder conocer más en detalle la situación.
El sanitario –pues en España, los veterinarios forman parte del sector, tal y como recoge la Ley 44/2003 de ordenación de las profesiones sanitarias– recuerda que el suicidio es algo multifactorial, por lo que no se puede hacer una relación automática entre una cosa concreta y el suicidio. Sin embargo, sí se pueden identificar factores de riesgo que aparecen de manera reiterada en múltiples estudios.
Factores de riesgo de los veterinarios
Moreno habla del componente vocacional “importante” de la profesión, que implica mayor afectación por el trabajo que se realiza. “Tenemos mucha responsabilidad y cada día hay mayor consideración sobre los animales”, afirma; un estudio del Gobierno estima que en España hay más de 15 millones de animales de compañía. Estos profesionales, además de ejercer para cuidar de la salud de estos seres, también se dedican a trabajos dentro de los sistemas públicos y a animales de producción.
Como parte de su día a día, están acostumbrados a trabajar con la enfermedad e inevitablemente con la muerte, con todo lo que conlleva. Además, como ocurre en otras profesiones sanitarias, también están sufriendo un aumento de agresiones contra ellos: un 60 % indica haber sufrido algún episodio de violencia.
En cuanto a las condiciones laborales, se cuenta con jornadas intensas con guardias, difícil conciliación y una presión económica “que no tienen tanto otras profesiones sanitarias” porque la remuneración es “bastante baja”; con el reconocimiento social ocurre algo similar, es inferior al de otros compañeros del sector.
En otros países europeos se habla de situaciones similares respecto a una gran carga de trabajo. Por ejemplo, en Francia sufren lo que se conoce como desiertos veterinarios, especialmente en las zonas rurales, donde los veterinarios en ocasiones están de guardia las 24 horas del día. Las encuestas realizadas ponen de relieve una sobrecarga de trabajo crónica (con hasta 80 horas a la semana en zonas rurales), así como un riesgo de suicidio entre tres y cuatro veces superior a la media nacional, a lo que hay que sumarle un fuerte aumento de los ataques a estos profesionales.
“Tenemos mucha responsabilidad y cada día hay mayor consideración sobre los animales” – Gonzalo Moreno
También se comenta en Lituania y forma parte de lo que los profesionales consideran importantes fuentes de estrés, junto con resultados clínicos emocionalmente difíciles, clientes exigentes o escasas oportunidades para el descanso como importantes fuentes de estrés. Aunque destacan una cuestión: la “responsabilidad emocional”.
Para una tesis publicada en 2023, se encuestó a 133 veterinarios que trabajan con animales pequeños en este país. El análisis sugiere que la responsabilidad emocional que conlleva tratar con animales e interaccionar con los propietarios desempeña un “papel importante” en las causas de estrés. Casi un 97 % afirmó que la muerte de un animal al que había cuidado durante un largo periodo afectaba negativamente a su bienestar emocional.
A pesar de la distancia entre países europeos, con las diferencias culturales, sociales y de condiciones laborales que conlleva, en Hungría también se detienen en cómo afecta la muerte, aunque más allá de como fuente de estrés. Un veterinario de Debrecen relata que la “alarmante” tasa de suicidios también tiene su origen en la frecuencia con la que se enfrentan a la muerte y sostiene que la eutanasia sigue siendo un tema “delicado y sin resolver en la medicina veterinaria”.
“El procedimiento es legal en Hungría, pero eso también significa que los profesionales del sector llegan a relativizar la muerte, aprendiendo a verla como una forma de poner fin al sufrimiento más que una tragedia en sí misma”, detalla.
Las soluciones de algunos países
El análisis de la salud mental de estos profesionales está presente en la mayoría de países y en algunos ya están tratando de tomar cartas en el asunto, como es el caso de Polonia. El portal de noticias de la Cámara Nacional de Medicina Veterinaria informa de que casi el 36 % de los encuestados presentaba síntomas de depresión, mientras que el 40 % padecía trastornos de ansiedad. El 39 % admitió haber tenido pensamientos suicidas y el 60 % conocía personalmente a otro compañero que se había quitado la vida o había intentado hacerlo.
A raíz de esta investigación, en junio de 2025 se puso en marcha un programa de apoyo para veterinarios. Ofrece a los profesionales que sean miembros de las cámaras regionales –es obligatorio ser miembro de alguna para ejercer– acceso a dos sesiones gratuitas al mes. Solo en los dos primeros meses se crearon 249 cuentas en el portal.
En España, Moreno parte de que hay que tener todos los datos para trabajar desde el conocimiento. Él, como presidente del consejo, se ha reunido con el Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, donde reconocieron que no tenían datos sobre los suicidios y que hasta la fecha las políticas públicas no se habían dirigido a ellos específicamente.
Más allá de la información, también aboga por actuar contra las “causas estructurales” del desgaste profesional con las condiciones laborales y salariales en el punto de mira. Es necesario, además, combatir las agresiones.
Álvaro Toledo, psicólogo sanitario y coordinador del Grupo de Estudio e Investigación de Conductas Suicidas del Colegio de Psicólogos de Madrid, defiende que una cuestión que se podría implantar es empezar de manera sistemática a realizar autopsias psicológicas, que van a proporcionar mucha información sobre los factores y las circunstancias que estuvieron presentes y cómo estas pudieron ir interaccionando en el tiempo.
El psicólogo insiste en que el suicidio es un fenómeno complejo, dinámico y multicausal o multifactorial. “Hay factores que aumentan la vulnerabilidad, pero ninguno por sí solo explica esa conducta suicida”, ahonda.
Es decir, una profesión no va a determinar que una persona vaya a desarrollar una conducta suicida, pero sí puede convertirse en un factor importante de vulnerabilidad: “Ciertas condiciones laborales que se mantienen en el tiempo se suman a otros problemas personales. Hay situaciones laborales que pueden generar un desgaste importante, como una sobrecarga, jornadas prolongadas de trabajo, falta de descanso, dificultad de conciliación, elevada responsabilidad… Todas estas circunstancias mantenidas pueden favorecer que aparezcan sentimientos de agotamiento, fracaso, pérdida de control y puede aparecer desesperanza”.
Esto no significa que, por ejemplo, todos los profesionales sanitarios tengan que tener un mayor riesgo; es algo multicausal. “Cuando hablamos de veterinarios, hay estudios. Pero no existen, por ejemplo, sobre repartidores de paquetes o panaderos. Es muy difícil determinar que ellos por sí solos tengan ese factor de riesgo mayor que el resto”, concluye.
👉 Artículo original en El Confidencial
🤝 Este artículo forma parte del proyecto colaborativo PULSE. Francesca Barca (Voxeurop), Justė Ancevičiūtė (Delfi, Lituania), Alicja Gardulska (Gazeta Wyborcza, Polonia) y Boróka Parászka (HVG, Hungría) han contribuido.
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