En el Château Mélot, situado en una colina sobre Namur, la capital de Valonia, los visitantes reciben toda clase de atenciones. Les lavan los coches gratis, el día de su cumpleaños les agasajan con champán y los niños pueden visitar cada año a San Nicolás [fiesta tradicional en Bélgica], que llega en helicóptero.

Todo eso debe costar mucho dinero, porque el Château Mélot es el punto de contacto del Cercle de Wallonie[Círculo de Valonia], un club de negocios para los empresarios valones. En él se respira una atmósfera de club de señores, con las lámparas de araña de cristal en el techo y la alfombra roja en la escalera. Y por supuesto, un cofre con puros al lado del bar.

"Como pueden comprobar, Valonia no se compone únicamente de escombros industriales y de una población en paro", comenta André Van Hecke, director general del Cercle de Wallonie. "Es la imagen que se sigue teniendo en Flandes, pero ya ha pasado a la historia. Quizás fuera así antes, pero ahora en Valonia empiezan a reactivarse todos los ámbitos".

"Las cosas están cambiando"

El corpulento Van Hecke, que creó su fortuna en el sector de la comunicación, creó el Cercle de Wallonie en 2006. Al principio le costó convencer a los empresarios valones más pragmáticos, la mayoría de los cuales procedían de pequeñas y medianas empresas.

Pero Van Hecke supo atraerles con talleres serios, conferencias con banqueros y con empresarios de éxito y por qué no, también con un poco de vino y con puros. Ahora, el Cercle de Wallonie cuenta con casi 1.500 miembros.

"En Valonia las cosas están cambiando", afirma Van Hecke. "Empezamos a creer en nosotros mismos. Incluso los nuevos socialistas son conscientes de que debemos cambiar, de que el futuro no reside en el Estado del bienestar, sino en el trabajo y en el mundo empresarial".

En Bélgica, las miradas se dirigen hacia Flandes, el Norte próspero que exige cada vez más autonomía, bajo la influencia del jefe del partido nacionalista flamenco, [Bart De Wever]. Durante mucho tiempo, Valonia, la región más pobre, parecía querer únicamente limitar los daños, pero ahora las cosas están cambiando.

Una nueva conciencia

Los valones están hartos de ser los perdedores y quieren avanzar por sí solos. No es que pretendan separarse ahora de Flandes, al contrario. Pero en cualquier caso, quieren estar preparados para el día en el que Flandes plantee sus exigencias.

"Existe una conciencia cada vez mayor de que Valonia debe retomar el control de su destino", comenta Béatrice Delvaux, editorialista del diario Le Soir. "No contamos con ninguna encuesta al respecto, pero se percibe en la sociedad, se escucha en las declaraciones de los políticos. A muchos francófonos les ha ofendido la actitud flamenca durante la crisis. Sienten que les han tratado de holgazanes y de aprovechados y se han hartado de la situación".

La nueva conciencia valona se expresa ante todo en el ámbito económico, donde el “plan Marshall” [un plan de inversiones públicas iniciado en 2005 y destinado a reactivar la economía valona] servirá para olvidar el pasado industrial.

Los poderes públicos valones han invertido 366 millones de euros en nuevas empresa de alta tecnología, con lo que se han creado más de 10.000 empleos. El gran desarrollo aún está por llegar, pero desde hace unos años, el abismo entre Flandes y Valonia en materia de prosperidad ha dejado de crecer.

Una reforma necesaria

Valonia también gana en confianza en el contexto cultural. Mons será en 2014 Capital Europea de la Cultura y Lieja ha presentado su candidatura para albergar la Exposición Universal de 2017. En Namur y en Charleroi, los nuevos alcaldes quieren aportar un nuevo impulso a sus ciudades.

Por su parte, en el ámbito político, el Gobierno valón lanzó el Plan Horizonte 2022, con el que se determinará cómo deberá administrarse la Bélgica francófona en diez años. Tras la nueva reforma del Estado, en diez años Valonia recibirá menos apoyo financiero por parte de Flandes. Será necesario reformar la economía valona, la enseñanza, la movilidad y la ordenación del territorio para hacer frente a esta nueva situación.

"Varios políticos ya han dado a entender que habría que hacerlo con más rapidez", comenta Béatrice Delvaux. "Quieren estar preparados para las elecciones de 2014, en caso de que tengan que enfrentarse a Bart De Wever."

Según Delvaux, ya se han celebrado varias reuniones de alto nivel para determinar cómo pueden adoptar una posición común los políticos francófonos con respecto a Flandes. Estas reuniones están rodeadas de un cierto misterio, ya que, según algunos críticos, pueden beneficiar involuntariamente a Bart De Wever: si los valones trazan su propio camino, razón de más para dividir Bélgica en dos.

La estructura ideal del Estado

"Es un peligro falso", afirma Jean-Pascal Labille, secretario general de las Mutualidades socialistas. "Es un pretexto para los que no desean avanzar. Bart De Wever no cambiará de opinión, tanto si le damos la razón como si no. Pero si no decimos nada, tampoco hacemos nada".

Labille quiere que las personalidades valonas de primer nivel reflexionen juntas sobre cuál sería la estructura del Estado belga ideal de Bélgica, para ofrecer un contrapeso a la visión flamenca.

Si lo logran, Labille se muestra muy optimista sobre el futuro de Valonia. "Contamos con mucho espacio, una abundante mano de obra cualificada y una situación geográfica extremadamente favorable. Si continuamos por la senda que hemos emprendido, Valonia podría encontrarse a la cabeza del país en diez años".

Desde este punto de vista, la crisis política y la obstinación de Bart De Wever pueden seguir teniendo un resultado positivo para Valonia. Porque puede que los nacionalistas flamencos hayan ofendido a los valones, pero también les han hecho despertar.