¿Cómo puede el mundo dejar de depender de las energías fósiles? Esa es la pregunta a la que debe responder la cumbre organizada conjuntamente por Colombia y los Países Bajos en la ciudad colombiana de Santa Marta. Unos sesenta Gobiernos se han reunido entre el 24 y el 29 de abril para hablar de los posibles mecanismos y buenas prácticas para dejar de utilizar los combustibles fósiles concretamente.

Se trata de una cumbre sin precedentes: al abordar directamente las posibles soluciones, evita una de las mayores dificultades a las que se enfrentaron las anteriores conferencias de las Naciones Unidas sobre el clima; que no consiguieron incluir realmente el fin de las energías fósiles en la agenda, debido a la oposición de los grupos de presión de esta potente industria.

Sin embargo, el principal obstáculo es que la cumbre se celebra sin la presencia de actores importantes como China, Estados Unidos o la India, tres de los principales emisores de gases de efecto invernadero. Santa Marta debe dar lugar a un informe (no vinculante) que exponga las soluciones previstas, a la creación de una plataforma de coordinación y a la constitución de un panel científico dedicado a la transición energética.

Estas propuestas llegan en el momento oportuno, en una época en la que la guerra en Irán conmociona el comercio internacional de los hidrocarburos y deja entrever, de manera más patente que nunca, la necesidad de pasar a las energías renovables.

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