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¿Acabará la UE como Yugoslavia?

Vista desde Belgrado, Zagreb o Sarajevo, la crisis económica e institucional que atraviesa la Unión tiene un cierto aire a déjà vu. Similar a lo que ocurrió durante los años que precedieron a la división de la federación fundada por Tito, recalca el diario serbio Politika.

Publicado en 5 enero 2012 a las 14:20

Salvando todas las distancias, la Unión Europea (UE) empieza a parecerse a la Yugoslavia de Tito. Puesto que en estos tiempos que corren no faltan los motivos para establecer comparaciones entre realidades que son incomparables. Sirva como ejemplo que mientras la UE se afana en reforzar el control del centro sobre su periferia, las derivas nacionalistas y las incompatibilidades maceradas entre los Estados miembros van camino de minar sus cimientos. Durante la edad de oro de Yugoslavia (1981-1986), ya se dio esta situación y, por aquel entonces, estaba únicamente a dos pasos de entrar a formar parte de la Comunidad Económica Europea (CEE).

Pero éste no es el único paralelismo que puede establecerse. Al igual que Belgrado y Zagreb en aquel momento, Berlín y París actúan como los pilares de esta Unión, a pesar de las diferencias que existen entre ellos. Además, aumentan las disputas entre los países económicamente responsables y los despilfarradores, así como entre los Estados más desarrollados de la UE y los menos desarrollados. Todo esto se parece mucho al proceso que derivó en la división de Yugoslavia.

El concepto de Europa a dos (o más) velocidades recuerda la idea de transformar la Federación yugoslava en una “confederación asimétrica”, al igual que la fórmula de “la unidad y la fraternidad de los pueblos yugoslavos” evoca la posición defendida hoy en día por Bruselas, es decir, que el interés común debe prevalecer sobre las enemistades y las diferencias.

También se puede establecer un paralelismo en lo relativo al déficit democrático. Por el sistema del partido único, en la antigua Yugoslavia los líderes no eran elegidos por sufragio universal; tal y como sucede con los altos cargos que dirigen actualmente la UE – y eso a pesar de que la Unión la componen países con sistemas políticos pluripartidistas. En ambos casos, el temor ante una potencial preponderancia de los países más poblados impide que se introduzca el principio de “un ciudadano, un voto”.

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La UE quiere evitar el guion de los Balcanes

Debemos tener en cuenta que la UE y Yugoslavia se han construido sobre unos ideales que, a pesar de los intereses divergentes, nadie pondría en tela de juicio: la cooperación es más importante que la confrontación; la amistad puede imperar sobre las enemistades; el perdón es indispensable para el progreso común; y también es inevitable el crisol de culturas – aunque la teoría del “choque de civilizaciones” lo ponga en entredicho.

En cualquier caso, en ambos sistemas se han producido vicisitudes por motivos similares. El recurso al principio de unanimidad y del consenso provocó la crisis del proceso en la toma de decisiones y afectó a la eficacia de la UE, como anteriormente ya había ocurrido en Yugoslavia. Ni la una ni la otra han conseguido establecer una relación equilibrada entre el centro y la periferia, entre el nacionalismo y el internacionalismo, entre la política interior y la política común o entre el endeudamiento y el crecimiento.

El desmoronamiento de Yugoslavia se produjo en gran parte por esos desequilibrios. Hoy, la UE trata de evitar que se reproduzca el guion balcánico. Eso no quiere decir que la UE pueda correr la misma suerte que Yugoslavia, porque la guerra es una realidad impensable en Europa. Pero ésa no es la única razón. Incluso quienes desean que fracase el proyecto europeo aspiran a alcanzar sus logros, concretamente ese cierto equilibrio entre las leyes del mercado y el contrato social que no se había conseguido nunca anteriormente. Y para concluir, en Serbia también aspiramos a adherirnos a la UE, a pesar de la lentitud del proceso.

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