Los residentes de las pequeñas comunidades del distrito de Kilcommon, en el condado de Mayo, situado en la costa occidental irlandesa, llevan ya ocho años haciendo campaña contra el proyecto de Shell de instalar un gasoducto a través de su región para llevar gas desde el Atlántico hasta una refinería instalada en tierra firme. Su protesta no tuvo demasiado eco en los medios nacionales hasta 2005, cuando cinco residentes del pueblo de Rossport fueron encarcelados por negarse a permitir que Shell accediera a sus tierras. En los años siguientes se han producido centenares de detenciones más y se han acumulado varios meses de prisión, a la vez que la campaña alcanzaba proyección nacional e internacional.

Mientras Shell insiste en los beneficios económicos del proyecto, opositores como Shell to Seaconsideran que no se ha tenido suficientemente en cuenta el impacto sobre la salud pública, la seguridad y el medio ambiente que puede tener la parte del proyecto que debe realizarse en tierra firme. Ahora que el gasoducto procedente del Yacimiento Petrolero de Corrib llega a la costa de Glenglad, este año, Shell ha licitado para obtener el área de 9 kilómetros de tierra de la conducción a la refinería en Bellanaboy. Una audiencia de la An Bord Plenala (la Junta Planificadora Irlandesa) enfrentó este verano el conocimiento experto acumulado de los activistas locales con las certezas científicas de Shell. La sesión comenzó en mayo y terminó el 25 de junio, semanas durante las cuales se examinaron 120 documentos y 80 propuestas.

Intimidación de los activistas locales

Los residentes locales están convencidos de que la Junta cederá ante la inevitabilidad de un proyecto realizado ya en un 80% y visto por muchos como una cuestión de seguridad nacional. Sus presentaciones se centraron en el carácter experimental del gasoducto, la alta presión del gas y la falta de consulta en lo que respecta al proyecto. Se trataron durante mucho tiempo y con facilidad cuestiones técnicas complejas. Los consultores contratados por Shell para vender el proyecto en el área no contaban con que presentaran un análisis tan exhaustivo y con frecuencia tuvieron dificultades para responder a las preguntas.

Los eventos en el exterior de la audiencia influyeron en los ánimos del interior. Las tensiones entre la comunidad y el consorcio liderado por Shell se agudizaron tras el hundimiento a mediados de junio a manos de desconocidos del barco de Pat O’Donnell, pescador y activista que se opone al proyecto en su estado actual. Los habitantes del lugar se retiraron temporalmente de la audiencia en solidaridad. A esto le siguió el ataque en abril que sufrió el granjero Willie Corduff por parte de hombres enmascarados. Corduff, hospitalizado tras el incidente, ha protestado por lo que tanto él como otras personas consideran un intento ilegal de Shell de acotar el área en la que el gasoducto toca tierra.

¿Un gasoducto como los otros?

El flujo de gas de alta presión de Corrib llegará a una instalación de válvula terrestre (IVT) en Glengad Beach, mediante un mecanismo rodeado de misterio. "Se trata de un gasoducto como otro cualquiera", afirmó Shell durante tres días, hasta que, tras un examen riguroso, la empresa confesó. ¿Era diferente al resto? "Sí", fue la escueta respuesta que dieron. Phil Crossthwaite, consultor de Evaluación cuantitativa de riesgos (ECR) de Shell, criticó a sus clientes por "cortar y cambiar" los códigos de seguridad, algo que "no se considera precisamente una buena práctica".

Entretanto, Nigel Wright, consultor sobre gasoductos del An Bord Pleanala, expresó su preocupación ante el hecho de que el promotor pasara por alto factores de riesgo importantes como la corrosión interna, el hidrato de metano, los fallos de construcción y la inestabilidad del gasoducto en el terreno de turba. Wright planteó la cuestión de lo que él denominó "una presión ultra alta" del gas a 144 bares, casi el doble del índice normal de transmisión de gas en Irlanda y en el Reino Unido. Se preguntó si la empresa estaba realizando "un proyecto de investigación y desarrollo" en lugar de un campo de gas altamente complejo que requería los más altos niveles de garantías en materia de salud y seguridad. Esta pregunta dejó a los presentes perplejos.

30 segundos para escapar de la muerte

La falta de un plan completo de gestión y de un marco de trabajo de seguridad y supervisión del proyecto hizo que Shell propusiera un plan de seguridad de 30 segundos según el cual, los habitantes de todas las edades tendrían que caminar a una velocidad de 2,5 metros por segundo para evitar la muerte en caso de una rotura del gasoducto. Los expertos de Shell obviamente no habían caminado sobre la turbera, una superficie difícil de recorrer a cualquier velocidad y asumieron que se encontraría un refugio a los 30 segundos de que se produjera un accidente. Cualquiera que conozca el área sabe que si se cuidan ovejas o se corta turba a lo largo de la ruta propuesta del gasoducto, se encuentran lejos de cualquier refugio.

La instalación de válvula terrestre (IVT) de Shell reducirá la presión de 345 bares a 144 en el punto en el que toca tierra. Sin embargo, la IVT se encuentra situada en un terreno sobre la playa en Glengad, con lo que los habitantes locales se exponen una presión de gas de 345 bares al llegar a tierra y a mucho menos de los 500 m estándares de distancia de sus hogares. Además, el grueso conducto, sustentado por 3,79 toneladas de acero, aumentará el hundimiento en la zona inestable de la turbera. En un obvio descuido, Shell contó 49 viviendas en el recorrido del gasoducto en su Declaración de impacto medioambiental de 2008. Un año después, en su declaración revisada ahora incluye 82 viviendas, 79 de ellas dentro de la zona mortal de menos de 500 m. Una de ellas es propiedad de una pareja de jubilados, a tan sólo 40 m del recorrido del gasoducto.

La comunidad local propone Glinsk, un lugar aislado

El principal abogado de Shell citó la legislación sobre los hábitats prioritarios en la UE, que indica que un proyecto de desarrollo puede llevarse a cabo, independientemente de las “implicaciones negativas” y la “ausencia de soluciones alternativas” cuando están en juego “motivos imperativos para pasar por alto el interés público, incluidos los de carácter social y económico”. Sin embargo, la ruta de preferencia puede enfrentarse a insalvables dificultades jurídicas, ya que los hábitats prioritarios de la UE pueden tener preferencia ante los problemas de seguridad energética. El Departamento de Medio Ambiente, en su presentación final, sobre la construcción de un camino de piedra y la colocación del gasoducto afirmó “que existe una duda científica razonable con respecto a la ausencia de efectos adversos en la integridad del lugar". Si el Comité no puede concluir que el desarrollo propuesto no afectará adversamente a la integridad del lugar, "no puede conceder el permiso".

La “anulación” de los intereses económicos y sociales sólo se aplica si no existe una solución alternativa. La gente de Erris identificó hace tiempo la zona remota de Glinsk como una posible alternativa. Un experto describe Glinsk como " ...una opción de ubicación ampliamente superior en lo que respecta a las cuestiones de salud, seguridad y medio ambiente". Cuando se presionó a Shell sobre esta cuestión, se escudó en un documento de la empresa que anteriormente recomendaba una ruta de gasoducto que atravesaba Dooncarton… escenario de un desastroso desprendimiento de tierra en 2003.

En una presentación final en la audiencia, un residente local señaló que la comunidad había intentado durante más de ocho años "ayudar a este demandante (Shell) para hacer del "titánico" Corrib un proyecto seguro, pero rechazaron todas las ofertas de ayuda". Esto y otras presentaciones confirman lo que la mayoría de los medios se ha negado en rotundo a reconocer: que la gran mayoría de los habitantes de la zona quieren que el gas llegue a tierra, pero consideran el proyecto un peligro de muerte en su forma actual. Shell reconoció durante las audiencias que el concepto del proyecto siguió "la línea de menor resistencia" en lugar del principio preventivo, una confesión que ha dejado a la comunidad de Erris atónita y con temor por sus vidas.