Resulta interesante observar fotografías nocturnas de Europa tomadas por un satélite. Unos puntos blancos y luminosos indican claramente las zonas más desarrolladas: el Benelux, la región parisina, la cuenca del Ruhr y el valle del Rin, la llanura del Po también brilla, al igual que Roma y sus alrededores y el golfo de Nápoles. Gran Bretaña, Madrid, Barcelona y la costa portuguesa están bañadas de luz. En Europa Central, la mancha más luminosa es la de Silesia y también se distingue Praga, Budapest, Varsovia y Gdansk. Atenas y Belgrado parpadean. Un cordón de luz bordea el Bósforo y la fabulosa Estambul. En Rumanía, Bucarest, la zona más iluminada, está conectada con Ploieşti y más lejos, un trazo pálido recorta las tinieblas de los Cárpatos hasta Braşov. Más al este, se observan algunos puntos blancos (Kiev, Minsk), hasta Moscú, una isla de blancura en la inmensidad rusa.

El Parlamento Europeo ha decidido hacer de esta fotografía el cartel para las elecciones del año que viene, con el eslogan "Actuar. Reaccionar. Lograr". Una imagen vale más que mil palabras. En la fotografía, los cientos de miles de puntos luminosos trazan casi el contorno de la Unión, mucho más iluminada en general que el Este de Europa y el Norte de África. A pesar de sus problemas, la UE sigue siendo un lugar mejor que otros muchos en este planeta: es el mensaje que parecen querer transmitir los diseñadores del cartel. Sin embargo, si observamos más de cerca, la luz europea comienza a palidecer. La crisis del euro, la austeridad con su séquito de problemas sociales y las dudas sobre la viabilidad del modelo social europeo han afectado a la credibilidad del conjunto de las instituciones europeas. Incluso a la credibilidad del propio proyecto europeo.

Según el último Eurobarómetro de julio de 2013, el número de europeos que ha perdido la confianza en la Unión ha superado el 60%. Es el doble con respecto al porcentaje de 2007, antes de que se desencadenara la crisis. En las elecciones europeas de junio de 2009, el índice de participación apenas superó el 43%, mucho menor que el porcentaje de entre el 60% y el 70% de las elecciones nacionales en las democracias avanzadas. Un porcentaje inferior al de 2009 pondría seriamente en duda la legitimidad del Parlamento Europeo, cuyos poderes sin embargo se han reforzado, tal y como prevé el Tratado de Lisboa.

El Parlamento Europeo, siempre activo

Por primera vez, los ciudadanos de la UE tienen la posibilidad de elegir indirectamente [votando un Parlamento que seguidamente elegirá] a la persona que ocupará el puesto de presidente de la Comisión Europea en los próximos cinco años

Por primera vez, los ciudadanos de la UE tienen la posibilidad de elegir indirectamente [votando un Parlamento que seguidamente elegirá] a la persona que ocupará el puesto de presidente de la Comisión Europea en los próximos cinco años. El Consejo Europeo propondrá un candidato para esta función, teniendo en cuenta los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo. A continuación, la propuesta se presentará al Parlamento para su aprobación. De este modo, los candidatos a la presidencia de la Comisión tendrán la obligación de buscar apoyo en los Estados miembros, como los dirigentes políticos locales durante las elecciones nacionales. Esto debería fomentar el debate y conocer de cerca la problemática europea del ciudadano.

Pero el Parlamento Europeo ya ha estado implicado en decisiones cruciales para los ciudadanos de la UE: la contención de los patinazos presupuestarios, la respuesta a la crisis de la deuda soberana, la ruptura del vínculo entre los desequilibrios y las deudas públicas. Por no hablar de la función crucial que ha desempeñado el Parlamento Europeo en la adopción del presupuesto. El Parlamento también ha dado luz verde a la nueva Política Agrícola Común o al futuro gobierno del espacio Schengen.

A lo largo de los últimos años, las instituciones europeas han reaccionado a ciertos desafíos de carácter político, como las desviaciones de algunos Estados miembros en materia de normas democráticas y del Estado de derecho. Y en este sentido, nos encontramos en primer lugar a Hungría y a Rumanía, aunque sólo el primero de estos países desencadenó una resolución del Parlamento Europeo. El gran desafío para el futuro mandato dependerá de la dirección que ejerza el Parlamento en la UE después de la crisis. ¿Tendremos una Unión Europea más unida, más próxima al modelo de los "Estados Unidos de Europa"? ¿Tendremos una Unión de Estados más o menos integrados? ¿O asistiremos incluso a la disolución de la Unión? El desafío es enorme y corren malos tiempos.

Extremismos a la sombra de los Estados-naciones

En realidad, el extremismo gana terreno, y no sólo por el aumento de poder de las formaciones "marginales". Incluso los partidos tradicionales adoptan el lenguaje de los extremistas, en un intento desesperado de detener la hemorragia de los votos. Algunos lo logran en cierta medida, otros no. Pero una cosa está clara: las elecciones nacionales se ganan haciendo campaña más bien contra la UE que a su favor.

En Austria, la "gran coalición" entre socialistas y cristiano-demócratas ha mantenido una mayoría frágil tras las elecciones. Pero el Partido de la Libertad (FPÖ), fundado por Jörg Haider, es el único que ha mejorado sus resultados (con un 21,4% de los votos, más del 4% con respecto a las elecciones anteriores). Y se trata de Austria, el país que se enorgullece de tener el índice de desempleo más bajo de la UE y de sortear la crisis sin demasiados estragos, precisamente gracias... ¡a la ampliación de la UE!

¿Y qué decir de Grecia? Allí, el crimen político ha salido a la calle y el arresto de los dirigentes de Amanecer Dorado no ha hecho sino aumentar la "cuota" de esta formación neo-fascista. En Francia, el lanzamiento de la campaña para las elecciones municipales del próximo mes de marzo ha demostrado que tanto el partido del centro-derecha UMP como el Partido Socialista se van a inspirar sin tapujos en el arsenal propagandístico del Frente Nacional.

Los puntos luminosos en el cartel promocional de las elecciones europeas dicen mucho, pero la pregunta es si las manchas sombrías de las realidades políticas no corren el riesgo de diluir su mensaje.