Alemania, paladín inalcanzable

Para los cinco millones de jóvenes europeos sin empleo, Alemania, cuya tasa de desempleo juvenil es la más baja de Europa, se presenta como la tierra prometida. Y el sistema de formación en alternancia, clave de este éxito, constituye un modelo para los países afectados por la crisis. Aunque el diario Die Welt afirma que no es sencillo exportarlo.

Publicado en 8 mayo 2013 a las 15:41

Más de 5,5 millones de jóvenes europeos no tienen trabajo. En los países en crisis del sur de Europa, toda una generación está llegando a la mayoría de edad con pocas perspectivas de futuro: uno de cada dos españoles y griegos menores de 25 años están en paro, al igual que uno de cada tres en Italia y Portugal.

Para ellos, Alemania debe de ser como una isla de felicidad: el desempleo juvenil en este país se encuentra por debajo del 8%. En ninguno de los demás 27 Estados miembros de la UE es tan bajo. Sólo Austria se acerca, con un 8,9%.

¿Cómo lo hacen?, se preguntan nuestros vecinos europeos e incluso realizan peregrinaciones a Alemania para investigar el fenómeno. Y lo que se encuentran es nuestro sistema dual de formación profesional que consiste en estudiar (teoría) y trabajar (práctica) de forma simultánea, en lugar de consecutiva. Para la mayoría de los europeos es algo nuevo: formarse y trabajar, en lugar de formarse y luego trabajar.

La Comisión Europea ha alabado el modelo alemán como una «garantía contra el desempleo juvenil y la escasez de mano de obra cualificada». Incluso el presidente de Estados Unidos Barack Obama elogió el modelo alemán en su discurso de 2013 del Estado de la Unión: “Ahora mismo, países como Alemania se concentran en graduar a sus alumnos de educación secundaria con el equivalente de un título técnico de uno de nuestros community colleges (centros estadounidenses similares a las universidades populares o centros de formación profesional), de modo que estén listos para tener un trabajo».

Cambio de mentalidad poco a poco

Durante mucho tiempo, otros países criticaron a Alemania por adoptar este enfoque, de hecho la OCDE nos ha reprendido con frecuencia el hecho de tener muy pocos titulados universitarios. Para muchos expertos en formación internacional, la formación universitaria, poseer una diplomatura, licenciatura o doctorado, es la medida de todas las cosas. La titulación alemana de “Meister” (equivalente a una licenciatura) es algo exótico.

Se considera que la formación práctica es inferior a la formación académica. Poner al mismo nivel una certificación de aprendizaje con una titulación de bachillerato, o igualar una certificación profesional y una licenciatura, es algo inconcebible para muchos europeos. Pero poco a poco, se empieza a comentar que la capacidad de innovación de la industria alemana, así como el éxito de sus productos en todo el mundo, podría tener alguna relación con la sólida formación que reciben los trabajadores alemanes.

Incluso en Alemania existen críticos del sistema dual. Se ha comentado que la formación es demasiado especializada, que está demasiado adaptada a las necesidades específicas de ciertas industrias y que el número de distintas especialidades (más de 300) en las que se pueden formar los jóvenes es demasiado alto. También se han planteado dudas sobre si las cualificaciones del sistema dual pueden seguir el ritmo de la economía que cambia tan rápido en la era de Internet.

Un éxito de exportación

El sistema se sometió a una gran presión hace alrededor de una década, cuando se registró un desempleo masivo en Alemania y decenas de miles de jóvenes no podían acceder a la formación práctica. En 2004, el Gobierno de coalición (social-demócratas/Partido Verde) incluso impulsó la aplicación de un gravamen de formación profesional para obligar a la economía a que creara más programas de formación.

Pero en junio de 2004, el Gobierno se alió con la patronal y las asociaciones empresariales para implantar el Pacto de Formación Profesional Nacional que contribuyó a invertir la situación: ahora, la oferta es mayor que la demanda.

La crisis económica mundial ha convertido el modelo alemán en un éxito de exportación. Alemania ha firmado un acuerdo de cooperación de formación con seis países de la UE y las empresas alemanas están desempeñando una función pionera al formar a empleados en sus filiales extranjeras según el modelo alemán.

Las expectativas son altas, también para los alemanes. Alemania no sólo quiere exportar un sistema de éxito: también espera que los europeos del sur dinámicos y motivados ocupen todas las plazas de los programas de formación que aún están libres y que una vez que obtengan su titulación, no regresen a sus países, sino que se queden en Alemania para subsanar la creciente escasez de trabajadores cualificados.

Los escépticos señalan varios problemas, como la barrera del idioma, y plantean sus dudas acerca de que los inmigrantes puedan desempeñar una función determinarte a la hora de compensar la escasez de trabajadores en formación en Alemania.

Y es cierto que el momento puede que no sea el ideal, ya que el sistema alemán depende en gran medida en la economía. El mercado, no los expertos en educación, es lo que en última instancia determina el número de programas de formación disponibles. Las empresas son las que deciden cuántos puestos con una cualificación concreta necesitarán en el futuro; esa es la base del número de plazas de programas de formación que ofrecerán.

Así pues, la principal ventaja del concepto de formación profesional alemán también constituye su mayor desventaja. El sistema depende de la economía y en épocas malas, como la crisis que sufren actualmente los países de Europa, la demanda de trabajadores en formación será menor.

Síntoma de desesperación

El hecho de que los europeos del sur busquen una respuesta en el sistema dual de Alemania es un indicio de lo desesperados que están. No sólo carecen de empresas dispuestas a crear puestos de formación y “maestros” pacientes listos para transmitir sus conocimientos a “sus” aprendices, sino que tampoco poseen las instituciones y la estrecha colaboración necesaria entre los empresarios, los políticos, los sindicatos y otras partes para aplicar con éxito el sistema dual de formación profesional.

Incluso en Alemania, donde esta colaboración está muy bien establecida, el sistema no está exento de complicaciones, como el conflicto sobre el Pacto de Formación y la resistencia de los sindicatos.

Por ello, los europeos del sur que han adoptado el sistema alemán han emprendido una tarea muy ambiciosa. Pero siempre es mejor apostar por una reforma estructural osada que optar por la solución sencilla de ofrecer a los jóvenes desempleados una formación profesional sin sentido para mantenerles ocupados y callados. Eso sí merece nuestro apoyo. Al igual que los jóvenes europeos del sur que están dejando sus países para venir a Alemania a buscar trabajo o recibir formación profesional. Debemos recibirles con los brazos abiertos.

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