Con lágrimas en los ojos, Mohamed cuenta cómo su hermano más joven fue decapitado por ISIS porque quería dejar el grupo al que se había unido unos meses antes. De 27 años de edad y exestudiante de la Universidad de Damasco, trabaja como camarero en un bar frente a la estación de tren de Basmane de Esmirna. Los locales siguen llamando a la zona "Pequeña Siria", aunque los refugiados ya no son vistos por la estación de tren, en el cercano Parque de la Cultura, o en cualquiera de las calles adyacentes. Las únicas huellas de los solicitantes de asilo que inundaron Esmirna en los últimos meses son los chalecos salvavidas ocasionales que aún se exhiben en las tiendas.

Los cafés y las calles desiertas y la relativa calma en torno a la estación de tren y la terminal de ferry son la consecuencia directa de aquello a lo que todo el mundo se refiere como el acuerdo UE-Turquía: el 18 de marzo de 2016, los líderes de la UE y Turquía acordaron poner fin a la migración irregular desde Turquía hasta la UE y sustituirlo por vías legales para reasentar a los refugiados en la UE. El objetivo es sustituir los flujos migratorios desordenados, caóticos, irregulares y peligrosos por otros organizados, seguros y legales hacia Europa para aquellos que tienen derecho a la protección internacional de acuerdo con la UE y el derecho internacional.

Según el acuerdo, los inmigrantes que ya han llegado a las islas griegas son devueltos a Turquía desde donde se supone que su reasentamiento en los países europeos es procesado. El acuerdo entró en vigor el 20 de marzo de 2016, y el 4 de abril de 2016 se estableció como fecha límite para el inicio del retorno de las personas que llegaron a Grecia después del 20 de marzo y de los primeros reasentamientos.

Un mes más tarde, los pocos inmigrantes ocasionales que todavía llegan a Esmirna se dirigen inmediatamente hacia un punto de recogida donde se evalúa su caso, de acuerdo con un trabajador de los servicios sociales (que no desea revelar su nombre) que trabaja para la Asociación para la Solidaridad con los Solicitantes de Asilo y Migrantes (ASAM). El principal objetivo de esta asociación es proporcionar apoyo y satisfacer las necesidades básicas materiales de los refugiados y los solicitantes de asilo, pero también proporcionar asesoramiento jurídico y social.

Declara que los sirios reciben un tratamiento diferente de los inmigrantes de otras nacionalidades. Los no sirios son llevados a un punto de recogida también conocido como centro de expulsión, donde esperan que su caso sea revisado o sean enviados de regreso a su país de origen.

Los sirios, por el contrario, son transferidos a una de las 62 ciudades satélite donde se les permite asentarse. Tienen que registrarse dentro de los 15 días posteriores a su llegada y después de una exhaustiva investigación de sus antecedentes, que puede durar hasta varios meses, se les da una tarjeta de identificación de protección temporal (TP) que les da derecho a permanecer en Turquía. "Queremos sobre todo asegurarnos de que no tienen antecedentes criminales o entrenamiento terrorista", explica un funcionario de la DGMM, la agencia gubernamental responsable de la inscripción de los solicitantes de asilo y de la emisión de tarjetas de identificación de la protección temporal.

La oficina de la DGMM de Esmirna, en la calle Sokak, cerca del bazar de Kemeralti asiste a un flujo regular de solicitantes de asilo que vienen a inscribirse o para obtener sus documentos, una vez listos. En el día en el que lo visitamos, una familia de cinco (que no desean ser identificados o fotografiados) nos muestra modestamente sus nuevas identificaciones, una simple tarjeta laminada en blanco y negro con una foto borrosa.

Con estas en la mano, ahora pueden vivir legalmente en una de las 62 ciudades satélites dispersas por Turquía donde se les proporciona educación y asistencia sanitaria gratuitas, pero donde tienen que valerse por sí mismos en cuanto a empleo y alojamiento.

El camarero Mohamed, que ha estado en Esmirna durante siete meses, ha renunciado a la idea de reasentarse en el extranjero. Después de la muerte de su hermano, él y dos de sus otros hermanos se embarcó en el peligroso viaje a Europa a través de Turquía y después de intentos fallidos para cruzar a Grecia decidió quedarse en Turquía. Ahora que sus solicitudes para estudiar en universidades de los Estados Unidos y Canadá han sido rechazadas, se resigna a esperar hasta el final del conflicto en Siria, aquí, en Turquía. "Estoy, estamos todos esperanzados de que va a terminar y de que podremos volver", dice antes de alejarse súbitamente de nuestra mesa para servir a nuevos clientes.

Los inmigrantes en Turquía están optando cada vez más por quedarse aquí. En Cesme, 100 km al oeste de Esmirna, en la costa del mar Egeo, a sólo seis millas de la isla griega de Chios, y antes uno de los punto de acceso calientes para los inmigrantes con destino a la UE, no se ve a ningún inmigrante ahora. La policía local dice que han recibido la orden de escoltar a los migrantes a Esmirna. Los guardacostas, traumatizados por meses de rescates marinos peligrosos y de recuperar los cuerpos de los inmigrantes que no llegaron a la orilla, dicen que no han sido llamados en las últimas semanas.

En la noche del Lailat al-Mi'raj (la noche de la Ascensión musulmanes) nos encontramos con tres refugiados sirios. Caminan alrededor de Cesme con algunos colegas kurdos y comparten dulces como es la tradición en la noche de Lailat. Al igual que Mohamed, han decidido quedarse en Turquía. Ellos trabajan como obreros en una fábrica de ladrillos y dicen que es más fácil establecerse aquí: "A diferencia de Europa somos libres de seguir nuestra religión aquí, nuestras mujeres pueden llevar el hiyab y tenemos una relación cómoda con los kurdos", dicen.

Algunos turcos se quejan de que los sirios, que aceptan trabajar por un tercio de los salarios normales, están haciendo la vida más difícil para ellos. Incluso hubo protestas en Dikili contra los planes para construir un campo de refugiados allí. Sin embargo, en términos generales, los ciudadanos turcos han mostrado comprensión y solidaridad hacia los refugiados.

En Manisa, una de las 62 ciudades satélite, donde los sirios son bienvenidos a asentarse, la población local manifiesta que no se ha visto perturbada por la presencia de refugiados sirios y que están bien integrados.

De vuelta en Esmirna, nos encontramos con Burhanettin Kansizoglu, responsable de la IMHAD, una organización musulmana que promueve la educación y las actividades culturales. De acuerdo con Kansizoglu, IMHAD ha ayudado a la creación de cinco centros educativos temporales para emigrantes sirios, incluyendo una escuela en Konak que ofrece clases diarias, transporte y comida para un máximo de 1.800 estudiantes. Sin embargo, estima que la mayoría de niños sirios no va a la escuela debido a la falta de fondos y de instalaciones. IMHAD recluta maestros de la comunidad siria y los estudiantes que asisten a la escuela siguen el programa oficial educativo de Siria. Aparte de los maestros que reciben un sueldo de 1.000 TL (300 euros) al mes, todos los demás trabajadores de IMHAD son voluntarios.

Estudiante de grado 9 y con 16 años, Beyza Karatas, es uno de ellos. Dice que ella y sus compañeros de clase organizan eventos caritativos para recaudación de fondos y actividades de grupos de juego para niños sirios. Beyza asiste a una escuela experimental solo para chicas musulmanas en Esmirna, en la que además del plan de estudios normal turco se enseña el árabe y el inglés. Las actividades escolares incluyen kickboxing, Tae Kwon Do y tiro con arco. Ella y todos sus amigos son ambiciosos y dicen que quieren ser abogados, médicos y pilotos de líneas aéreas. Pero su última ambición, como dicen por unanimidad, "es salvar al mundo."

Este reportaje ha sido publicado en asociación con The New Continent un proyecto periodístico a largo plazo y una plataforma colaborativa con el objetivo de documentar las historias de las personas que viven dentro o fuera de las fronteras de Schengen de Europa. El proyecto ha sido iniciado por el fotógrafo documental francés Phil Le Gal.