“Una vez visité a una persona que trabajaba para la Comisión Europea. A través de su ventana en el edificio Berlaymont de Bruselas, veía la calle de la Ley, donde está edificio Justus Lipsius del Consejo Europeo. ¡Con qué desprecio y odio miraba al otro lado de la calle! ¡La Comisión Europea pone tanto esfuerzo en construir Europa y se encuentran con la continua resistencia de los representantes de los intereses nacionales en el Consejo Europeo!”

Entre marzo de 2010 y finales de 2012, el escritor austriaco Robert Menasse viajó repetidas veces entre su nativa Viena y Bruselas, el centro administrativo de Europa. Su idea era investigar para escribir una novela centrada en la burocracia de Bruselas. “Apenas había llegado cuando estalló la crisis griega. La vida normal desapareció. La crisis era de lo único que se hablaba”.

Cinco sorpresas sobre Bruselas

Menasse hizo de tripas corazón y se dedicó a la crisis. “Cada vez me implicaba más y más en las conversaciones y me di cuenta de que mi visión de Europa había cambiado radicalmente”. En lugar de la novela que había pensado, Menasse escribió un aclamado ensayo sobre Europa, Der Europäische Landbote[El mensajero europeo, Ediciones Szolnay, 2012, no traducido].

En el propio entorno de Menasse, nada menos que la iluminada Viena, el euroescepticismo estaba aumentando. En planteamiento en el país era el siguiente: por culpa de “esa gente de Bruselas”, “nosotros, los austriacos trabajadores” tenemos que seguir pagando. Sentado cómodamente en una terraza de Leopoldstadt, uno de los barrios más de moda de Viena, Menasse cuenta hasta qué punto su estancia en Bruselas le liberó de cualquier trazo de escepticismo sobre la incansable y derrochadora Bruselas.

En Der Europäische Landbote describe cinco de las sorpresas que se llevó en Bruselas: “Primera sorpresa: la Comisión es una institución abierta y transparente. Segunda sorpresa: la burocracia bruselense está muy medida. Tercera sorpresa: la burocracia bruselense es frugal y modesta. Cuarta sorpresa: la burocracia bruselense resulta increíblemente barata. Quinta sorpresa: los funcionarios son personas entusiastas”.

Multilingüe, burguesa y relajada

“Esto es lo que descubrí: que Bruselas no es una ciudad, sino un mosaico de 19 municipios, que han tenido que buscar la forma de llevarse bien entre sí en todo momento. En cierto modo, el laboratorio de una gran Europa. Además, la ciudad es multilingüe, burguesa y relajada, no tan presuntuosa y estirada como su hermana mayor, París. Es una ciudad sin imagen, sin una visión clara de sí misma que presentar al mundo”.

Esto nos lleva al punto esencial de su argumento en Der Europäische Landbote: el mayor obstáculo en el camino hacia una Europa de éxito son los países del euro. “Sus líderes hacen creer a las poblaciones que están protegiendo los intereses nacionales en el Consejo Europeo en Bruselas, en cambio, lo único que hacen es proteger los intereses de unas pocas élites económicas y cargando los costes a sus ciudadanos”.

Inflación hoy, Hitler mañana

¿Un ejemplo? “La introducción del euro, la primera moneda transnacional de la historia. Esta moneda requiere una política financiera conjunta. Pero los ingleses no quisieron unirse porque creían que Bruselas no debía inmiscuirse en el mercado financiero de la City de Londres. Los alemanes no querían implicarse porque temían que un líder no alemán del Banco Central Europeo imprimiera dinero, porque la impresión de dinero conduce a la inflación y la inflación, a Hitler.”

“Ahí está la paradoja”, dice Menasse rasgando la voz de emoción. “Dicen que están defendiendo los intereses nacionales, pero mientras perjudican los intereses de los ciudadanos. Precisamente debido a la política de Merkel de defender los intereses nacionales, los alemanes acabarán pagando mucho más, pero en lugar de enfadarse con Merkel, la vuelven a elegir, porque afirma defender los intereses nacionales. Es totalmente irracional”.

“Una Europa postnacional”

En opinión de Menasse, todo son luchas en la retaguardia. Los Estados naciones están perdiendo cada vez más su importancia. “Por eso me considero un fan de la crisis. Un ejemplo sencillo: la supervisión bancaria. Hace tres años era inconcebible. Todos los jefes de Gobierno estaban en contra de ella. Con la crisis se ha hecho realidad. Y no, no estoy diciendo que la crisis sea una bendición, pero la crisis sí aumenta la presión de modo que, al final, se tomarán decisiones inteligentes”.

Pero ¿cuál es la alternativa? ¿Un gran imperio europeo, como el Imperio de los Habsburgo? ¿O una federación polifacética, como la antigua Yugoslavia? “Más bien la última opción. Una Europa de regiones. Imagino una Europa postnacional, que cree los prerrequisitos para que las regiones funcionen como las unidades administrativas más importantes. Piénselo: las naciones son agresivas en esencia, las regiones no. Las regiones no declaran guerras para ampliar su territorio”.

¿Un ejemplo? “Ningún vasco está interesado en un País Vasco integrado por regiones en las que no viva ningún vasco. Las regiones tienen fronteras naturales, que a menudo traspasan las fronteras nacionales. Como natural de Viena, siento una conexión más cercana con ciudades como Sopron en Hungría y Bratislava en Eslovaquia, que con el Tirol. ¡Ni siquiera entiendo a la gente del Tirol! La democracia requiere una base común para poder tomar decisiones comunes”.