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Teletrabajo: sí pero no a cualquier precio

Defendido por algunos, rechazado por otros y fomentado por los confinamientos sucesivos, el trabajo a distancia se ha convertido en algo habitual para millones de trabajadores en Europa. Mientras que las empresas y administraciones improvisaban con las diferentes restricciones sanitarias, los trabajadores aún tienen que encontrar el equilibrio entre flexibilidad y vida privada.

Publicado en 30 junio 2021 a las 13:18

Ahora que las medidas deconfinamiento aceleran, ¿cuántos europeos volverán al trabajo presencial? En 2020, la pandemia de covid-19 obligó al 48 % trabajadores a teletrabajar en la UE, contra el 11 % en 2019, según los datos de Eurostat, la Oficina Estadística de la Unión Europea, y de Eurofound, la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo. Un incremento tan excepcional como inesperado, debido al cual las empresas y administraciones han tenido que improvisar mucho. 

Reuniones de Zoom, cafés virtuales... La oficina se ha colado en los hogares para mantener los vínculos necesarios para trabajar, así como los más informales que habitualmente tienen lugar en la máquina de café o tomando algo después de la jornada. Sin embargo, como recuerda el Instituto Sindical Europeo (ETUI), solo el 37 % de los trabajos se prestan al teletrabajo: "Los trabajos con poco nivel de autonomía y fáciles de controlar a distancia, o al contrario, los empleos con un alto nivel de autonomía que requieren una apreciación personal y permiten una forma de gestión autónoma. El ETUI añade que hacen falta varios factores para poner en práctica el teletrabajo eficazmente: el empleado debe querer y ser capaz de trabajar desde casa, debe poseer una vivienda adaptada y un ambiente de trabajo de confianza. Por ejemplo, tiene que poder abordar sin problemas la cuestión del teletrabajo con sus superiores. 

No estamos seguros de que las instituciones europeas cumplan estos criterios, instituciones que en plena crisis de la covid-19, como muchas otras administraciones europeas, enviaron a su casa a funcionarios, empleados temporales y contractuales. "La administración nunca fue clara en este aspecto. Nos llevan prometiendo desde hace mucho unas normas sobre el teletrabajo y los horarios laborales, pero no las conseguimos " lamenta Juan Pedro-Escanilla, secretario general de la unión sindical federal de la Comisión Europea. Le han llegado muchas quejas, especialmente sobre la dificultad para desconectar. "Muchos afirman que antes, cuando se iban de la oficina, podían estar tranquilos salvo en contadas ocasiones. Ahora, está claro que la frontera horaria ha desaparecido. Los superiores o colegas pueden enviar correos electrónicos fuera de los horarios habituales de trabajo". 

Es el gran riesgo del trabajo a distancia: la frontera entre la vida privada y profesional se difumina. Las cifras del Eurofound hablan por sí solas: entre el 24 y el 44 % de los trabajadores europeos en teletrabajo durante el confinamiento trabajaron al menos una vez por semana durante su tiempo libre. Los problemas para desconectar se han traducido en más estrés y menos tiempo dedicado a la familia. Francia, a pesar de contar con un índice del 25 %, es de los países donde los trabajadores declaran menos este tipo de malestar. Esto se debe a que el país adoptó una ley pionera en Europa sobre el derecho a la desconexión en 2016. El derecho autoriza a los trabajadores a no conectarse a las herramientas digitales ni a ser contactados por sus jefes fuera de su horario de trabajo.  

Probablemente el trabajo a distancia acabe prevaleciendo sobre el trabajo presencial. Una opción con bastantes defensores porque cuando se gestiona bien, el teletrabajo puede hacer feliz a la gente.

Desde la creación de la ley, los interlocutores sociales negocian cada año en las empresas las modalidades de este nuevo derecho. En lo que respecta a las PYME, la dirección dicta un estatuto con medidas de desconexión. Por ejemplo, a ciertos jefes se les prohíbe enviar correos fuera de los horarios de trabajo y durante el fin de semana. Bélgica, España e Italia aplican actualmente el derecho a la desconexión junto con Francia. Asimismo, el Parlamento Europeo aspira a convertirlo en un derecho fundamental a nivel europeo. En una decisión aprobada en enero, los eurodiputados insisten en el hecho de que "el derecho de los trabajadores a la desconexión es vital para la protección de su salud, su bienestar físico y mental, así como para evitar problemas psicológicos". Piden a la Comisión que proponga unas normas mínimas comunes para el trabajo a distancia en la UE, y "asegurar que dicho trabajo se efectúe de manera voluntaria, y que los derechos, la carga de trabajo y las normas de rendimiento sean equivalentes a aquellas de los trabajadores presenciales".  

Dentro del Consejo de la UE, colegisladora con el Parlamento Europeo, no todos los Estados miembros aprecian la intervención de la UE en cuestiones sociales y algunos podrían oponerse a la creación de este derecho. Tradicionalmente, los países escandinavos siempre han preferido dejar la reglamentación social a la negociación colectiva entre los actores sociales de sus países, sin intervención política. Los eurodiputados no recibirán bien un desacuerdo así, sobre todo porque con el confinamiento el teletrabajo podría convertirse en la norma, pues permite ahorrar a las empresas y administraciones. Así, la administración europea ya ha previsto reducir un 25 % su superficie de trabajo de aquí al 2030. 

Probablemente el trabajo a distancia acabe prevaleciendo sobre el trabajo presencial. Una opción con bastantes defensores porque cuando se gestiona bien, el teletrabajo puede hacer feliz a la gente. Es lo que destaca Pierre Berastegui, autor del estudio del ETUI: "Cuando las empresas lo aplican correctamente, el teletrabajo ofrece libertad de decisiones. Por ejemplo, el trabajador puede organizar su tiempo de trabajo. Podrá retrasarlo e ir a una cita médica si quiere. El trabajo a distancia permite así un mejor equilibrio entre la vida privada y la vida profesional". Ahora que los países europeos pasan lentamente página de la covid-19, empresarios y legisladores nacionales y europeos deben hacer balance de estos largos meses de teletrabajo. El trabajo a distancia puede ser tanto una bendición como la causa de nuevos males para los empleados.  

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