En este ensayo, demostraré que el Sueño Georgiano es el primer gobierno aceleracionista, y que no es más que una pequeña gota del tsunami autoritario que amenaza al mundo entero. Para comprender mejor la visión del Sueño Georgiano y la importancia del papel que desempeña China, debemos analizar la política mundial actual y abandonar el marco político de la perestroika.
Hay que acabar con el prisma de la perestroika
En el clima político mundial reciente, hace algo de gracia ver cómo la denominada sociedad civil [georgiana] atrae al mundo libre, teniendo en cuenta que prácticamente ya no existe. La apuesta que hizo el Sueño Georgiano por la victoria de Donald Trump en las elecciones de 2024 no fue casual. El partido no espera que Trump “entienda”, sino que Estados Unidos abandone las ambiciones geopolíticas de los Demócratas, un cambio que ya se está haciendo evidente.
La oleada de guerras antiterroristas liderada por George W. Bush estaba basada en el humanismo militarista de la era postsoviética. A principios de la década de 2000, esto generó la posibilidad de que Georgia integrara la OTAN bajo la creciente influencia de Estados Unidos. Sin embargo, en la era antiglobalización de Trump, esta perspectiva se ha venido abajo. Antes de la anexión de Crimea en 2014, el politólogo John Mearsheimer y el académico de estudios rusos Stephen Cohen apuntaron que la guerra en Ucrania estaría determinada principalmente por la expansión de la OTAN. Esta idea se ha generalizado tanto entre los simpatizantes de los partidos conservadores, como en las democracias progresistas.
Ivanishvili, el superhombre
En su ensayo de 2009, el multimillonario y activista libertario Peter Thiel afirmó que ya no creía que la libertad y la democracia fueran compatibles. Para Thiel, la democracia implica un Estado próspero sin sentido y con un número cada vez mayor de beneficiarios. Pero ¿cuál es la alternativa a la democracia? Thiel cree en el tecnocapitalismo salvaje, un sistema que los críticos suelen denominar tecnofeudalismo. La sociedad capitalista que propone este concepto está lejos de ser democrática porque las elecciones pierden su significado.
Entonces, ¿cómo debería ser la gobernanza del Estado? Según el economista Hans-Hermann Hoppe, un monarca es un monopolista dinástico que considera a sus súbditos como su posesión. En democracia, los monopolios y la explotación no desaparecen, sino que se transforman en un sistema en el que un “cuidador” temporal o electivo adquiere el gobierno. A esta persona no le pertenece el país, pero mientras esté en el poder puede utilizarlo en beneficio propio y de sus favoritos. Tienen derecho al “usufructo”, pero no al producto del capital del país. Este sistema no excluye la explotación, más bien al contrario: la hace menos previsible, lo que provoca una actitud descuidada hacia el país y sus recursos.
En mi opinión, el único momento verdaderamente “democrático” de la historia de Georgia fue el cambio pacífico de gobierno en 2012. Aparte de este hecho histórico, prácticamente nada en el país funciona como debería hacerlo en un Estado democrático. Las elecciones son un buen ejemplo de ello, ya que nunca se han organizado sin la participación coordinada de los votantes (mediante sobornos, amenazas y la promesa de beneficios, por ejemplo).
El feudalismo moderno encarnado por Bidzina Ivanishvili y su partido, el Sueño Georgiano, dista mucho de ser un caso aislado: muchas personas en todo el mundo sienten nostalgia del feudalismo.
Aceleracionismo y antidemocracia antiliberal
El principio básico del aceleracionismo es sencillo: en lugar de limitar el capitalismo, hay que impulsarlo al máximo. Por ejemplo, los aceleracionistas de izquierdas creen que votar a Trump hará que el capitalismo llegue a una fase absurda en la que acabe colapsando. En cambio, los aceleracionistas de derechas sostienen que la democracia y las políticas liberales obstaculizan el progreso tecnológico. Por ello, debería concederse un poder ilimitado a la clase feudal (es decir, a los multimillonarios). Del mismo modo, en Occidente (donde las instituciones democráticas son fuertes), el autoritarismo tiene un firme punto de apoyo. Allí donde estas instituciones funcionan de manera eficaz, el escepticismo hacia ellas es extremadamente alto.
La filósofa Wendy Brown afirma que el neoliberalismo es la principal fuente del sentimiento antidemocrático y antinstitucional. Según numerosos estudios, la desigualdad económica es la causa principal de la pérdida de confianza en las instituciones y de la polarización en general. No es casualidad que haya una coincidencia importante entre quienes votaron a Bernie Sanders y a Trump. El favoritismo y el sentimiento antiglobalización son extremadamente populares entre los simpatizantes del movimiento MAGA [Make America Great Again], y también entre los votantes progresistas de izquierda. Tanto Sanders como Trump se consideran figuras antisistema que se oponen a las instituciones y prometen volver a hacer grande a Estados Unidos (Sanders mejorando el sistema sanitario y subiendo los impuestos a los ricos; Trump erradicando “el Estado profundo” y devolviendo la producción a Estados Unidos).
Tras muchos años de políticas neoliberales en Georgia, fueron las organizaciones no gubernamentales las que asumieron el papel de las instituciones estatales. En otras palabras, las funciones del Estado se transfirieron a las ONG. Por ejemplo, según la legislación georgiana, el Ministerio de Medio Ambiente no evalúa los proyectos de desarrollo a gran escala. Las constructoras deben llevar a cabo estas investigaciones y presentarlas al Ministerio. Y de hecho, el Ministerio puede autorizar los proyectos antes incluso de evaluar los posibles daños ambientales.
Esta práctica ha sido duramente criticada por el Programa de Desarrollo Sostenible de la ONU. Del mismo modo, la investigación en general ha desaparecido por completo de las universidades georgianas, a pesar de haber sido creadas con este fin. En la mayoría de los casos, los estudiantes de doctorado tienen que buscar trabajos secundarios para cubrir el coste de la matrícula. La mayor parte de la investigación en ciencias sociales, política y cultura corre a cargo de organizaciones no gubernamentales. Mientras tanto, las instituciones estatales que se han aprovechado de las ONG (como el sistema legislativo y los gobiernos locales) siguen sin funcionar correctamente. Esto se hizo evidente en la década de 2000, y la situación no ha mejorado desde entonces.
En un resumen del think tank estadounidense Carnegie Endowment for International Peace, John K. Glenn del Centro de Investigación de la UE de Nueva York escribió que, a pesar de contar con recursos financieros extremadamente limitados, las ONG desempeñaron un papel importante en los antiguos países comunistas, ya que crearon instituciones con un vínculo estrecho con Estados democráticos. Sin embargo, añade que estas ONG prácticamente no influyeron en el funcionamiento real de las instituciones.
Hoy en día, está claro que las instituciones estatales no pueden funcionar con eficacia tan solo con la ayuda de consultas, sesiones de formación y panfletos educativos. El funcionamiento eficaz de las instituciones estatales depende totalmente del nivel cultural de la sociedad y de su demanda directa. En Georgia, las instituciones estatales solo existen formalmente: por eso, los autócratas han podido controlarlas con tanta facilidad.
No es de extrañar que ciertas personalidades públicas, antes asociadas a los liberales de izquierda, se hayan reunido para apoyar al Sueño Georgiano. No tienen ninguna esperanza de instaurar la democracia porque afirman que la democracia en Georgia siempre será una estrategia de marketing en manos del derrocado Movimiento Nacional, el partido del expresidente Mikheil Saakashvili, actualmente en arresto domiciliario. Cabe destacar que por “simpatizantes del Movimiento Nacional” entienden a cualquiera en contra de Ivanishvili. Básicamente, ponen sus esperanzas en un superhombre que lleva una vida austera, bebe zumo de zanahoria y ama de verdad a Georgia. Ivanishvili no es cruel, sino todo lo contrario. Los partidarios del Sueño Georgiano confían en que bajo su liderazgo podrán curar al país de su enfermedad mortal.
Por supuesto, Ivanishvili y sus simpatizantes están muy equivocados, pero eso no es importante. No está claro si Ivanishvili actúa con su propio interés económico en mente. Los seguidores más fervientes de su partido lo consideran una figura mesiánica. No hace falta poner en duda su confianza ciega para demostrar lo perjudiciales que son las acciones del Sueño Georgiano. El partido concibe la prosperidad del Estado basándose en las intenciones y el sentido de la responsabilidad de Ivanishvili como jefe de Estado.
Ivanishvili vinculó todo su dinero y todo lo que tenía al Cartu Fund y al presupuesto georgiano. Siguiendo la lógica del partido, el político paga nuestras deudas, apoya económicamente a editoriales y artistas, y construye iglesias y universidades. En resumen, es quien cuida del pueblo georgiano. Muchos simpatizantes del Sueño Georgiano creen que Ivanishvili es la única persona capaz de ayudar al país. Aunque podríamos criticarlos por su confianza irracional, no hay que olvidar que el apoyo político no suele venir acompañado de un razonamiento lógico.
Hace poco observamos un buen ejemplo de esta irracionalidad. Muchos estadounidenses creen que USAID es una organización corrupta, y citan ciertos hechos para justificar esta creencia. Sin embargo, aunque cada hecho resulte ser falso, como fue el caso aquí, los simpatizantes de Trump están tan convencidos de que el sistema político y la clase dirigente está lleno de corruptos que nada les hará cambiar de opinión. Considero que estas creencias se derivan de la desigualdad causada por el neoliberalismo, la alienación humana y las redes sociales.
Es importante señalar que la política no suele ser racional, y las opiniones políticas de la gente no suelen cambiar en función de argumentos racionales. El juicio de O. J. Simpson en 1995 es un excelente ejemplo de ello. En aquel momento, se creía que había sido culpado del asesinato injustamente como consecuencia del racismo institucionalizado; un hombre negro más al que los medios de comunicación liberales blancos habían tachado de maltratador doméstico. La teoría conspirativa de que el juicio de O. J. Simpson fue fruto del racismo de las élites no era del todo infundada: la policía es conocida por detener a personas inocentes, y el racismo puede estar profundamente arraigado en las instituciones estadounidenses. Como escribió el periodista Sam Smith, las declaraciones de la defensa de Simpson fueron “la traducción mítica de historias que nunca se permitieron contar. Las historias que deberían haber salido en la CNN pero no lo hicieron. Todo era cierto excepto los nombres, las horas y los lugares”.
El sentimiento de Smith refleja la insatisfacción actual con los procesos políticos en Georgia y en el resto del mundo.
El paternalismo del autoritarismo
La diferencia entre el aceleracionismo de derechas y el de izquierdas es bastante vaga. El popular bloguero Curtis Yarvin (alias Mencius Moldbug) afirmó que, para tener éxito, un país necesita un CEO. En este sentido, ¿no es Ivanishvili nuestro CEO patrio? Al igual que la descripción para un puesto de CEO, sus responsabilidades no están claras y las tareas de dirigir una empresa o un país se distribuyen entre las personas de su confianza. Desde esta perspectiva, el estilo autoritario de Ivanishvili recuerda a la gestión dictatorial lineal de las empresas.
Este “tono paternal” es característico de la actitud del Sueño Georgiano hacia sus ciudadanos, que exigen nuevas elecciones y la liberación de los presos políticos. Es como si papá estuviera dispuesto a perdonar sinceramente a un joven díscolo si este muestra remordimiento, admite su fechoría y promete portarse bien en el futuro.
La ola conservadora también ha llegado a la Unión Europea. En Francia, todo el espectro político se unió contra Marine Le Pen mientras que en Alemania, la Alternativa para Alemania (AfD) se convirtió en el segundo partido, algo que habría sido imposible hace cinco o diez años. Es posible que en un futuro próximo veamos a partidos euroescépticos al frente de los países europeos más influyentes. Hasta ahora, nada indica que esta tendencia sea irreversible.
La integración en la UE requiere la implantación de instituciones estatales y de una cultura democrática, lo que constituye un proceso extremadamente beneficioso, aunque a largo plazo. Sin embargo, como el conservadurismo también ha aparecido en Europa , el Sueño Georgiano tiene ahora la oportunidad de influir en ámbitos de la sociedad civil que antes estaban fuera de su alcance, como las universidades, el cine, el teatro y las organizaciones de investigación.
¿Qué influencia tiene la Unión Europea sobre Georgia? Si se sanciona a los miembros del Sueño Georgiano, el país puede resultar menos atractivo para los inversores europeos. Al mismo tiempo, la inversión directa procedente de Europa es relativamente pequeña, y es difícil imaginar que se imponga un embargo a Georgia. Como el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Bundestag alemán Michael Roth mencionó en una conferencia de prensa celebrada en Tiflis el 16 de enero, tampoco es probable que se sancione a personas concretas:
“Para imponer sanciones a personas concretas se necesita la unanimidad de todos los ministros. Por desgracia, el actual régimen georgiano cuenta con simpatizantes y amigos en la Unión Europea, entre ellos el partido prorruso AfD de Alemania, el primer ministro húngaro Viktor Orbán y, desgraciadamente, el primer ministro eslovaco Robert Fico”.
La situación actual en la UE y Estados Unidos es muy rentable para el Sueño Georgiano. Aunque es difícil predecir la postura de Trump, las inversiones del Sueño Georgiano han demostrado hasta ahora ser rentables.
Los silenciosos tentáculos chinos
Nuestra clase política y los intelectuales de la perestroika mantuvieron los ojos Rusia y pasaron completamente por alto el hecho de que, de todos los países extranjeros, es China la que ha fortalecido el Sueño Georgiano. El think tank local ha ignorado la amenaza china o no ha acordado la suficiente importancia a la cuestión. La ONG de la exministra de Defensa Tina Khidasheli, Civic Idea, ha hecho ambas cosas.
En el artículo “Chinese Investment in Georgia: A Drop in the Ocean” [Inversión china en Georgia: una gota en el océano], Civic Idea señala que las inversiones directas más importantes proceden del Reino Unido, los Países Bajos y Malta. El artículo afirma que solo se puede hablar de éxito en los lazos económicos con otro país cuando las inversiones directas aumentan y traen consigo más empresas. En el caso de las empresas chinas que construyen “infraestructuras como carreteras, puentes y túneles en Georgia, una parte sustancial de la financiación procede de los contribuyentes georgianos. Estas empresas chinas llevan a cabo proyectos a instancias de las naciones georgianas, y el gobierno georgiano las financia y las dirige. En consecuencia, su participación no tiene correlación con la ‘creciente’ cooperación económica y el ‘mayor atractivo económico’ del país, que se atribuyen principalmente a la acertada labor del gobierno”.
A primera vista, puede parecer sorprendente que el Reino Unido y los Países Bajos encabecen la lista de inversores directos, pero la explicación es bastante sencilla. Las mayores empresas georgianas están registradas en esos países, como Ltd. Mars (Crystalbet), Silkroad Group y Tbilisi Energy, entre otras. Chiatura Manganum y el resto de empresas mencionadas se consideran inversores “extranjeros”.
En particular, el artículo no menciona los proyectos de infraestructuras gestionados por empresas chinas, que albergan una inmensa importancia económica. El acuerdo de libre comercio firmado con China en 2017 no ha traído el auge económico esperado. No obstante, el papel de China en el desarrollo de las infraestructuras georgianas, incluyendo en lugares estratégicos, es muy importante.
La cooperación con China es provechosa para el Sueño Georgiano, principalmente porque a China no le interesan las cuestiones políticas de Georgia, ni sus reformas culturales, legislativas o democráticas.
Más bien, a China le interesa Georgia por la Iniciativa de la Franja y de la Ruta. Lo ideal sería que Georgia conectara China con la Unión Europea a través del puerto de Anaklia. Esta ruta ha cobrado aún más importancia desde la guerra de Ucrania, porque hoy en día la única conexión que tiene China con Europa es por tierra a través de Kazajistán, Rusia y Bielorrusia.
Rusia no es el país de tránsito más seguro, por lo que Georgia podría considerarse una alternativa más segura. Sin embargo, aunque la atención se centra en el comercio con la UE y el puerto de Anaklia, cabe destacar que Azerbaiyán y Turquía también cooperan estrechamente con China. En este sentido, Georgia podría proporcionar a China infraestructuras modernizadas para facilitar también las conexiones con estos dos países.
Según la propaganda estatal, el Sueño Georgiano cree que, si Georgia se convierte en un país de tránsito importante, la amenaza de agresión rusa se reducirá considerablemente a largo plazo.
Para ilustrar las esperanzas que el Sueño Georgiano tiene depositadas en China, ofrezco un extracto del comentario realizado por Nukri Shoshiashvili, analista de POSTV, el 1 de junio de 2024:
“¿Por qué ocurre esto [la inversión china en infraestructuras e industria]? ¿Cuál es su objetivo? El mismo que tuvo Estados Unidos en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, [un objetivo] similar al Plan Marshall. No se trata solo de un proyecto económico, sino de un proyecto social y político a gran escala, que implica que lo que Europa fue en los últimos 70 años de paz, ahora debe serlo Caucasia con su Corredor Medio”
Hasta ahora, nadie sabe la escala que tendrá la Iniciativa de la Franja y de la Ruta. Para China, invertir en exportación podría resultar equivocado a largo plazo. Con todo, parece que otro factor es más importante: se cree que las inversiones chinas a gran escala se convierten en el poder colonizador para aquellos países que presentan un interés económico para China. Las señales son ya bastante evidentes en muchos países africanos.
Una parte considerable de la población busca activamente alternativas políticas, negándose a admitir que la democracia se limita a participar en las elecciones generales que se celebran cada cuatro años
No es momento para optimismos infundados. La creciente presencia de China en la economía mundial habría sido significativa incluso sin su “asociación estratégica” con Georgia. La expansión política y económica del país es tan amenazadora que la economía estadounidense se ha remodelado recientemente para competir con ella. Esto resulta especialmente evidente en los proyectos de infraestructuras, como la iniciativa a gran escala conocida como la ley “Compete with China”, así como en materia de desarrollo de la IA.
Tras la guerra de Ucrania y el ascenso de una potencia antiglobalista, Georgia cuenta con algunas alternativas realistas. Al mismo tiempo, el Sueño Georgiano y el equipo de Ivanishvili pretenden presentar a este último como un “gestor noble”. En parte lo han conseguido, sobre todo porque las fuerzas que se supone que deben oponerse al gobierno parecen estancadas en la época de la campaña presidencial de John McCain, cuando no en la época de la caída del Muro de Berlín.
Muchos simpatizantes del Sueño Georgiano no reconocen el autoritarismo como una debilidad del gobierno. Lo mismo puede decirse de los votantes del Partido Republicano estadounidense, así como de los nuevos autócratas “conservadores”. La desconfianza en “el sistema” es un fenómeno mundial. Sin embargo, nadie puede decir con certeza qué es ese sistema (o qué es el “Estado Profundo” o el “Partido de la Guerra Global”), aunque estos términos son significativos para muchos. Los gobiernos aceleracionistas explotan estos sentimientos para su beneficio, a menudo exagerándolos. Afirman que todo está corrupto y que hay que destruirlo para empezar de cero. Esta actitud es relativamente nueva y requiere una respuesta diferente si queremos que la democracia tenga posibilidades de sobrevivir.
El Sueño Georgiano cuenta con bastantes apoyos y está poniendo en práctica su visión mediante pasos firmes, a menudo horribles. La “geopolítica” mundial apenas puede justificar los frecuentes casos de tortura y dispersión violenta de manifestaciones que hemos presenciado durante las protestas de los últimos meses. Está claro que el Sueño Georgiano pretende infundir miedo acallando las protestas con una violencia excesiva. El Sueño Georgiano no se rendirá hasta controlar por completo todos los aspectos de la vida social del país.
Como consecuencia del giro del partido en materia de política exterior, una parte considerable de la población busca activamente alternativas políticas, negándose a admitir que la democracia se limita a participar en las elecciones generales que se celebran cada cuatro años. Si hay alguna esperanza de que Georgia no se convierta en un país con un régimen autoritario potencialmente irreversible, reside en esas personas.
Además de presenciar manifestaciones a una escala sin precedentes en la historia reciente del país, también estamos asistiendo a la aparición gradual de una sociedad de oposición y con mentalidad política. Sin embargo, está claro que la futura lucha por la democracia será difícil.
👉 Artículo original en Indigo
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