Nensi Bogdani voxeurop BIRN Migrantes sometidos a una revisión médica en el campo de internamiento para solicitantes de asilo en Shëngjin, Albania | Foto: ©Nensi Bogdani/BIRN

De Italia a Albania: el viaje impuesto a un migrante por el experimento de asilo en Italia 

El protocolo italiano para tramitar las solicitudes de asilo fuera de sus fronteras se enfrenta a crecientes retos jurídicos y críticas. Para algunos solicitantes de asilo, terminar en estos centros fue el indeseado final de un largo y peligroso viaje. ¿Qué ocurrió tras los muros de estos centros de detención?

Publicado en 25 marzo 2025
Nensi Bogdani voxeurop BIRN Migrantes sometidos a una revisión médica en el campo de internamiento para solicitantes de asilo en Shëngjin, Albania | Foto: ©Nensi Bogdani/BIRN

Shëngjin (Albania). Mientras la lancha abarrotada de migrantes se acercaba a Italia, Nizam iba filmando lo que creía que era el tramo final de su angustioso viaje. Este pintor de casas procedente de Bangladesh de 21 años levantó su móvil para enmarcar su propio rostro antes de enfocar a las cerca de 50 personas que se apiñaban en la lancha blanca de fibra de vidrio. Detrás de él, un hombre se cubría los ojos con las manos, aparentemente para ocultar sus lágrimas, mientras otro pasajero, sonriente, le daba una palmadita en la espalda. La popa de la lancha se mantenía peligrosamente baja mientras surcaba las aguas del Mediterráneo.

Más tarde, Nizam* publicó el vídeo en TikTok, relatando su desafortunada travesía. "Vamos, ha llegado nuestro momento. No te preocupes, volveremos juntos", dice en urdu una voz en off.

Pero días más tarde, en lugar de desembarcar en suelo italiano para iniciar el futuro que venía imaginando desde tanto tiempo atrás, Nizam se encontró entre las alambradas de los controvertidos campos para internamiento de migrantes que Italia había instalado en Albania, unas  instalaciones inmersas en ásperas batallas jurídicas desde su polémica puesta en marcha en el otoño de 2024.

En su casa, en un pequeño pueblo del distrito de Madaripur, en Bangladesh, los padres de Nizam esperaban ansiosamente noticias.

Su madre y una de sus tres hermanas lo habían enseñado a leer, pero en lugar de ir a la escuela, Nizam tuvo que trabajar para mantener a la familia. En redes sociales, se labró una imagen de playboy, publicando videos de sí mismo montado en estupendas motos prestadas, con gafas de sol y un mechón de pelo corto y elegante que completaba su look. Pero su realidad distaba mucho de ser glamurosa. Con su anciano padre incapaz de trabajar, Nizam era el único sostén de la familia. "Somos muy pobres", dijo más tarde. "Tengo que trabajar".

Desesperados, sus padres juntaron dinero para pagar a un traficante muy conocido en el pueblo. Vendieron un pequeño terreno y se endeudaron. Tras ser trasladado irregularmente, primero a India, luego a Sri Lanka, Kuwait y Egipto, Nizam finalmente llegó a Libia, primero a Bengasi y luego a Trípoli, donde cayó en las garras de la mafia. Le confiscaron el pasaporte y lo encarcelaron durante tres días, torturándolo y grabando en vídeo los abusos. Los videos fueron enviados a su familia como exigencias de un rescate.

Nizam fue liberado después de que sus padres pagaran parte del rescate. "Una noche, me llevaron a una playa y me obligaron a subir a una barca", recordó. La lancha partió hacia Italia desde el puerto libio de Zuara.

Nizam no sabía nadar y la embarcación iba tan abarrotada que estaba seguro de que moriría. Sin embargo, a medida que el barco se acercaba a la costa de Lampedusa, se aferraba a la esperanza de que lo peor ya había pasado.

Su viaje dio un giro inesperado. Más de 300 migrantes que partieron de puertos libios a finales de enero fueron interceptados por las autoridades italianas. Nizam estaba entre ellos. Fue trasladado a un buque de la armada estacionado a 20 millas de Lampedusa y lo sometieron a un reconocimiento para determinar su estado de salud, edad y nacionalidad. 

A cuarenta y nueve de ellos, incluido Nizam, se les informó de que serían enviados a campos para migrantes en Albania. Según se dijo, un grupo de migrantes egipcios inició una huelga de hambre.

“Fue un momento desolador, muy duro emocionalmente”, dijo Cipriana Contu, abogada que posteriormente habló con uno de los migrantes egipcios. “Dijo que cuando supieron que los enviarían a Albania, iniciaron una huelga de hambre y algunos se echaron a llorar”.

Siguió una semana de incertidumbre, mientras los migrantes exhaustos eran trasladados de un centro a otro en Albania —en la ciudad portuaria de Shëngjin y Gjader, a 20 km de distancia— mientras completaban el inevitable papeleo y se sometían a controles de salud, entrevistas y comparecencias judiciales. Seis, que posteriormente se descubrió que eran menores o estaban en situación vulnerable, fueron reubicados a Italia. Los 43 restantes, incluido Nizam, presentaron solicitudes de asilo, que fueron rápidamente rechazadas, lo que allanó el camino para su deportación.

Sin embargo, antes de que esto pudiera ocurrir, intervino un juzgado italiano con una sentencia que decía  –no por primera vez– que los migrantes no podían ser retenidos legalmente en Albania. Desde entonces y junto con los otros migrantes, Nizam ha sido trasladado a un centro de acogida en Bari, Italia, donde espera los resultados de su solicitud de asilo.

El programa de asilo por la vía rápida en Albania, obra de la primera ministra italiana de ultraderecha Giorgia Meloni, ha sido aclamado por algunos líderes de la UE como un modelo para frenar la inmigración ilegal, pero criticado por la oposición como inhumano. “Es un experimento propagandístico basado en hacer sufrir a la gente”, declaró Rachele Scarpa, diputada del opositor Partido Democrático italiano. “Se están reduciendo al mínimo los derechos esenciales de estas personas desafortunadas”.

Silvia Calderoni, abogada que representa a Nizam y a otros tres migrantes trasladados junto con él a los campos, declinó ser entrevistada, afirmando que sus cuatro clientes necesitaban apoyo psicológico antes de hablar públicamente. Los documentos judiciales y actas de entrevistas obtenidos por Voxeurop y Balkan Investigative Reporting Network (BIRN) revelan el grave efecto de esta terrible experiencia. 

El viaje

Revelado en 2023 por Meloni y su homólogo albanés Edi Rama, el plan de tramitación de las solicitudes de asilo fuera de sus fronteras prevé el encarcelamiento de los varones adultos oriundos de los denominados países seguros y un proceso acelerado de asilo de 28 días antes de su probable repatriación. Solo quienes son recogidos en aguas internacionales sin identificación pueden ser transferidos a Albania. Italia presupuestó inicialmente 653 millones de euros para un programa quinquenal, pero los gastos ya se han disparado. Meloni proyectó inicialmente que habría 36 000 migrantes al año.

Ha recibido elogios de la Unión Europea, e incluso Ursula von der Leyen instó en octubre a los jefes de Estado a extraer “lecciones del protocolo entre Italia y Albania”. El primer ministro británico de centroizquierda, Keir Starmer, tras haber declarado que los planes para deportar migrantes a Ruanda estaban “muertos y enterrados”, visitó a Meloni en septiembre para aprender algo de la iniciativa.

Si bien los centros de migrantes italianos en Albania siguen bajo jurisdicción italiana, el 11 de marzo la Comisión Europea autorizó a los Estados miembros de la UE a establecer centros de repatriación fuera del bloque. El reglamento propuesto, introducido tras la presión ejercida por gobiernos contrarios a la inmigración, sustituirá a la Directiva sobre retorno de 2008 para permitir “centros de retorno” en terceros países, siempre que respeten las normas y principios internacionales de derechos humanos, según se indica en un borrador del documento.


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Los centros que se proponen serían solamente para solicitantes de asilo rechazados. Esto difiere del pacto entre Italia y Albania, que prevé tramitar las solicitudes de asilo fuera de sus fronteras.

Sin embargo, los esfuerzos de Meloni se ven entorpecidos por los retos jurídicos planteados por los juzgados italianos adheridos a una sentencia dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en el sentido de que la designación de “seguro” ha de aplicarse a la totalidad del territorio de un país.

El 24 de enero, el buque patrullero italiano Cassiopea tomó posición de vigilancia ante el crecimiento de las salidas de migrantes desde Libia aprovechando el tiempo favorable. La guardia costera y la policía fiscal italianas interceptaron ocho embarcaciones que se dirigían a Lampedusa y transfirieron al Cassiopea a muchos de los que iban a bordo de ellas. Los migrantes fueron examinados a bordo para determinar quiénes eran adecuados para su traslado a Albania.

The Cassiopea naval vessel docks at the port of Shengjin. | Photo : ©Nensi Bogdani/BIRN
El buque patrullero Cassiopea atraca en el puerto de Shëngjin. | Foto: ©Nensi Bogdani/BIRN

Cincuenta y tres migrantes presentaron documentos de identidad y se les trasladó a Italia para un procedimiento normal de asilo, de acuerdo con una nota del ministerio del interior. Otros 49 (incluyendo 41 de Bangladesh, seis de Egipto, uno de Costa de Marfil y uno de Gambia) fueron enviados a Albania. La agencia gubernamental USMAF, responsable de la detección de enfermedades infecciosas en barcos, realizó un reconocimiento previo. Varios funcionarios del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) supervisaron los trámites, aunque la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) que también estuvo presente en misiones anteriores, no estuvo presente en esta por haber expirado su contrato.

Nizam no era el único de Madaripur. Malik*, de 27 años, había sido estudiante universitario, pero tras el fallecimiento de su padre, trabajó en granjas para mantener a su madre, que no podía comprar las medicinas que necesitaba para su diabetes. Rohan*, de 22 años, había emprendido la aventura migratoria para poder brindar una vida mejor a su esposa y a la hija que esperaban, pero su viaje dio un giro terrible en Libia. Detenido por la policía y vendido a la mafia, pasó dos años en la cárcel donde soportó palizas que llegaron a fracturarle un hombro.

“Yo nunca estudié, pero mi hija debe estudiar”, dijo durante su entrevista con funcionarios italianos en Albania, de acuerdo con las actas de su caso.

La confusión acerca de su destino dio lugar al caos. Durante una inspección de los campos albaneses por diputados de la oposición, expertos jurídicos y psicólogos, un migrante egipcio relató que él y sus compatriotas se habían negado a comer en el barco. “No sabían que los iban a llevar a Albania”, concluyó Contu, que participó en la inspección. “Estaban exhaustos y escépticos”, añadió Papia Aktar, un intérprete nacido en Bangladesh y asesor jurídico que también estuvo presente.

Una funcionaria del ministerio del Interior, conocedora de la operación, no pudo confirmar el incidente. “No tuvimos indicación alguna de ese rechazo de la comida”, dijo.

El patrullero Cassiopea llegó a puerto en Shëngjin en torno a las 7:30 horas de la mañana del 28 de enero. Voxeurop y BIRN estuvieron presentes cuando desembarcaron los migrantes. Bajando del buque en grupos de nueve o diez, avanzaron arrastrando los pies, lastrados por la fatiga, y pasaron a través de un cordón de policías, médicos y cooperantes. Vestían monos y sandalias azules idénticos, algunos envueltos en chales y gorros abrigados para protegerse del gélido aire invernal. Agarrando pequeñas bolsas de plástico con sus pertenencias, desaparecieron en el campo instalado en el puerto.

The Cassiopea, docked in Shëngjin. | Photo : Nensi Bogdani/BIRN
El patrullero Cassiopea, atracado en Shëngjin. | Foto: ©Nensi Bogdani/BIRN

Entre aquellos que presenciaron su llegada estaba Ded Bukaqeja, propietario de una empresa de telecomunicaciones que prestaba servicios de internet a los campos. Miembro de la primera oleada de migrantes albaneses que huyeron a Italia en barco en la década de 1990 tras la caída del régimen comunista, veía en aquellos migrantes recuerdos de su propio pasado. “Estaban exhaustos, débiles. Era descorazonador”, dijo. “Cuando los vi sufrir de aquella manera, me hicieron recordar todo lo que yo pasé,  así estábamos cuando huimos nosotros. Nadie abandona su país natal para divertirse”.

En el centro de acogida de Shëngjin, rodeado de alambradas, había unos barracones grises prefabricados en los que se reconocía a los migrantes por si tuvieran alguna enfermedad infecciosa, se les daba ropa y comida y se les informaba de su proceso de asilo. Durante su estancia allí, se les permitía un acceso limitado a los teléfonos. “Algunos llevaban muchos días incomunicados y sus familiares bien podrían haberlos dado por muertos”, dijo una asistente jurídica de unos veinte años de Medihospes, que presta una variedad de servicios en los campos. Durante los minuciosos reconocimientos médicos y las entrevistas con psicólogos, se descubrió que cuatro migrantes eran menores. Otro fue identificado como vulnerable. Los cinco fueron rápidamente transferidos a Italia para seguir el procedimiento de asilo normal, que normalmente tarda años en completarse. 

Fallos en la vía rápida

Contra los migrantes que quedaban en Shëngjin se dictaron órdenes de detención, que debían ser aprobadas por los tribunales italianos en un plazo de 48 horas, y se los trasladó a Gjadër, un centro de mayor capacidad rodeado por muros de 5 metros. Las entrevistas de asilo las realizaban, por videoconferencia, funcionarios en Italia que interrogaban a los migrantes sobre sus viajes. Según las transcripciones de las entrevistas, los migrantes no tenían asignado ningún abogado (una práctica normal para este tipo de entrevistas) pero sí contaban con la ayuda de un intérprete.

Malik contó a los entrevistadores que unos acreedores decididos a obligarle a devolver unos préstamos que no dejaban de crecer habían atacado con una porra a su hermana en Bangladesh, rompiéndole la nariz. Indicó que durante los 11 meses que estuvo en una cárcel libia sus captores le habían arrancado las uñas y le habían quemado con colillas de cigarrillos. “Tengo por todo el cuerpo señales de la violencia que sufrí en Libia”, dijo. “No me daban comida, ni agua, ni dejaban que me lavara. Me trataron de una forma despiadada”.

Solicitó a la comisión que no lo devolvieran a su país natal. “Simplemente me gustaría tener la oportunidad de llegar a Italia y quedarme allí a trabajar”, dijo. “Les agradecería que tomaran ustedes en consideración mi solicitud”.

Nizam, el encalador de casas, hizo una petición igualmente desesperada: “Hago una petición al Estado italiano para que me envíe a Italia, de forma que pueda encontrar en empleo”, dijo. “Con ese empleo puedo mantener a mi familia y tener un futuro mejor”.

Durante las entrevistas se detectó otro caso vulnerable que fue trasladado a Italia. “Identificamos a una persona vulnerable porque cojeaba constantemente. Más tarde supimos que tenía marcas de quemaduras”, explicó un segundo asistente jurídico de Medihospes, exfuncionario público en Lezhe que solicitó anonimato.

El resto de solicitudes de asilo fueron rechazadas al día siguiente. Los migrantes, Nizam incluido, tenían siete días para apelar.

The migrant camp in Shëngjin, where asylum seekers are screened before being transferred to Gjadër, in Albania. | Photo : Nensi Bogdani/BIRN
El campo para migrantes en Shëngjin, donde se examina a los solicitantes de asilo antes de transferirlos a Gjader, en Albania. | Foto: ©Nensi Bogdan/BIRN


Francesco Ferri, experto en migración en Action Aid, que también estuvo presente en la inspección, consideró inaceptable el hecho de no haber detectado antes las vulnerabilidades. Alegó que los exámenes se llevaban a cabo con demasiada rapidez para que se pudieran detectar las cicatrices psicológicas.

Contu dijo que los migrantes con quienes contactó durante la visita parecían confusos en cuanto a los procedimientos jurídicos y que se necesitaba mucho más tiempo para procesar tantos traumas. “Alguien que viene tras una experiencia de persecución necesita tiempo, tanto para asimilar que ha sufrido persecución y tortura como para expresarse adecuadamente”, dijo. “El peligro es que no digan todo o que parezca que dan versiones contradictorias”.

La fuente ministerial replicó que los migrantes tenían libre acceso a abogados en cualquier momento dentro de los campos y añadió que a los migrantes se les informaba ampliamente acerca de sus derechos jurídicos, pasando por una sesión informativa inicial de 20 minutos, tras la cual podían hacer consultas individuales con una duración de hasta tres horas. 

El asistente jurídico y exfuncionario público coincidía. “Procuramos ayudar a los migrantes y queremos que sus solicitudes de asilo tengan éxito”, afirmó.

Un enfrentamiento legal 

Mientras tanto, los medios italianos especulaban sobre si los tribunales aprobarían las detenciones. En un esfuerzo por romper el impasse previo, Meloni había reasignado las resoluciones de detención a un tribunal de apelaciones de Roma. Posteriormente, el presidente del tribunal simplemente volvió a asignar a los mismos jueces. 

El 31 de enero, las audiencias se celebraron a puerta cerrada en media docena de salas tipo oficina de un juzgado romano. A través de las puertas se podía ver a los jueces, preparándose para interrogar a los migrantes por videoconferencia con intérpretes, mientras dichas puertas se abrían y cerraban. Los abogados, sentados en los pasillos, revisaban documentos con ansiedad mientras esperaban su turno. Se prohibió la entrada a los periodistas.

Para algunos migrantes, la carga de un futuro incierto claramente les había pasado factura. “El detenido lloró durante toda la audiencia”, se leía en el acta de la audiencia de Nizam.

Calderoni, su abogada, criticó el sistema de vía rápida, afirmando que le asignaron casos menos de 24 horas antes de las audiencias. Esto le dejó poco tiempo para prepararse o para hablar con los migrantes. “Nos vemos obligados a trabajar a ciegas”, declaró.

En una orden emitida la noche del 31 de enero, el tribunal denegó la aprobación de las 43 órdenes de detención, remitiendo de nuevo la decisión al TJUE.

En un nuevo revés para el plan de Meloni, los migrantes iban a ser reubicados en Italia. Un vídeo grabado por un funcionario portuario albanés, compartido con Voxeurop y BIRN, muestra a los migrantes cargando grandes bolsas negras mientras caminan en fila india hacia una rampa metálica para embarcar en un patrullero de la guardia costera. A diferencia de cuando llegaron, llevaban prendas de abrigo y calzado adecuados.

Los migrantes llegaron a Bari la noche del 1 de febrero. Mientras la embarcación entraba en el puerto, se les podía ver mirando por los portillos, algunos sonriendo mientras contemplaban la escena. Los manifestantes que se oponían al plan, reunidos en las inmediaciones, gritaban y sostenían una pancarta que decía “¡Bienvenidos!”. Tras desembarcar, los migrantes subieron a un autobús que los trasladó a un centro de acogida en las afueras de la ciudad.

Desde entonces, en los campos ya no hay migrantes. Un pequeño grupo de personal permanece allí, pasando largas horas en las barracas prefabricadas o tomando café en los pocos bares que aún permanecen abiertos a lo largo del paseo marítimo de Shëngjin. Se espera que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos emita su fallo final sobre los centros de detención, con lo que se decidirá su destino, en mayo o junio de 2025. El gobierno de Meloni ha estado considerando la posibilidad de convertir los centros de Albania en instalaciones de repatriación estándar.

Los abogados se apresuraron a apelar las denegaciones de asilo de sus clientes. Contu confirmó que todos habían apelado antes del plazo límite de siete días.

Los días de confinamiento de Nizam, Malik y Rohan ya han terminado. En los centros de acogida italianos, los residentes pueden salir libremente durante el día. Calderoni afirmó que sus clientes se estaban “recuperando” y que pronto podrían empezar a trabajar, ya que se espera que este año se dicten sentencias judiciales sobre sus apelaciones de asilo. Nizam ha regresado a las redes sociales, publicando fotos y vídeos de sí mismo junto al mar Adriático o disfrutando de grandes lugares emblemáticos locales como el modernista Teatro Margherita de Bari.

Una foto lo muestra de pie frente a una cafetería, enmarcado por pinos, con un estilo desenfadado luciendo sus gafas de sol de marca y una camisa desabrochada.

* Se han cambiado los nombres por motivos de privacidad.

La producción de esta investigación cuenta con el apoyo de una subvención del fondo IJ4EU. El International Press Institute (IPI), el European Journalism Centre (EJC) y cualquier otro socio del fondo IJ4EU no se responsabilizan del contenido publicado ni del uso que se haga de él.

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