
Según los indicadores de ayer, Portugal no está condenado de inmediato a un salvamento exterior, pero aún estamos lejos de poder afirmar, tras la ayuda a Irlanda, que la presión haya disminuido y que el país no necesita la ayuda de nadie.
En un contexto tan incierto y precario, cada palabra pronunciada y cada señal enviada por los responsables políticos y económicos influyen en los acontecimientos del futuro. Además, es necesario evitar a toda costa que se llegue a noticias sobre la ejecución del presupuesto como las de ayer [a pesar de dos planes de austeridad, el presupuesto portugués se ha ejecutado según la ley de finanzas inicial].
En otras palabras, Portugal no puede esperar que le liberen de la presión de los mercados mientras no dé muestras de una política financiera creíble. Si el estado actual del déficit de la deuda pública puede llevar al antiguo ministro socialista António Vitorino a declarar que “según una lectura racional, no tiene sentido mantener la presión sobre Portugal”, la capacidad del Estado para dirigir una política rigurosa exige más prudencia y cautela en el futuro.
Aunque el país lograra salir indemne de la actual tormenta sobre los mercados, no se disiparán las dudas sobre su capacidad de pago a los acreedores. Y si a corto plazo se confirma que el gobierno sigue siendo incapaz de controlar los gastos del Estado, las presiones no dejarán de resurgir y con ellas, la perspectiva de un castigo de la UE y del FMI.
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Los portugueses se rascan el bolsillo por Irlanda
Cada portugués deberá destinar "140 euros al salvamento de los bancos irlandeses", titula el diario Jornal de Notícias. El diario ha calculado que si el préstamo de la UE y del FMI a Irlanda asciende a 90.000 millones de euros, Portugal puede que tenga que contribuir con hasta 1.500 millones. Este esfuerzo no tendrá consecuencias en el déficit de Portugal, asegura el diario, ya que se realizará dentro del contexto de las emisiones de obligaciones garantizadas por la UE a través del mecanismo europeo de estabilidad financiera (MESF) y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FESF). Pero afectará a la deuda de Portugal y los demás países que participan en el plan de ayuda a Irlanda. En el caso de Grecia, recuerda el Jornal de Notícias, Portugal contribuyó con hasta 194 euros por habitante.
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