« Cambien de política ». Esto es lo que pide la Unión Europea a sus miembros cuando se trata de la inmigración ilegal. Pero en Grecia hacen oídos sordos. En vez de introducir un programa de « repatriación voluntaria» al país de origen las autoridades se limitan a promover las expulsiones y los retornos obligatorios.

Nuestro país se ha convertido en una trampa para los inmigrantes. Todos los días llegan a las costas de nuestras islas centenares de inmigrantes que bordean el litoral turco o atraviesan la frontera albanesa. A éstos se suman los inmigrantes ilegales expulsados de otros países europeos: la legislación comunitaria [el Reglamento Dublín II] permite que los países del norte de Europa devuelvan a los inmigrantes al país por el que entraron en la UE. Muchas veces Grecia es el país que encabeza la lista.

Las expulsiones y los retornos obligatorios son la única política que aplica Atenas para enfrentarse al problema. Por el contrario, en el resto de la UE, los últimos informes publicados en diciembre de 2008 destacan el uso de políticas de repatriación voluntaria. Grecia todavía no ha introducido esta práctica, algo que resulta evidente en los informes publicados por el Ministerio del Interior: los términos retorno voluntario o retorno asistido (económicamente) ni siquiera existen en el vocabulario legislativo griego. Aunque está claro que para desarrollar una política de repatriación eficaz y justa hace falta tener un “sistema de asilo equitativo y eficaz”, del que nuestro país carece, situación por la que se nos critica internacionalmente.

"Retorno voluntario bajo presión"

La directiva, que los Estados miembros deben integrar antes de diciembre de 2010, indica que para ser “retornados“, los emigrantes deben obtener asistencia jurídica para que puedan hacer valer sus derechos de permanecer en la UE, y que el coste de esta asistencia (gratuita) puede ser cubierto por fondos europeos. La directiva ha recibido críticas por considerar que el retorno no protege adecuadamente los derechos de grupos vulnerables como las familias con hijos y los menores no acompañados. Por otro lado, la directiva impone la creación de espacios específicos para internar a los emigrantes a partir del momento en que aceptan su devolución y hasta que ésta tenga lugar. En lo relativo a los emigrantes procedentes de Estados donde podrían estar amenazados, las autoridades [del país expulsor] deben concederles una confirmación escrita específica de su situación para que no sean detenidos por la policía.

Nuestro país fue el primero en lanzar programas de “presión para el retorno voluntario” poco después de la publicación de la directiva y a iniciativa de la secretaría del antiguo ministerio de Orden Público. Este “retorno voluntario bajo presión” afecta a personas cuya demanda de asilo ha sido rechazada tras un periodo de protección temporal o que circulan con una resolución administrativa de expulsión.

El 80% de los expulsados son albaneses

Cerca de trescientos afganos han regresado a Afganistán en aplicación de estos métodos. Todos ellos estaban atrapados en Grecia (al igual que un gran número de sus compatriotas) porque su identificación y huellas digitales estaban archivadas aquí: no importa el país europeo al que hubieran podido acceder, éste les había retornado a Grecia. Un funcionario de la embajada de Afganistán en Bruselas fue enviado a una comisaría central de Atenas para convencerlos de que regresaran a Afganistán.

El nuevo gobierno socialista mantiene la misma política. El ministerio de Orden Público se ha convertido en el de Protección Civil, y el ministro ha anunciado que 1.200 inmigrantes abandonarán el país antes de un mes gracias a una ayuda europea. El ministerio ha recibido cerca de 17 millones de los fondos europeos para el retorno para cubrir el coste de las expulsiones y de los retornos, y tenemos garantías de que aportará más dinero. Los programas cubren la repatriación de emigrantes originarios exclusivamente de Asia y en particular de Asia del Sur (es decir, Pakistán o Afganistán). Pero Grecia tampoco cumple con esta instrucción. El estudio indica en efecto que el 80% de las repatriaciones son de Albaneses, mientras que menos del 1% de los “asiáticos” que llegan a las costas turcas son repatriados, a causa de las difíciles relaciones que existen entre ambos países. En 2009, Turquía sólo ha aceptado 108 de las 11.309 demandas de repatriación. Grecia todavía debe hacer un gran esfuerzo para implantar una verdadera política de inmigración...