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Cómo los contrabandistas están destruyendo los últimos bosques primitivos de Europa. Parte I: El Eldorado rumano

Los bosques vírgenes de Europa Central y Oriental son los únicos que quedan en el continente. Aun así, se están destruyendo sin piedad. Gran parte de esta industria multimillonaria es un sistema que se asemeja a una mafia y se extiende desde Rumanía hasta Ucrania. Ciertas empresas madereras austríacas están en el centro de dicho sistema.

Publicado en 3 septiembre 2020 a las 08:00
pxfuel |  Bosque en los Cárpatos Orientales (Rumania).

“Si entras al bosque tú solo, ten cuidado, puede ser peligroso. Pueden suceder cosas extrañas. Hay gente que nunca volvió a salir”, le dijeron a un hombre desgarbado con gafas. Amenazaba con contarlo todo y destapar todo un sistema de tala ilegal de madera y el negocio que hacen con ella. Él mismo había formado parte de ese sistema, pero estaba dispuesto a salir de él y a arriesgarlo todo.

Transformar árboles en tablones supone un proceso de grandes dimensiones que incluye un sinfín de camiones articulados que distribuyen los troncos a almacenes de madera continuamente. Ahí se miden y se calcula su valor, para después lanzarlos a una cinta transportadora que, mientras se les quita la corteza, conduce los troncos a una máquina aserradora. 40 troncos por minuto, 2.400 por hora, 28.800 por turno. La empresa transformadora más grande de Rumanía, un coloso dentro del sector y liderada por Gerald Schweighofer, un austríaco reservado, tiene un hambre insaciable de madera.

En 2018, los empleados de la industria [maderera] Schweighofer fueron acusados de haber formado una organización criminal y de estar involucrados en explotación forestal ilegal, evasión fiscal y prácticas comerciales desleales. “La investigación está en curso, estamos colaborando con las autoridades y no diremos nada más al respecto”, dice Michael Proschek-Hauptmann, la cara pública que representa el cambio en Schweighofer desde 2017. Proschek-Hauptmann, un reputado experto en cuestiones ambientales, es el responsable de sostenibilidad y su cumplimiento, y ha venido expresamente desde Viena para hacer una visita guiada a Addendum por uno de los aserraderos de Schweighofer, situado en la ciudad de Sebeș, en la región de Transilvania.

Hasta hace poco, las visitas de los periodistas terminaban en la puerta. Incluso se ha sabido que el personal de seguridad agredió a activistas con espray de pimienta. Sin embargo, su nuevo lema es la transparencia, ya que la empresa austríaca está bajo serias sospechas de haber talado madera ilegalmente en las últimas grandes áreas de bosque colindante en Europa. El Forest Stewarship Council (FSC) [Consejo de Manejo Forestal] retiró a Schweighofer su prestigioso certificado de madera producida de manera sostenible. El informe de 110 páginas de la investigación del FSC, al que Addendum ha podido acceder, hace referencia a “pruebas claras y concluyentes” de que Schweighofer “estaba involucrada sistemáticamente […] directa e indirectamente, en el comercio de madera talada y/o manipulada en violación de las leyes y regulaciones existentes” y que se había asociado con “individuos y empresas con antecedentes criminales y de corrupción”.

Bosques vírgenes destrozados

Es importante saber que Rumanía alberga un paraíso natural único, hábitat de lobos, osos y linces, así como de plantas que llevan mucho tiempo extintas en otros lugares. Mientras los activistas climáticos intentan reducir las emisiones de CO2 mediante la desacreditación del uso del transporte aéreo o peticiones para prohibir los coches en las ciudades, una sola haya de 150 años absorbe nueve toneladas de CO2, lo suficiente para compensar un viaje de 56 000 km en coche. No obstante, estos árboles e incluso otros más antiguos se están talando de manera indiscriminada, pues se consideran un negocio que suscita codicia, violencia, amenazas, e incluso en un caso, intento de asesinato.

Global Forest Watch, ha calculado mediante imágenes de satélite que 317.000 hectáreas de bosque rumano desaparecieron por la tala de árboles entre 2001 y 2007. Es el equivalente de 444.000 campos de fútbol. La mitad de estos árboles, todos ellos centenarios, estaban situados en parques nacionales y áreas de conservación. “Aunque la deforestación de la selva amazónica lleva indignando a la gente durante años, casi nadie sabe que en Europa hay restos de bosques vírgenes tan importantes como la Amazonia. “Estos se sitúan a proximidad, en los Cárpatos, y el peligro que corren sigue siendo algo desconocido”, afirma David Gehl, del Environmental Investigation Agency (EIA) [Organismo de Investigaciones sobre el Medio Ambiente], una ONG estadounidense que investiga la explotación depredadora de la naturaleza en el mundo. Los informes del EIA acusan a Schweighofer de haber sido el “mayor receptor de madera ilegal” y de haber “mentido sobre el origen de sus productos durante más de diez años”.

La llegada de los austríacos

La historia de la extinción de los bosques rumanos quedaría incompleta sin el papel de las empresas austríacas. Los nombres de estas empresas no son muy conocidos por la sociedad, aunque son líderes mundiales en sus respectivas áreas de la cadena de explotación de la madera.

Los gigantes del sector maderero debieron de pensar que les había tocado la lotería cuando descubrieron su nuevo paraíso: Rumanía, uno de los países más pobres de la UE. Uno de esos gigantes fue Schweighofer. Desde 2002, empezó a vender sus aserraderos en Austria y utilizó los beneficios (supuestamente de nueve cifras) para construir estructuras mucho más grandes en Rumanía. Los políticos rumanos celebraron la llegada de los austríacos. Actualmente, Schweighofer cuenta con más de 3000 empleados, un volumen de ventas de 762 millones de euros y cinco fábricas en el país, que producen madera en virutas, aserrada, encolada y de construcción que vende en todo el mundo

Kronospan, el mayor fabricante de paneles de madera en el mundo que posee un volumen de ventas de más de dos mil millones de euros también está presente en el país. Uno de sus clientes es Ikea. Junto con su empresa asociada suiza, Swiss Krono, el clan Kaindl es uno de los más poderosos de los Cárpatos. Finalmente, está la empresa Egger, un problema mundial que cuenta con 18 instalaciones en ocho países diferentes.

Después de haber reclamado sus derechos, firmado los contratos y que la empresa forestal estatal rumana Romsilva, cuya corrupción es sabida por todos, les otorgase los permisos de explotación forestal, pudieron ponerse manos a la obra. Desde la llegada de los austríacos en 2003, se han talado unos 260 millones de árboles rumanos.

Las plantas austriacas de procesamiento de madera en los Cárpatos, por compañía:

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Amenazas y palizas

“No matamos bosques vírgenes,” insiste desde un principio el responsable de sostenibilidad de Schweighofer, Proschek-Hauptmann. Evita hábilmente cualquier intento de sacar a relucir el pasado de la empresa y prefiere hablar de informes actuales, mostrar las cifras o aludir al sistema de localización de camiones por GPS. Al parecer, este sistema, expresamente desarrollado para la compañía, verifica el origen de cada árbol y corrobora la supuesta transformación de Schweighofer en una empresa que ya no acepta madera procedente de parques nacionales.

Cuanto más le escuchamos, más inclinados nos sentimos a creerle. O, al menos, nos sentiríamos, si no fuese por los hombres que arriesgaron sus vidas para demostrar su comportamiento antes de adoptar esta supuesta política de transparencia. Andrei Ciurcanu es uno de esos hombres. De complexión fornida, podría haber sido leñador de no haber optado por dedicarse a perseguir a las personas que están destruyendo los bosques de su tierra. Ciurcanu ha pasado muchas horas, muchos días y meses en el bosque, vigilando y documentando las maniobras que había presenciado. También ha hecho muchos de los estremecedores vídeos que muestran paisajes desolados, donde antes había árboles gigantes.

OUT OF CONTROL from AGENT GREEN on Vimeo.

Unos desconocidos amenazaron y agredieron tanto a Ciurcanu como a Gabriel Paun, su jefe en la ONG de protección ambiental Agent Green. Una vez, cortaron el cable de los frenos de su coche. En otra ocasión, enviaron a Paun un virus informático que borró seis gigas de datos de su ordenador y que le impedía reiniciar el equipo. “Desde un principio, Schweighofer basó todo su modelo de negocios en la adquisición de madera ilegal. Lo sabían, lo toleraban e incluso a veces lo alentaban. No soy el único que lo afirma: la Unidad de delitos graves y delincuencia organizada lo ha confirmado,” afirmó Ciurcanu, hablando desde Bucarest. “Y ahora, ¿nos quieren hacer creer que se han vuelto ecológicos de repente?”

¿De dónde procede la madera en realidad?

Ciurcanu se apoya en sus investigaciones más recientes que demuestran que solo el modus operandi de Schweighofer ha cambiado. Muchos proveedores no transportan la madera del bosque comercial directamente al aserradero, sino que la llevan a almacenes. Una vez ahí, pueden mezclar la madera obtenida legalmente con la madera ilegal antes de declararla legítima y enviarla a la empresa maderera. En el caso de Schweighofer, afirma, les permite saltarse el sistema de localización de camiones por GPS, ya que este solo registra el trayecto del almacén al aserradero. Por otro lado, Schweighofer continúa comprando madera a proveedores que talan árboles en parques nacionales.

Sin embargo, Proschek-Hauptmann afirma tener todo bajo control en lo que respecta a los controvertidos almacenes. “Son instalaciones con una regulación estricta: se guardan registros, se hace un historial de los envíos y todo se puede comprobar”. Respecto a sus propias cifras, casi la mitad de la madera rumana de Schweighofer no proviene directamente de los bosques, sino de estos almacenes. Por esta razón, el EIA considera que las empresas austríacas son muy ingenuas por, de repente, depositar su confianza en la honestidad de los proveedores rumanos en un entorno por lo general tan criminal y corrupto. Proschek-Hauptmann afirma: “Hemos puesto en práctica unos procedimientos de control interno y, como requisito, nuestra empresa debe visitar cada almacén al menos una vez al año.” Incluso así, el sistema de localización GPS de la empresa no puede monitorizar el origen de troncos individuales en la mitad de la madera procedente de Rumanía.

Mucha madera y pocas medidas

Matthias Schickhofer, un fotógrafo autor de varios libros, está en Sebeș, la pequeña ciudad de Transilvania en la que se ubican las empresas de Schweighofer y Kronospan. En sus obras plasma la belleza de los últimos bosques vírgenes europeos y detalla la amenaza a la que se enfrentan. Está colaborando con Euronatur, una fundación alemana de conservación, y en los últimos años se ha centrado en Rumanía, pues dos tercios de los últimos bosques vírgenes de Europa central se ubican ahí (casi 200 000 hectáreas). Sin embargo, solo la décima parte aproximadamente cuenta con algún tipo de protección.

Para ilustrar el problema, Schickhofer abre Google Earth en su ordenador. Sobrevuela los frondosos bosques de los Cárpatos y acerca la imagen. Donde hace unos años había densos bosques de hayas, ahora hay enormes huecos, unos manchurrones marrones en medio de todo el verde. “Toda esta zona sin vegetación pertenece a parques nacionales o a la Red Natura 2000”, afirma. “Las autoridades forestales nacionales aprovechan cualquier pequeña plaga de escarabajos escolitinos o cualquier daño producido por tormentas para despejar todas las laderas que puedan”.

Los parches marrones solían ser solo cicatrices en el bosque. Ahora, se han convertido en la regla: un único parche marrón de tierra yerma.“Bruselas debería ejercer una presión real para frenar el conglomerado formado por los departamentos forestales nacionales, redes antiguas y clanes corruptos que están destruyendo los últimos retazos de estos bosques vírgenes. Ya funcionó en Polonia, donde el Tribunal de Justicia de la UE paró la tala en el bosque de Białowieża mediante la amenaza de sanciones cuantiosas”.

Fin de la parte I.

👉 Artículo original en Addendum.

Este artículo se publica en colaboración con European Data Journalism Network.

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