Panayioitis Karkatsoulis es un entusiasta. Habla, reproduce diálogos simulando voces diferentes e interpretándose a sí mismo (voz más grave) y a los otros (tono más agudo), gesticula, se rasca la cabeza, garabatea diagramas en un papel, vuelve a garabatear, no consigue estarse quieto. A veces acaba una intervención con un "ufff, es que quería explicar esa idea".

Por ejemplo, una de las cosas que le inspira una perorata de las suyas es que se le vea como algo extravagante. Se indigna y se ríe al mismo tiempo. "Una excepción, ¿no? ¡No soy una excepción!". Pero se acuerda, con una risotada, del reportaje que le hicieron cuando se anunció que había ganado el premio de la Sociedad Americana de Administración Pública (el galardón de la American Society for Public Administration se otorga a quienes hayan promovido cambios en el sector de la administración pública). "Hace unos meses preguntaron en la plaza Sintagma cuál era la nacionalidad del mejor funcionario del mundo. Uno respondió: 'Sueco, finlandés, alemán... ¡pero con toda seguridad, griego no!'. Otro se limitó a decir: 'Cualquiera, menos griego'". Él sonríe mientras lo cuenta.

23.000 competencias diferentes

Karkatsoulis trabaja en el Ministerio de la Reforma Administrativa, por eso se las ha tenido que ver de cerca con los responsables de la troika [FMI, BCE y Comisión Europea], y es profesor de la Escuela Nacional de Administración Pública. Nos recibe en su despacho, donde tiene varias reproducciones, una, por ejemplo, del dúo de artistas Gilbert & George, de un color rosa que, hoy, hace juego con su camisa.

Asegura que en su departamento hay un equipo de funcionarios públicos muy capaces y dedicados. "Era uno de los departamentos mejor pagados, con salarios de casi 3.000 euros. Ahora, se han quedado en mil y pico. Pero no se fueron al sector privado, se quedaron. Y trabajan más horas. ¿Por qué? No lo sé, bueno, no lo quería llamar patriotismo...".

Karkatsoulis trasluce un poco de indignación por la pesada y, sí, loca máquina de la administración pública griega. Un estudio que llevó a cabo junto a 200 colegas a petición de la troika descubrió que la administración central tiene cerca de 23.000 responsabilidades diferentes, que además cambian constantemente, una media de 1.140 veces al año. Pero, hoy, le quita hierro. "Esos números muestran cualquier cosa: 23.000 competencias formales escritas es una enormidad... Pero, si miramos con atención, veremos que todas esas 23.000 competencias no afectan de la misma manera a los funcionarios, unas siguen ahí, pero otras no influyen en nada".

La troika se equivoca al querer soluciones rápidas, ignorando la realidad del país de que se trata, argumenta. Sus funcionarios no saben nada del lugar adonde se les manda. "Ha habido quien se preguntaba: ¿será que tiene que ver con algo más profundo, como vuestro ADN?'", cuenta, alzando ya la voz. Pero baja el tono, y se disculpa: "Es verdad que están sometidos a mucha presión".

Lo que se le pide a Grecia "es como si se quisiese que alguien corriera 100 kilómetros en diez segundos mientras parece un esclavo del siglo XIX: no es posible", sentencia. "Y este es un parámetro objetivo. No es que se discuta si voy a hacerlo, si estoy empecinado en no hacerlo, si no me gusta: es que no es posible".

Reformas que no se hicieron

Otra cosa que le irrita: que parezca que es un problema fácil. "¡Ay!, ¿lo es?" ¿Entonces, por qué está todo el mundo, [el economista] Paul Krugman, etc., intentando resolverlo?". Es lo que ahora le enfada más: "Muchas veces se aplica un pensamiento básico, un poco primitivo. Viene alguien de Francia y dice: ‘reformemos esto’. La mayoría intenta transferir su propia realidad".

Hay un problema con las reformas mil veces anunciadas y nunca hechas en Grecia. ¿A quién no le gustan las reformas? "¡Dígame usted! ¿El sistema? Está claro que los políticos no quieren cambios. Si los quisiesen, ¿por qué hacen todo lo posible por oponerse a ellos?", se desfoga. "Muchas cosas deberían cambiar", señala, pero subraya: "No solo en Grecia, sino en Bruselas, en el FMI, etc., y como no veo nada de eso, la única previsión que hago es que la crisis se va a agravar".

Lo que nos lleva a las elecciones. ¿A quien va a votar Panayiotis Karkatsoulis? "No lo sé, estoy abierto a sugerencias", bromea. "Si se piensa de acuerdo con criterios racionales, hay que votar a uno de los dos grandes partidos [Pasok, de izquierda y Nueva Democracia, de derecha]. Las cosas están mal, pero van a estar mejor. Si, por otro lado, se acredita que las cosas van a seguir así, hay que moverse hacia la izquierda o hacia la derecha".

No obstante, considera que hay que elegir a uno de los dos grandes partidos porque cree que "es más fácil hacer cambios por medio de estos partidos y mucho más difícil fuera. Los pequeños tardarían mucho más en hacer algo". Compara entonces la situación actual con lo que pasó tras la caída de dictadura [en 1974], con una proliferación de partidos de izquierdas. "Y yo participé en eso, claro, era una cosa generacional", admite.

Al revés que los analistas políticos, Karkatsoulis no cree que estas elecciones sean la clave de nada. "No me parece que sean algo dramático, no les doy tanta importancia. Creo que el país está en una transición y que todo esto va a durar unos años".