Guardian G2, 10 de diciembre de 2009

Un caso más diplomático que judicial

Publicado en 10 diciembre 2009 a las 16:11
Guardian G2, 10 de diciembre de 2009

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¿Culpable de los cargos imputados? El caso contra Amanda Knox, la estudiante estadounidense declarada culpable del asesinato de su compañera de piso inglesa Meredith Kercher en la ciudad italiana de Perugia, divide a la opinión en Estados Unidos e Inglaterra. Según escribe en The Guardian el escritor estadounidense de género policiaco Douglas Preston, no tiene duda de que esta joven es la última víctima de Giuliano Mignini, un controvertido abogado que ya fue investigado por supuestos abusos durante su gestión del asunto del asesino en serie en Florencia en la década de los ochenta. Tras la apresurada declaración de que Knox y su novio fueron los asesinos, surgieron pruebas que apuntaban a otra dirección. “De repente, parecía que las autoridades podrían haber cometido un error atroz”, escribe Preston en The Guardian. Pero Mignini se salió con la suya. Tal y como reveló a Preston una persona con información privilegiada, “Este veredicto no tiene nada que ver con las pruebas reales. […] Con la condena, todos ‘han guardado las apariencias’”.

Para apaciguar a la opinión estadounidense, Knox probablemente saldrá en libertad tras una apelación, aunque tendrá que pasar otros dos años en prisión. “Pero es una nimiedad en comparación con la carrera de otras muchas personas importantes”, escribe Preston. Entre tanto, la cobertura mediática del caso en Estados Unidos y Gran Bretaña ha producido indignación en Italia, pues consideran que se ha entrometido y ha sido irrespetuosa con las instituciones italianas. Tal y como escribe el periodista Alexander Stille en La Repubblica, “la nacionalidad y los puntos de vista cuentan”, ya que los ingleses quieren un chivo expiatorio por la muerte de una compatriota y Amanda Knox, retratada como “una devora-hombres, consumidora de drogas y mala chica” constituye “el material perfecto para los tabloides”. Por otro lado, para los estadounidenses, Amanda, la chica de rostro infantil, es una inocente americana en la corrupta Vieja Europa y “un personaje con el que identificarse”. Sin embargo, según expone Stille, no sentirían tanta compasión por ella si el caso estuviera claramente en su contra. “En Estados Unidos, la culpabilidad debe determinarse ‘más allá de toda duda razonable’ y en este caso existen bastantes dudas. No apostaría 100 euros por la imparcialidad de la justicia italiana”.

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