“¿Merece todo el mundo una segunda oportunidad? ¿Debemos perdonar siempre? ¿Es importante decir siempre la verdad?” En unas pocas palabras o versos, los presos en cárceles belgas responden a estas preguntas en el número 26 de Oxygène, la revista semestral producida por presos en colaboración con la asociación Atelier d'Education Permanente pour Personnes Incarcérées (ADEPPI).
A partir de las poesías y las ilustraciones creadas por los reclusos aparece otra visión de las cárceles, que contrasta marcadamente con la cruda realidad del sistema penitenciario belga.
Desde hace años, algunos presos llevan produciendo –a menudo por iniciativa de una organización de la sociedad civil– revistas que narran la vida en prisión y que, con el tiempo, se han convertido en auténticas instituciones del género: Le Yoyo, Libre Marche, Hubert Mag...

A caballo entre unos diarios de la vida en la cárcel, una revista literaria y un libro de cocina, estas publicaciones con toques improvisados y algo punk muestran otra faceta de una realidad que aún hoy se ve empañada por los estereotipos.
Algunas emisiones, como le Cri [El Grito], un programa de radio producido por personas privadas de libertad en colaboración con la asociación GSARA y la Fondation pour l’Assistance Morale aux Détenus, también ofrecen la oportunidad de examinar los problemas relacionados con las cárceles comentados por las personas que se encuentran allí: el hacinamiento, la salud de los reclusos, el acceso a la cultura…
El acceso a la información y a los medios de comunicación en las cárceles belgas está permitido, aunque de forma regulada. Si bien los reclusos tienen derecho a ver la televisión, los televisores y las suscripciones necesarias corren a cargo de los presos. Lo mismo ocurre con la prensa escrita, a la que pueden acceder a su propio cargo. También pueden escuchar la radio. El acceso a internet se proporciona a través de una plataforma en línea que permite el acceso a ciertos sitios web seguros. Todos los accesos pueden bloquearse por motivos de seguridad.
Camilla y François trabajan para la organización Adeppi y están a cargo de Oxygene. Según ellos, la revista “siempre ha sido un periódico para reclusos, hecho por reclusos”. Creada por Adeppi como parte de una iniciativa de aprendizaje permanente, se ha ido “profesionalizando” con el paso del tiempo, aunque conserva el espíritu libre y adaptable tan típico del fanzine de sus inicios.
Es un espacio de expresión donde conviven la poesía, las crónicas carcelarias y las recetas, pero también pretende ser “una reflexión sobre la vida con un toque de protesta”. Esta protesta está atemperada por la necesidad de respetar el marco legal de la prisión, explican los dos editores, al tiempo que aseguran que nunca han tenido que censurar a nadie. “No estamos aquí para alimentar el odio”, añade François. “Estamos aquí para tratar de ofrecer perspectivas”.
En Italia, la revista local L’Alba –creada por los presos de la cárcel de la ciudad de Ivrea, al noroeste– se enfrenta a unas limitaciones similares. En 2003, el director de la cárcel impuso dos condiciones para que el medio pudiera continuar sus actividades: que los artículos no estuvieran firmados y que previamente fueran leídos y eventualmente censurados si se consideraban “inapropiados”.
En otras cárceles italianas se han observado casos similares. En abril de 2025, más de 20 revistas de presos italianos enviaron una carta abierta al Ministerio de Justicia, en la que pedían “respeto a la libertad de expresión, autorización para utilizar [aún más] tecnologías digitales, respuestas rápidas y una consideración adecuada del trabajo realizado por los operadores voluntarios en el sector de las comunicaciones”.
Estas publicaciones pueden adquirir con el tiempo una cierta notoriedad dentro de los círculos asociados al universo carcelario. Pero esta popularidad entraña sus propias contradicciones: algo creado por y para los presos, ¿puede –o debe– dirigirse a las personas del exterior?
Este es el enfoque adoptado por ciertos medios de comunicación activistas, como l'Envoyée en Francia, que aspira a ser “el portavoz de los presos y presas que luchan contra el destino que se les ha impuesto”. Esta revista, editada desde 2001 por exreclusos o familiares de personas encarceladas, publica cartas, informes de juicios y análisis.
El Observatoire international des prisons (OIP) también publica la revista Dedans-Dehors un medio de comunicación basado en el trabajo de voluntarios gracias a los contactos con presos y sus familias.
En España, el periódico La Voz del Patio, hecho por los presos del centro penitenciario de Burgos con ayuda de profesionales de los medios, encarna este deseo de llevar la voz de los presos más allá de los muros de la prisión. Impreso desde 2019, el medio se distribuye en cafeterías, bares y salones de peluquería de Burgos así como en el resto de la red penitenciaria española. Una forma, según su coordinador Víctor Cámara, de ayudar a las personas “que han cometido errores y que la sociedad ha marginado”, con el fin de ayudarlas a reintegrarse cuando vuelvan a la vida civil.
Por el contrario, para Camilla y François, Oxygène es y debe seguir siendo, ante todo, un espacio de expresión para los reclusos, pues estiman que se expresarían con menos libertad si supiesen que se les está leyendo fuera.
A pesar de los beneficios que estas publicaciones pueden ofrecer a los reclusos, todas ellas suelen enfrentarse a dificultades estructurales: falta de recursos, de tiempo… A esto se suman otras limitaciones propias del entorno penitenciario: la movilidad de los presos entre centros, la falta de recursos fácilmente accesibles y la ausencia de acceso a internet por motivos de seguridad.
Estas dificultades reflejan, en términos generales, la falta de recursos del sector asociativo dentro del sistema penitenciario (que se encarga, en particular, de las actividades culturales, como la creación de medios de comunicación), pero también del sector penitenciario en su conjunto.
Bélgica está sufriendo una crisis penitenciaria marcada por el hacinamiento en los centros de detención. En 2025, el Conseil central de surveillance pénitentiaire (CCSP) alertaba de la “situación cada vez más crítica” en las cárceles, con 13 700 reclusos para 11 040 plazas disponibles, lo que representa una tasa de ocupación del 124 %.
Según el CCSP, este dato sitúa a Bélgica entre los países con peor calificación en Europa. “El hacinamiento en las cárceles de Bélgica se encuentra entre los más altos de los Estados miembros del Consejo de Europa”, señala el informe de 2025, que añade que Bélgica figura entre los cinco o seis países del Consejo de Europa con las tasas de hacinamiento más elevadas. “El número de presos por cada cien mil habitantes (113,5 presos por cada 100 000 habitantes) también es desfavorable y se sitúa entre los más altos de los países de Europa Occidental miembros del Consejo de Europa”.
Este hacinamiento tiene consecuencias evidentes, sea a nivel de las condiciones de vida y de trabajo, de la calidad de la oferta asociativa o de las atenciones médicas, muy en especial las psiquiátricas.
Bélgica ha sido condenada en repetidas ocasiones por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por el hacinamiento y el trato inhumano y degradante que sufren las personas detenidas en sus cárceles. Actualmente se están estudiando medidas para desbloquear los centros penitenciarios.
Al presentarse como espacios para compartir y desahogarse, estos medios de comunicación plantean implícitamente la cuestión de la salud mental, la soledad y el acceso a la atención médica para las personas encarceladas. En un informe publicado en 2023, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaba que un tercio de los presos en quince Estados europeos miembros sufrían problemas de salud mental, 2,5 veces más que la población en general. Y aún peor: las cifras del Consejo de Europa revelaron que en 2025 la tasa de suicidios en las cárceles belgas superaba la mediana europea en un 25 %.
🤝 Este artículo forma parte del proyecto colaborativo PULSE. Francesco Berto (OBCT, Italia), Lola García-Ajofrín (El Confidencial, España), y Giota Tessi (Efsyn, Grecia) han contribuido.
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