Debe ser el peor beso de la historia del cine. Dos chicas jóvenes se miran frente a frente, delante de una pared blanca. Estiran el cuello, juntan los labios y torpemente flexionan las mandíbulas. No hay ni un ápice de pasión. Parecen más bien dos pájaros intentando alimentarse mutuamente. Tras un atroz minuto con esta escena, se detienen. Una de ellas dice que va a vomitar. Se frotan torpemente las lenguas un poco más y acaban escupiéndose una a la otra y luego tirándose frambuesas, antes de gritarse como gatas.

En este film -"Attenberg"- de la directora griega Athina Rachel Tsangari, las cosas no son mucho más normales a partir de esta escena. Su heroína es Marina, una singular joven de 23 años a la que le repugna la idea del contacto humano. Mantiene una estrecha relación con su padre moribundo, al que le comenta que se lo imagina desnudo "pero sin pene". Entre otras de sus aficiones se encuentran la música de Suicide y los documentales de David Attenborough. Aunque pueda parecer una chiflada indie en clave de comedia romántica al estilo de Zooey Deschanel, es totalmente lo contrario. Al igual que la historia a su alrededor, Marina es desafiantemente excéntrica, pero también inteligente, sensible y en cierto modo racional.

Los amantes del cine internacional se habrán dado cuenta de que Attenberg no es la primera película brillantemente extraña que ha salido de Grecia en los últimos tiempos. El año pasado se estrenó "Canino", de Yorgos Lanthimos, un estudio inexpresivo y surrealista de incorrección familiar en el que a tres adolescentes les recluyen en su casa y se les informa erróneamente y de forma sistemática sobre el mundo exterior, hasta el punto de que creen que los gatos son animales salvajes y asesinos, que los zombies son pequeñas flores amarillas y que el incesto es un pasatiempo de lo más normal.

La extraña ola griega de cine independiente

En los últimos años, la imagen global de Grecia ha pasado de ser el lugar idílico de vacaciones en el Mediterráneo y de las grandes bodas griegas a un centro de problemas y caos. Y no sólo en términos económicos; no olvidemos que Grecia tuvo sus propias protestas callejeras en 2008. Así que, quizás sea de esperar que el cine del país también esté cambiando. El creciente número de películas griegas independientes e inexplicablemente extrañas que se están realizado ha llevado a los observadores de tendencias a anunciar la irrupción de un nuevo movimiento griego, o como algunos lo denominan la "extraña ola griega". Tanto si esta etiqueta se ajusta o no a la realidad, si realmente existe esta ola, sea extraña o no, lo que está claro es que Lanthimos y Tsangari están en la cresta. Dogtooth ganó un premio en Cannes y estuvo nominada a los Oscar; Ariane Labed, la actriz de Attenberg, ganó el premio a la mejor actriz en el Festival de Cine de Venecia del año pasado.

¿Es una coincidencia que el país más desquiciado del mundo esté creando el cine más perturbado? Puede que "Attenberg" no hable directamente de la crisis financiera de Grecia, pero a su modo refleja a la generación griega actual y el legado que ha recibido. La película está ambientada en una nueva población industrial de la década de los sesenta llamada Aspra Spitia, que claramente vivió tiempos mejores. El padre moribundo de Marina, un arquitecto, lamenta el fracaso de su modernismo utópico. "Construimos una colonia industrial sobre rediles de ovejas y creíamos que estábamos haciendo una revolución" le comenta a su hija. "Te dejo en manos de un nuevo siglo sin haberte enseñado nada".

"Canino", también, a pesar de su premisa abstracta, podría interpretarse como una acusación a la generación antigua, en cuyo contexto resuenan sus imágenes de adolescentes que tropiezan con los ojos vendados en su propio jardín, que se anestesian para pasar el tiempo y que citan películas estadounidenses ignorando totalmente lo que están diciendo.

"Lo único que tenemos en común es que no hay financiación"

A pesar de su éxito con "Canino", Yorgos Lanthimos se muestra escéptico ante la idea de que esté sucediendo algo en el cine griego. "Bueno, lo cierto es que llega un momento en el que la gente siente la necesidad empezar a notar algo", afirma. "No es una coincidencia, pero me temo que tampoco hay ningún fundamento. No hay ninguna filosofía común, lo que en mi opinión es positivo. Lo único que tenemos en común es que no tenemos financiación, por lo que tenemos que crear nuestras propias películas con pocos medios".

Lo que sí une a la nueva generación de Grecia es la preocupación por la familia, señala Tsangari. "Es una obsesión griega. El motivo por el que nuestra política y nuestra economía están en esta situación tan problemática es porque se gestionan como una familia. Es lo que conocemos". En un sentido más amplio, los jóvenes griegos están en contra de la tiranía de sus ancestros, de la nostalgia griega por su propia historia. "El siglo XXI es algo que todos intentamos subvertir".

Queda por ver si será fácil conseguirlo. La nueva película de Lanthimos, "Alpis" (producida por Tsangari, por supuesto), se estrenará el mes que viene en Venecia. "Es sobre un grupo de individuos que se ofrecen para suplantar a personas fallecidas a sus familiares y amigos", explica. "Básicamente, trata sobre una enfermera que se encuentra con personas en el hospital que han perdido a alguien, y se acerca a ellos como clientes. Es bastante ridículo y trágico". Pero Lanthimos no cree que pueda seguir realizando películas en Grecia: "Pensé que el éxito de 'Canino' lo haría más sencillo, pero ya no lo creo. No sé durante cuánto tiempo se sacrificará la gente por el arte".