Cuando Pedro Passos Coelho [líder de la oposición conservadora] preguntó a Bruselas hace unos meses si podrían conceder a Portugal otro año para reducir su déficit, le tacharon de inmaduro, de irresponsable y de influencia desestabilizadora. Precisamente ayer, se concedió a Portugal lo que había pedido. Y menos mal. ¿Qué vamos a hacer ahora para evitar que un año más sea simplemente "otro año más"?

Hoy conoceremos el programa de austeridad del FMI, del BCE y de la UE. Será más estricto que el PEC IV (4º programa de estabilidad y crecimiento). Pero no será tan duro como el “PEC V” que fue objeto de una confabulación. Ahora estamos asistiendo al debate político de la victoria: el juego de “es por su culpa” ha pasado a ser “el mérito es nuestro”.

Los jugadores son los mismos: PS (Partido Socialista), PSD (Partido Social Democrático, conservador) y PP (Partido Popular). Y son tres los que merecen más elogios por la tolerancia que mostraron ayer hacia Portugal. Pero es un trío diferente: el FMI, la UE y el BCE. Un poco de agradecimiento sería mejor que la soberbia.

La intervención en Portugal sólo ha sido autoritaria

La intervención externa en Grecia fue autoritaria, amarga e improvisada. En Portugal sólo ha sido autoritaria. La troica nos ha concedido un año para reducir el déficit presupuestario, no por pura clemencia, sino porque cree que, de este modo, su “plan” tiene más posibilidades de funcionar. Sin embargo, el júbilo de ayer del primer ministro José Socrates es superfluo.

La austeridad que ya hemos implantado y las nuevas medidas que se avecinan son dignas de un poco de pudor. Pero las elecciones son como un carnaval, por lo que nadie se siente ofendido: los políticos son sólo máscaras. Hoy se conocerán los detalles de la buena noticia de ayer. Existen tres tipos de medidas: las de consolidación fiscal para reducir el déficit y la deuda, las políticas económicas para aumentar el crecimiento potencial y las dirigidas a la sostenibilidad en el sistema financiero.

Los jubilados verán un recorte en las pensiones de más de 1.500 euros. 1,4 millones de familias de trabajadores y pensionistas de clase media pagarán más impuestos sobre la renta (IRS) (a través de los límites impuestos en las prestaciones de educación y sanidad). El Estado privatizará todo lo que pueda a precios de ganga. La prestación por desempleo se reducirá y se abaratará el despido para las empresas. Se recortará la ayuda para la adquisición de viviendas. Se obligará a los bancos a conceder menos préstamos. Se exprimirá a las empresas de transporte público. Se está estudiando un aumento del IVA, para compensar la reducción de los pagos de la seguridad social de las empresas.

Unas reformas para poner boca arriba al país

¿Y todo esto para qué? Para poner boca arriba al país, cuando se encuentra al revés. La troica no se ha comportado como un cobrador de deudas que ha venido para hacer cumplir las responsabilidades del pago. Ha traído, tal y como veremos hoy, un plan estratégico para que la economía sea más justa y más competitiva. Los portugueses, como son conservadores, lo odiarán. Pero ahora mismo ocupan el poder los liberales [la troica]. No son portugueses y no los han elegido los portugueses, pero son los que tienen el poder.

Los bancos sufrirán un revés, pero estarán protegidos en lo que respecta al acceso a la liquidez. Esta liquidez se inyectará posteriormente en la economía, con condiciones. Las leyes laborales se relajarán, mejorará la movilidad social, el aumento de los sueldos dependerá de la productividad en lugar de la inflación, aprenderemos a tener una vida basada en la economía nominal, sin palancas. Las empresas de sectores protegidos perderán privilegios, habrá más competencia. Se espera que el sistema judicial portugués se reforme.

Tenemos un nuevo año para realizar esta tarea. Es una buena noticia. No lo vamos a pasar bien, va a ser duro. Con ello nuestras vidas deberían cambiar. Mejor cambiar de vida que de moneda, de soberanía o de país. Feliz año nuevo.