"Portugal es un país cerrado, viejo, sin perspectivas. Puede que en Angola existan todas las trabas posibles, pero es el futuro. Es una tierra llena de desafíos. ¡Pero los asumo!" Paula Cardoso, lisboeta de treinta años y llena de ambiciones, pertenece a esa joven generación de portugueses que se sienten "condenados", sin futuro.

Desde hace cinco años, según el Observatorio de Migraciones, 350.000 personas han dejado este país afectado por una fuerte crisis, señalado como un eslabón débil de la Unión Europea, al borde de una quiebra como la griega. Se trata de un éxodo comparable al de la década de los sesenta. Los portugueses emigran sobre todo a Reino Unido, España y Suiza.

Pero, desde hace tres años, ha surgido otro paraíso más lejano: Angola. Esta antigua colonia portuguesa, que se independizó en 1975 tras una larga guerra, se encuentra a siete horas de avión desde Lisboa, en el sur de África. El país ofrece un territorio doce veces más grande que el de Portugal. Es la "tierra de los desafíos", a los que están dispuestos a enfrentarse Paula Cardoso y tantos otros jóvenes.

El fenómeno no deja de crecer. En 2006, apenas se emitieron 156 visados de portugueses que partían hacia la antigua colonia. El año pasado, llegaron a los 23.787. Ahora, 100.000 portugueses estarían instalados en este país, es decir, cuatro veces más que los angoleños que se instalan en Portugal, donde, debido a la crisis, llegan a cuentagotas. "Me recuerda a la época de los grandes descubrimientos, cuando nuestros ancestros partían hacia África, también para huir de la crisis económica", comenta Mario Bandeira, del Instituto Superior de Ciencias Laborales y Empresariales.

1000 euros al mes en Portugal, 3000 en Angola

Portugal está enfermo y Angola, en plena forma. Con sus reservas de diamantes y yacimientos de petróleo, los más importantes del África Subsahariana después de Nigeria, el país registra desde 2003 un crecimiento medio del 14% del PIB. Un año antes, en 2002, llegó la paz al país tras cuarenta y un años de conflicto armado casi ininterrumpido.

Todo está por reconstruir. Se necesitan ingenieros de puentes y carreteras, expertos en telecomunicaciones, consultores financieros, etc., y si es posible, que hablen portugués. Es la panacea para los portugueses, vinculados a este país por un idioma común y así, los ejecutivos o los jóvenes titulados portugueses, en paro o en busca de aventuras, ponen rumbo a África.

Lo que motiva a los candidatos ante todo es el dinero fácil y los salarios altos. Un ingeniero recién licenciado o un periodista con tres años de experiencia que trabajan duro por 1.000 euros al mes en Portugal, pueden ganar 3.000 euros en Angola, y normalmente con dietas y residencias pagadas por la empresa. Carlos Cardim, director de una agencia publicitaria instalada desde hace cinco años en Luanda, la capital, comenta: "Tengo la sensación de vivir en el Portugal de los años 80, cuando comenzaron a llegar los fondos de la Comunidad Económica Europea".

Estos inmigrantes privilegiados disfrutan de un alto nivel de vida: villas lujosas, coches con chófer, escoltas personales, noches de fiesta. "Es como el lejano oeste, es fascinante,", reconoce João, un consultor de márketing que llegó al sur de Angola en 2007. "Mientras, Portugal es realmente el país en el que no hay que estar en este momento".

Tierra de oportunidades

¿Es Angola una "tierra de desafíos"? Sin duda. ¿Un paraíso profesional? Por supuesto. ¿Un nuevo Jauja? En absoluto, afirma Paula Cardoso, periodista portuguesa. Sentada en la mesa de un café, en el centro de Lisboa, esta bella mestiza treintañera, con un progenitor portugués y otro de Mozambique, otra antigua colonia africana, ha vivido la otra cara de la moneda.

A finales de 2009, se fue a vivir seis meses a Luanda. El semanario para el que trabajaba, Sol, salvado de la bancarrota por un rico accionista angoleño, la envío al país para que adquiriera experiencia. "Antes de partir, ya tenía una imagen negativa de Angola, pero fue incluso peor de lo que esperaba. La vida diaria es un calvario. En Luanda se sufre mucho si no tienes aire acondicionado, un generador de electricidad y un depósito de agua en la casa". En la capital, construida para menos de un millón de habitantes, se amontonan siete millones.

De su estancia, tiene algunos malos recuerdos personales. "Para divertirse está la playa, los bares, las discotecas. Si no, hay conciertos cuyas entradas cuestan más de 100 dólares, una vida cultura casi inexistente y un horrible centro comercial donde la gente se congela por la climatización. Es como una bofetada si se compara con Lisboa".

Portugal, una colonia angoleña

Un viejo país europeo que pasa por una mala racha y mira de reojo con envidia a una nación africana en pleno desarrollo. "En Luanda", comenta un antiguo expatriado, "les gusta decir, no sin un tono vengativo, que Portugal se ha convertido en una colonia angoleña", aunque a Angola aún le quede mucho por avanzar: el país registra una pobreza extrema que afecta a dos tercios de la población, una esperanza de vida que no llega a los 40 años, un elevado coste de vida y un nivel de corrupción récord.

Para Lisboa, la antigua colonia es como un maná providencial. Portugal, el primer cliente del país aparte de la UE, invierte en Angola grandes cantidades de dinero (557 millones de euros en 2009) y se han instalado en su territorio 800 empresas.

Pero también ocurre a la inversa: los millonarios angoleños invierten en Portugal en la industria del lujo, los automóviles, los hoteles de alto standing, la alta costura o la cirugía estética. Según afirma José Calp, empresario lisboeta: "Angola es el último recurso de la economía portuguesa".