Ver al menos 3 árboles desde la ventana de tu domicilio, vivir en un barrio donde las copas de los árboles cubran al menos el 30% del suelo y tener un parque a menos de 300 metros de tu vivienda. Esta experiencia es un lujo solo al alcance del 2,4 % de la población urbana en España –y del 13,5 % en Europa–, según un estudio publicado en Nature Communications por investigadores del Centro Común de Investigación y la Universidad de Copenhague.
La investigación analiza si la vegetación presente en 862 ciudades europeas cumple el principio 3-30-300. Esta regla, promovida en 2021 por el investigador holandés Cecil Konijnendijk, busca garantizar el acceso a la naturaleza urbana de toda la población para promover ciudades más verdes y saludables. Los resultados del estudio los puede consultar, calle a calle, en el mapa que encabeza esta información.
Los datos muestran que el 57 % de la población urbana de Europa vive a menos de 300 metros de un parque y casi la mitad ve al menos tres árboles desde casa (46,7 %). Por el contrario, tan solo el 28 % reside en barrios donde las copas de los árboles cubren al menos el 30 % del suelo.
El estudio también evidencia que las ciudades del norte y centro de Europa son sistemáticamente más verdes que las del sur. La brecha se explica por distintas tradiciones de planificación, pero sobre todo por el clima: entre urbes con un PIB per cápita similar, las situadas en climas más húmedos cuentan con mayor acceso a espacios verdes.
“No podemos exigir que Barcelona se convierta en Estocolmo, pero sí podemos hacer intervenciones verdes con vegetación local dentro de las limitaciones del clima”, explica Sasha Khomenko, investigadora postdoctoral en el Instituto de Salud Global de Barcelona.
En toda Europa, tan solo dos grandes ciudades cubren a más de la mitad de su población con los tres componentes del principio 3-30-300: Espoo (Finlandia) y Varese, en el norte de Italia. En España, San Sebastián destaca con un 34,8 % de sus habitantes cumpliendo la regla. Le siguen Girona (16,3 %), Irún (10,7%) y Marbella (9,4 %).
Viladecans, el experimento español
Aun así, la gran promotora del principio 3-30-300 en España está en el área metropolitana de Barcelona. Viladecans ha sido pionera en analizar calle a calle su cumplimiento, lo que le ha permitido detectar limitaciones estructurales a su aplicación, como la existencia de calles muy estrechas o barrios donde construir un parque exigiría demoler edificios.
Para acercarse a este objetivo, el consistorio prevé plantar 5000 árboles urbanos en los próximos años con la meta de llegar a los 30 000 en 2030. En un litoral mediterráneo que no escapa a los periodos de sequía, su mantenimiento es posible gracias a la "ciudad esponja", una red de canalizaciones que recoge la lluvia de tejados y calles y la inyecta en un acuífero subterráneo con el que se riega el verde urbano.
“Lidero esta iniciativa no para que venga nadie más a vivir aquí ni para ser referentes en este campo, sino porque es mi ciudad y creemos que tiene que ser lo más saludable posible. Las ciudades son la zona cero del cambio climático”, afirma Jordi Mazón, teniente de alcalde de Viladecans y profesor de Física en la Universidad Politécnica de Cataluña.
Los barrios más ricos son más verdes
El estudio liderado por Bertassello también ha evidenciado que en España las zonas más ricas tienen mayor naturaleza urbana que las más pobres. La tendencia se ve con especial claridad en Madrid, Barcelona o San Sebastián, mientras que urbes como Bilbao o Guadalajara invierten el patrón.
“Depende de las condiciones históricas y de cómo se ha ido organizando cada ciudad. Cuando la población con mayor renta vive en el centro de la ciudad, suele tener menos verde y está más expuesta a contaminantes; pero a veces se va a las afueras, donde tiene más espacio y zonas verdes”, explica Khomenko.
“Esta brecha tiene consecuencias, ya que los grupos socioeconómicos más desfavorecidos también son los más vulnerables frente al calor urbano. Deberíamos intentar mejorar el acceso al verde de estos grupos porque ayudaría a hacer frente al cambio climático”, propone Bertassello.
El exceso de calor urbano es responsable del 4,3 % de las muertes producidas en verano, según un estudio publicado en The Lancet en base a datos de 93 ciudades europeas. La investigación desveló que un 30% de cobertura arbórea evitaría el 1,84 % de las muertes prematuras en el periodo estival y casi cuatro de cada diez de las atribuibles al calor urbano.
Esa cobertura arbórea es, precisamente, el criterio del principio 3-30-300 que estamos más lejos de alcanzar. “Un 30 % de cobertura arbórea es muchísimo: con ese nivel, más que una ciudad, parecería un bosque”, señala Bertassello. En España es directamente "un sueño muy complicado de cumplir", lamenta Pedro Calaza, presidente de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos. “No nos sorprende, puesto que la evaluación y fijación de objetivos sobre la cobertura arbórea urbana es reciente”, explica Konijnendijk.
En toda Europa, tan solo dos grandes ciudades cubren a más de la mitad de su población con los tres componentes del principio 3-30-300: Espoo (Finlandia) y Varese, en el norte de Italia
El reto crece con la urbanización. “Cuanto más densas son las ciudades, especialmente aquellas con centros históricos e infraestructuras rígidas, mayores son las dificultades para promover transformaciones significativas”, reconoce Pedro Lira, fundador del estudio de arquitectura Natureza Urbana.
Pese a ello, "muchas ciudades han intentado proporcionar al menos algunos árboles en la mayoría de las calles y garantizar que las personas tengan un parque público u otro espacio verde cerca de sus hogares", observa Konijnendijk.
¿Un objetivo imposible?
Pese a las evidencias sobre sus beneficios, el 3-30-300 sigue siendo, por ahora, solo un principio, cuya adopción requiere un plan con objetivos definidos, calendarios, responsabilidades y recursos asignados. "Existe el riesgo de que el 3-30-300 quede como un eslogan atractivo utilizado principalmente para el greenwashing", alerta Konijnendijk.
En Europa hay ejemplos de esta práctica. En Sofía (Bulgaria), algunos promotores inmobiliarios, obligados a demostrar la existencia de zonas verdes en las nuevas promociones residenciales, alquilan maceteros con árboles que, una vez pasada la inspección, retiran y reutilizan en otros solares.
En el plano legal, el marco europeo es todavía voluntarista. El Pacto Verde Europeo de 2019 y la Ley europea del Clima de 2021 fijan la neutralidad climática para 2050 y comprometen a la UE a hacer más verdes las ciudades europeas, pero sin un mandato cuantitativo específico.
El Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza, en vigor desde 2024, obliga a los Estados miembros a que el espacio verde y la cobertura arbórea urbana de cada país no disminuyan hasta 2030, y aumenten a partir de entonces. Aun así, permite excluir de ese cómputo nacional a las zonas urbanas que ya superen el 45 % de espacios verdes y el 10 % de cobertura arbórea.
Algunas ciudades europeas han decidido no esperar. Florencia aprobó en marzo de 2025 un Plan de Espacios Verdes que adopta explícitamente la regla 3-30-300, con el objetivo de sumar 50 000 árboles y arbustos antes de 2030.
París, atrapada en un tejido histórico denso, apuesta por microintervenciones como despavimentar los patios escolares y convertirlos en "oasis" con vegetación y agua. La capital francesa se propone llegar al 40 % de superficie permeable y vegetada para 2040, mientras que Nantes planea despavimentar 14 hectáreas para sustituir el asfalto por suelo permeable con vegetación.
La naturaleza no llega gratis a muchos barrios. La gentrificación verde, por la que un barrio reverdecido puede revalorizarse expulsando a sus residentes originales, acompaña a muchas de estas iniciativas. "Si reverdecemos las ciudades de manera equitativa y en todas partes, este será un problema menor", sostiene Konijnendijk, que también destaca el control de alquileres y precios de la vivienda ensayado en capitales como Viena.
Otras veces, los planes mueren antes de florecer, por horizontes políticos que rara vez superan una legislatura. "Un nogal tarda más de 30 años en dar sombra. ¿Por qué no se planifica en esos tiempos?", señala Rufino Hernández Minguillón, catedrático de Arquitectura en la Universidad del País Vasco.
Más allá de los obstáculos, también hay sitio para soñar más alto. El propio Konijnendijk se imagina ya un cuarto número, el 3.000. Bien sea como 3.000 metros cuadrados de naturaleza salvaje en cada barrio, o como una caminata verde y segura de 3 kilómetros desde casa.
👉 Artículo original en El Confidencial
🤝 Este artículo forma parte del proyecto colaborativo PULSE. A su redacción han contribuido Gian-Paolo Accardo (Voxeurop), Lorenzo Ferrari (OBCT) y Zornitsa Lateva (Mediapool, Bulgaria).
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