Un solo pasaporte no basta

A la pareja estadounidense del patinador artístico Deividas Stagniunas le acaban de denegar la doble nacionalidad lituana. Se trata de una decisión que reaviva el debate sobre la identidad de un país en plena apertura hacia el resto del mundo.

Publicado en 31 enero 2013 a las 12:10

La globalización nos transforma inexorablemente. Pero no transforma nuestras leyes etnonacionalistas y esa defensa inflexible de la identidad lituana comienza a perjudicarnos. “Escuchamos música en inglés, vemos películas rusas y comemos salchichas al estilo soviético. Vivimos en Londres o en Noruega y nos adaptamos a estos países sin mayor problema. Hasta hace poco, la presidencia del país, la presidencia del Parlamento y los ministerios de Finanzas y Defensa los ocupaban mujeres. Ahora hay polacos [de Lituania] en el equipo gubernamental. Viktor Uspaskich [jefe del Partido Laborista, miembro de la coalición gubernamental] es ruso, pero desde hace muchos años forma parte de los políticos más populares”.
Con esta enumeración, Vladas Gaidys, director del centro de estudios del mercado y de la opinión pública Vilmorus, intenta demostrar que nuestras características son las de una sociedad moderna con todas sus virtudes y defectos. “Parte de la élite lituana cuenta horrores sobre la pérdida de identidad. Al igual que expuso antes de la entrada en la Unión Europea las amenazas de la inmigración, de la droga y de la homosexualidad, únicamente para que le resultara más sencilla la tarea y no tuviera que debatir la forma de crear una sociedad lituana moderna. Pero a diferencia de los políticos, la sociedad no está sujeta a esos temores. Por lo tanto, hay que distinguir dos discursos, el de la sociedad y el de la élite y es necesario destacar que el primero evoluciona, al contrario que el segundo”, explica Vladas Gaidys.

Por una “evolución armoniosa”

La periodista Edita Mildazyte recuerda en qué medida han cambiado las costumbres en la indumentaria desde la independencia. Antes, llevar calcetines blancos con un traje era el no va más para los hombres, por no hablar del sombrero de cola de conejo para los ministros. Hace veinte años, nadie sabía qué era el carpaccio y nadie había visto un plátano.

“No llegamos a ser ni siquiera tres millones de personas, es decir, apenas un cuarto de Moscú, de Estambul o de Nueva York. Sigue siendo necesario defender nuestros intereses, nuestra ciudadanía, nuestras ambiciones de identidad y nacionales, pero los cambios son tan importantes, que no es nada apropiado quedarse aferrados a una Constitución redactada durante el periodo de entreguerras, que es en la que se basa la actual”, opina Edita Mildazyte.

El historiador Alvydas Nikzentaitis está convencido de que “lo que hay que proteger no es la identidad lituana, sino su evolución en armonía”. Destaca que los fenómenos relacionados con la globalización, las migraciones, los matrimonios con extranjeros, el nacimiento de niños en el extranjero, son algo habitual para los lituanos. “Inevitablemente, estos cambios tendrán consecuencias muy concretas, por ejemplo, en la ley sobre la ciudadanía. ¿Cómo actuar con los hijos de lituanos nacidos en Gran Bretaña cuando tengan que elegir una ciudadanía al llegar a la mayoría de edad, o incluso con los cónyuges extranjeros de lituanos si quieren convertirse en ciudadanos lituanos? ¿Cómo escribir su apellido? Porque es evidente que la inscripción de letras no lituanas en los pasaportes no afectan únicamente a patronímicos de los polacos de Lituania, sino que también constituye un problema para los lituanos casados con extranjeros”, señala el historiador.
Pero al parecer, estas cuestiones son fuentes de tensiones. El último ejemplo hasta la fecha de este intento de mantener la pureza de la ley sobre la ciudadanía afecta a Deividas Stagniunas, decimotercer patinador artístico del mundo. Por segunda vez, el Estado acaba de negarle la posibilidad de contribuir a dar a conocer su país, al no conceder la ciudadanía lituana a su segunda pareja estadounidense.

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Hacer que Lituania sea atractiva

Si queremos ser patriotas consecuentes, tendríamos que enfadarnos con la campeona olímpica Ruta Meilutyte, apodada “la joven de oro”, por la que tanto orgullo siente Lituania, ya que nada en aguas no lituanas y su entrenador tampoco es lituano.
Siguiendo en este tono de ironía, podemos afirmar que rechazar a los extranjeros que intentan dar a conocer Lituania es una de las tradiciones locales más arraigadas. Al eurodiputado y filósofo Leonidas Donskis le sorprendió más de una vez el hecho de que Lituania no reconociera a los Litvaks [judíos lituanos] como parte de los suyos, si bien fueron los primeros en situar a Lituania en el mapa cultural mundial del siglo XX, como los pintores Marc Chagall o Chaim Soutine.
“Si no queremos perder conciudadanos, debemos ganar esta guerra. Nuestro Estado es pequeño y debemos hacerlo atractivo para los nuestros, pero no sólo eso. La doble ciudadanía sería una ventaja competitiva”, opina el etnólogo Vytis Ciubrinskas.

“La balanza siempre tiene dos platos”

La estricta ley sobre la ciudadanía intenta sobre todo proteger los bienes lituanos, ya que se teme que los antiguos habitantes de Lituania de otra nacionalidad, sobre todos los judíos, vengan a reclamar sus bienes. Es un secreto a voces.

Existen también defensores del etnonacionalismo, como Tomas Baranauskas, catedrático de historia. “El núcleo del problema de la doble ciudadanía de los emigrantes no estriba en la ley lituana sobre la ciudadanía, sino en el hecho de que alguien quiera convertirse en ciudadano lituano sin renunciar a su otra nacionalidad. Pero la ciudadanía es un compromiso hacia un Estado. Pueden surgir conflictos. ¿A qué país debe mostrar lealtad una persona?”, se pregunta.

“Nos hemos pasado de la raya con creces", declara el famoso músico Andrius Mamontovas. “Todos los emigrantes que deseen obtener la doble ciudadanía deberían poder hacerlo. Cuando veo inscripciones en lituano en Polonia, me llega al alma. Jamás deberíamos olvidarnos de que la balanza siempre tiene dos platos”.

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