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Sigue habiendo demasiados suicidios en prisión provisional en Europa

En Europa se produjeron 17,5 suicidios por cada 10.000 reclusos en prisión provisional, mientras que la proporción fue de 8,54 muertes en el resto de la población penitenciaria. ¿Qué están haciendo los gobiernos para afrontarlo? Una investigación colaborativa basada en datos entre ocho redacciones europeas, coordinada por Civio.

Publicado en 25 mayo 2022 a las 12:58

“Hay mucha tristeza en la cárcel, disfrazada de hostilidad. La pena es claramente visible incluso en los rostros más enfadados”. Este mensaje fue publicado en la cuenta personal de Twitter de John McAfee el 10 de junio de 2021. Trece días después, el creador del antivirus McAfee falleció en su celda de la cárcel barcelonesa de Brians 2, donde había permanecido ocho meses en prisión provisional, a la espera de ser extraditado a Estados Unidos por varios presuntos delitos de evasión e impago de impuestos. Poco antes, McAfee dejó una nota en el bolsillo de su pantalón: “En lugar de vivirlo plenamente, quiero controlar mi futuro, que no existe”. La autopsia confirmó el suicidio.

En 2021, según los datos del estudio SPACE del Consejo de Europa, 480 personas se suicidaron en las cárceles de los países comunitarios, de las que 172 estaban en prisión provisional. Estos internos se encontraban a la espera de juicio, es decir, su ingreso no era fruto de una condena firme. Entrar en la cárcel, sobre todo de forma preventiva, dispara el riesgo: en 2021, hubo 17,5 suicidios por cada 10.000 reclusos en prisión provisional, el doble que los registrados en el resto de la población penitenciaria (8,54).

Por países, las tasas más altas se dieron en República Checa (51 suicidios por 10.000 internos en prisión provisional), Letonia (50,3), Austria (47,3) y Francia (43,1). En cifras absolutas, los peores datos se registraron en 2021 en el país galo, donde 175 personas se quitaron la vida (77 de ellas estaban aún a la espera de ser juzgadas). Y estas cifras no son un problema puntual: un estudio, que se realizó en 24 países y que fue publicado en 2017 en la revista The Lancet Psychiatry, ya advirtió acerca de la alta prevalencia del suicidio en las prisiones francesas.


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El suicidio, un problema complejo

“No sabía si iba a salir alguna vez, así que metí los dedos [en el enchufe] a ver, pero no pasó nada porque los tienen protegidos, si no me quedo allí”, explica por teléfono José Luis, quien recuerda con especial dureza su estancia en prisión provisional en la cárcel española de Picassent. Él pasó un año y varios meses en este centro penitenciario a la espera de juicio, cuando le eximieron de responsabilidad penal por la esquizofrenia que padece y le trasladaron al psiquiátrico penitenciario de Fontcalent. Antes de que se decretase esta medida, su situación era muy complicada: “Había cometido un delito, estaba muy mal anímicamente, en el peor momento de mi trastorno. No tenía conciencia clara de la realidad, tengo un recuerdo horrible”.

Su experiencia no es única, sino que la mayoría de los internos en prisión provisional se enfrentan, en palabras de la experta Vanessa Michel, a "el cataclismo del desarraigo". "Con toda esta incertidumbre, creo que se crea una gran ansiedad que es muy diferente a la ansiedad después de la condena", sostiene la especialista del Secular Service of Aid to the Litigants and Victims (SLAJ-V) de Bélgica. Estar en prisión provisional supone una espera incierta, en la que los internos no saben cuándo podrán comparecer ante el juez o cuándo podría levantarse la orden de detención. Y, además, deben acostumbrarse de un día para otro a un entorno muy diferente a su ambiente habitual, conviviendo con personas impuestas que no conocen. José Luis, de hecho, recuerda haberlo pasado bastante mal por problemas con otros presos.

A ello se une la falta de control que sufren muchas personas que se encuentran a la espera de ser juzgadas. “Uno pasa de creer que controla su vida a que de repente estés controlado las veinticuatro horas del día y no tener en absoluto potestad para cambiar cosas. Esa sensación de impotencia es muy dura. Para mí es lo peor de la prisión”, explica la psicóloga penitenciaria María Yela, que trabajó en varias cárceles españolas, y donde, tras su jubilación, colabora como voluntaria. "Es también la confrontación con el hecho de ser sospechoso de algo, la inseguridad, la imprevisibilidad del futuro, es una experiencia existencial", añade Eric Maes, criminology researcher at the operational criminology department of the National Institute of Criminalistics and Criminology (INCC) de Bélgica.

Las probabilidades de suicidio, según advierte la Organización Mundial de la Salud, aumentan durante las primeras horas o días de reclusión. "Es un periodo muy, muy frágil, muy crítico", cuenta Maes. Es entonces cuando confluyen factores como el aislamiento repentino, la falta de información o un alto nivel de estrés, lo que puede precipitar la conducta suicida. A veces, el síndrome de abstinencia, en el caso de internos que consuman drogas, o el impacto mediático, también pueden afectarles. “Luego tenemos mecanismos de adaptación, que nos funcionan mejor o peor y, conforme pasa el tiempo, vamos logrando un equilibrio, por precario que sea”, explica Enrique Pérez, jefe de sección de psiquiatría del Hospital General de Alicante (España) y consultor de los centros penitenciarios de Villena (Alicante II) y de Alicante I.

La prevención del suicidio en la cárcel

Estar en prisión provisional es uno de los principales factores de riesgo para que una persona se suicide. Así lo demuestran diversas investigaciones realizadas en las cárceles de Francia, Noruega, Cataluña (España) o Alemania. Ante este problema de salud pública, varios países europeos disponen de protocolos en las prisiones para tratar de evitarlo. Estos programas pueden incluir medidas como la retirada de posibles medios o materiales con los que el recluso pudiera hacerse daño, un mayor seguimiento por parte de los psicólogos de prisión y la asignación de internos de apoyo, que se convierten en la sombra de la persona en riesgo de suicidio.

Pese al buen funcionamiento de estos sistemas, países como Francia todavía no disponen de un protocolo eficaz, según denunciaba en 2019 un estudio que abogaba por adoptar en las prisiones el plan VigilanS, destinado a la población general. Para Laure Baudrihaye-Gérard, legal director (Europe) for Fair Trials, it “has to be highlighted how European prisons (France and Belgium, in particular) have horrifying conditions that are deeply into remaining and degrading, and suicide gives a real meaning to what it is, that loss of humanity”. Y añade: “You don’t know where you stand and the pressures are just massive. And then the lack of access. I mean, do you think that you have psychiatrists walking around? Psychologists supporting you?”

La falta de recursos que menciona Baudrihaye-Gérard afecta también a los centros penitenciarios donde sí hay protocolos contra el suicidio. “Es tremendo el porcentaje de internos que le corresponden a un psicólogo o a cualquier profesional. Así no se puede trabajar”, dice la psicóloga penitenciaria María Yela. La experiencia de José Luis tampoco fue mucho mejor: “En Picassent yo veía al psiquiatra cinco minutos cada tres meses y en ese momento te evaluaban y te decían ‘sigue con tu medicación’”.

Incluso en personas que no tienen un diagnóstico previo relacionado con la salud mental, ingresar en la cárcel implica un gran impacto psicológico que puede terminar afectándoles. Un trabajo hecho en Alemania dice que es frecuente que los presos preventivos desarrollen trastornos adaptativos con síntomas depresivos y ocasionalmente pensamientos paranoides. La aparición de estos problemas, según el estudio, muestra “la mayor vulnerabilidad psicosocial” que presentan los internos.

La prevención del suicidio, sin embargo, sigue siendo muy compleja. “Los humanos somos imprevisibles. Hay que ayudar, intentar prevenir, pero es una conducta que, si la persona la quiere ejercer, no la vamos a poder evitar”, explica la psicóloga penitenciaria María Yela. En opinión del psiquiatra Enrique Pérez, el apoyo que los internos reciben de fuera de prisión o sus historias previas también pueden jugar un papel esencial para evitar estas muertes. Para José Luis, los medios para impedirlo fueron clave: “Si hubiera tenido la posibilidad de suicidarme, lo hubiera hecho”.

👉 Artículo original en Civio.
En colaboración con European Data Journalism Network.

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