Irene es una española de 30 años que hace tiempo cambió Madrid por Ámsterdam. Acaba de tener a su primera hija allí y, tras su estancia en el hospital, llegó a casa acompañada de una kraamzorg. Se trata de una enfermera cualificada que acude a tu hogar varias horas durante los primeros ocho a diez días tras el parto para cuidar de la madre y el bebé.
La sanidad en los Países Bajos se basa en un modelo universal, privado y obligatorio. Todos los residentes están obligados por ley a contratar un seguro médico privado básico (basisverzekering).
“Me enteré de que existía la figura de la kraamzorg cuando estaba embarazada. La tienes que solicitar tú y se gestiona mediante agencias. Yo, que tengo el seguro más básico, tuve que pagar unos 170 euros en total por este servicio y del resto se hace cargo el seguro. Te ayuda a ver las cacas de los pañales, a tomar la temperatura al bebé, con los baños o con la lactancia. A mí, que no tenía a mis padres aquí en ese momento y que soy primeriza, me ayudó mucho”, explica Irene en conversación con El Confidencial.
Según su parecer, al principio es “un poco raro” tener a una persona desconocida en casa: “Es un poco invasivo hasta que generas un poco de confianza, pero al final solo quieres que te dé ese consejo para poder descansar”.
Recuerda cómo por las noches le tenía que guardar todos los pañales con heces, anotando las horas a las que hacía o las cantidades que le daba de comer. “Cuando llegaba la kraamzorg por las mañanas, apuntaba todo en su libro y me preguntaba cómo había ido la noche y si quería desayunar. Me miraba los puntos, la temperatura y la presión arterial. Además, si necesitaba dormir, se quedaba con la bebé y me despertaba si tenía que comer”, describe.
Una de las cosas que más le sorprendió fue la ayuda con las tareas domésticas, como poner lavadoras o la limpieza del baño. “Tú estás 100% para el bebé y hay cosas, como la comida, que pasan a un segundo plano. La kraamzorg también dedica su tiempo a cuidarte a ti y a asegurar que estés bien. Más que enseñarte a ser madre, me ayudó a sentirme más segura y tranquila”, expone.
Este servicio no es exclusivo de los Países Bajos; en Hungría existen las visitadoras sanitarias (védőnő en húngaro), que son profesionales de salud preventiva materna, infantil y familiar. Folk Florina tiene 66 años y ha dedicado su vida a esta profesión. “Somos profesionales graduadas en una escuela superior o universidad, que desde el embarazo hasta el final de la edad escolar obligatoria, seguimos y apoyamos a las familias”, confiesa a este medio. “Nuestra atención se dirige al desarrollo físico y mental del bebé, la alimentación adecuada, los cuidados, los cribados y la vacunación”, añade.
Para la experta, el apoyo emocional es lo que más necesita una madre después de dar a luz: “El entorno dice mucho; se necesita escucha, ánimo y refuerzo positivo”. En sus más de 30 años de trayectoria, Florina ha podido ver cómo ha cambiado la maternidad. “El bombardeo informativo del mundo ha cambiado en muchos aspectos la actitud, la preparación y la forma de preguntar de las futuras madres. Ante este cambio, las visitadoras sanitarias también tuvimos que aumentar nuestra preparación profesional actualizada y, por supuesto, nuestras competencias digitales. Además de conocer y aceptar las nuevas tareas educativas o comprender los distintos tipos de estructuras familiares”, apunta.
En concreto, los últimos 33 años ha pasado consulta en el mismo distrito y ha seguido el nacimiento y vida de más de 1.000 niños. Todavía recuerda la primera familia que atendió y nunca ha borrado de su corazón aquellas que perdieron a su retoño. “Lo más difícil es la pérdida de un niño o luchar contra enfermedades incurables”, finaliza.
¿Y qué pasa en Europa ?
En España, el control principal de los embarazos lo lleva la matrona, que es una enfermera especialista en obstetricia y ginecología. Tras el parto, el pediatra es el médico responsable de la salud del bebé desde su nacimiento y durante todas sus etapas de desarrollo.
Para Ana Isabel Anocibar Marcano, matrona en Atención Primaria y vocal de la Asociación Española de Matronas, el modelo kraamzorg es “muy interesante”: “Sitúa los cuidados en el entorno natural de la madre y el recién nacido. Permite una atención integral durante un periodo especialmente vulnerable, favoreciendo la detección precoz de problemas, el establecimiento de la lactancia y la adaptación de la familia a la nueva situación, y aporta continuidad asistencial y un acompañamiento muy cercano”.
La matrona señala que la atención posparto en España “es de calidad”, pero presenta una “gran variabilidad” según la comunidad autónoma y los recursos disponibles”.
Francia no cuenta con un equivalente completo del modelo neerlandés de kraamzorg, aunque dispone de varios mecanismos de seguimiento posnatal. El más parecido es Prado Maternité, gestionado por Assurance Maladie, el sistema nacional de salud, que organiza visitas a domicilio de una matrona autónoma tras el alta hospitalaria y cubre el seguimiento hasta el duodécimo día de vida del bebé.
Esta atención se centra en la recuperación de la madre, la salud del recién nacido, la alimentación, la lactancia y la adaptación familiar.
A ello se suma la Protection maternelle et infantile, un servicio público que puede ofrecer consultas y visitas a domicilio de matronas o enfermeras de puericultura, sobre todo a familias vulnerables, aunque su cobertura varía según el territorio y no constituye un sistema nacional estandarizado de ayuda en casa.
Desde julio de 2022 existe además una entrevista posnatal temprana obligatoria, entre la cuarta y la octava semana tras el parto, orientada principalmente a detectar la depresión posparto y evaluar las necesidades de apoyo.
Austria tampoco cuenta con un equivalente al modelo de kraamzorg. Su sistema posnatal se centra sobre todo en el apoyo profesional mediante visitas a domicilio de matronas, más que en una ayuda práctica integral para la vida cotidiana. Estas visitas se orientan principalmente a la atención médica y psicosocial de la madre y el recién nacido: control de la involución del útero, sangrado, cicatrización, apoyo a la lactancia y seguimiento del desarrollo del bebé.
Según Lisa Rakos, presidenta de la Asociación Austriaca de Matronas, si ese trabajo se hace a fondo, “fácilmente lleva alrededor de una hora”, y muchas matronas atienden a cinco o seis familias en un solo día, por lo que apenas queda margen para acompañar a la madre en otras necesidades cotidianas.
Ahí ve Rakos una de las grandes ventajas del modelo neerlandés: el apoyo práctico a una mujer que acaba de dar a luz, desde disponer de comida nutritiva y un hogar ordenado hasta contar con alguien que la escuche o cuide del bebé mientras se ducha tranquila.
Aunque en Austria no hay planes concretos para implantar un sistema así, Rakos reclama reforzar el papel de las matronas durante el embarazo, con al menos una consulta obligatoria y gratuita al inicio de la gestación. A su juicio, esto permitiría detectar antes situaciones de estrés físico o psicológico, soledad, pobreza, barreras lingüísticas o violencia, y daría más opciones a las mujeres en un sistema donde los controles prenatales rutinarios siguen reservados casi exclusivamente a especialistas en obstetricia y ginecología.
Por último, en la República Checa no existen visitas subvencionadas por el Estado de enfermeras o asesoras de cuidados después del parto. La ley solo establece la obligación de los padres de registrar al niño con un pediatra poco después del nacimiento. Durante esta primera visita, el médico realizará el examen prescrito y dará consejos básicos a la persona cuidadora principal; lo demás queda en manos de los padres.
👉 Artículo original en El Confidencial
🤝 Este artículo forma parte del proyecto PULSE. Han colaborado György Folk (HVG, Hungría), Gian-Paolo Accardo (Voxeurop, Francia), Magdalena Pötsch (Der Standard, Austria) and Petr Jedlička (Denik Referendum, República Checa).
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