En Croacia el tiempo pasa muy deprisa a medida que nos acercamos a la adhesión a la Unión Europea. Como un soldado que cumple el servicio militar, Croacia cuenta los días que quedan antes de convertirse en miembro de pleno derecho de la UE. Con el paso de los días, aumenta la impaciencia. Es cierto que esperamos la noche del 30 de junio con cierto recelo, pero será un momento único, porque llevamos mucho tiempo esperando entrar en la Unión.

En el contexto frenético de esta cuenta atrás, no hay que olvidar que esperamos este momento desde hace 10 años, concretamente desde febrero de 2003, cuando el primer ministro Ivica Racan presentó la solicitud oficial de adhesión en Atenas.

Todos sabemos que esa fecha no es realmente cuando comenzó todo. Le precedieron otros acontecimientos, como la Cumbre de Zagreb [entre la UE, Croacia, Albania, Macedonia, Bosnia-Herzegovina y Yugoslavia, el 24 de noviembre de 2000], al igual que el Acuerdo sobre la estabilización y la adhesión.

Los factores bruselenses

Algunos pueden tener la tentación de creer que en 10 años han cambiado pocas cosas. Todos los días parecían iguales. Nuestros dirigentes acudían a reuniones a Bruselas y los dirigentes bruselenses venían a nuestro país para asistir a reuniones. Se pasaban el tiempo debatiendo, a veces se encontraban con problemas graves cuya solución exigía tiempo y ralentizaba el proceso de las negociaciones, e incluso hubo veces que se detuvieron las conversaciones. Con mucha frecuencia teníamos proyectos que presentar, algo que hicimos con más o menos éxito. Según Bruselas, finalmente hemos satisfecho todas las condiciones y por consiguiente podemos adherirnos a la UE.

Cumplimos las condiciones impuestas como un alumno: la UE nos planteaba una tarea (adoptar una cierta normativa o poner en funcionamiento un plan de acción, por ejemplo). Nosotros lo hacíamos. Nos daban una buena nota y así sucesivamente. Para muchas personas, estos diez años, de los cuales seis han sido de negociaciones, han sido como un río largo que corría lentamente, sin cambiar de curso. Sin embargo, la víspera de la adhesión, ya nada es igual.

La sociedad ha madurado, han mejorado muchas cosas, el número de casos en espera de juicio ha descendido, el poder es más transparente que a principios del año 2000, los controles de seguridad sanitaria de los alimentos están más desarrollados, hemos aprendido incluso a ser más responsables en cuestión de dinero… pero será necesario seguir realizando esfuerzos y pulir las cosas incluso después del 1 de julio.

El precio a pagar

Uno de los logros más importantes a lo largo del proceso de adhesión sin duda ha sido el refuerzo de la función de los ciudadanos. Quizás lo habríamos logrado sin la UE, pero las negociaciones han acelerado este proceso. Hoy, los croatas ya no se contentan con participar en la vida política únicamente mediante las elecciones, sino que además luchan por sus derechos a través de asociaciones e iniciativas civiles y así refuerzan la democracia directa.

El ejemplo más elocuente que demuestra la evolución de la sociedad croata es la última Zagreb Pride (el desfile del orgullo, la marcha de los homosexuales por sus derechos) del 15 de junio. El primer desfile tuvo lugar en 2002, ocho meses antes de que Ivica Racan (el primer ministro de entonces) hiciera oficial nuestra solicitud de adhesión en Atenas. Entonces sin duda acudieron más heterosexuales que homosexuales a apoyar los derechos de estos últimos. Había pocos participantes, muchos menos que los opositores que no dudaron en demostrar su hostilidad de forma violenta, emprendiéndola con el desfile. Once años después, la Zagreb Pride se ha convertido en una manifestación política trivial. El derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo podría incluso ser objeto de una legislación de aquí a finales de año, algo impensable en 2002.

Para Croacia, la Unión Europea no era un objetivo fácil, pero lo ha logrado. La UE no ha dejado de presionar a Croacia para que realizara cambios, unos cambios que Zagreb aceptó, pues era el precio a pagar por nuestra adhesión. En este largo baile con la Unión Europea, han cambiado muchas cosas. La Unión Europea ya no se percibe como un Eldorado y la crisis ha tenido mucho que ver en este sentido. Los croatas ya no la idealizan, ya no se compara con un instrumento musical afinado que funciona a la perfección.

Hoy, la Unión Europea se ha convertido en una nebulosa de párrafos que se preocupan más por detalles como las aflatoxinas [hongos cancerígenos presentes en ciertos alimentos] que por los grandes ideales.

El baile con la Unión acabará el 1 de julio, con un programa especialmente ideado para la ocasión en la Plaza Central de Zagreb. También se organizará una ceremonia en la galería Klovicevi Dvori, apenas a unos metros de los cuadros de Picasso que expone. Croacia acaba de finalizar un ciclo y comienza otro, totalmente distinto.