Cover

Así, en Bélgica, “la compra de F-35 choca con una fuerte resistencia por parte de los socialistas”, como titula en portada De Standaard. Los flamencos del SP.A y los francófonos del PS se oponen al proyecto del ministro de Defensa, Pieter de Crem (democristiano flamenco), de comprar los JSF. Consideran que en un periodo de crisis, la compra de estos aviones, que cuestan 62 millones de euros cada uno, “es una locura”, informa el diario. También hacen hincapié en que de aquí a diez años, sus prestaciones tecnológicas estarán anticuadas.

Lo mismo sucede en los Países Bajos: la decisión de inicios de julio del Gobierno de comprar 37 JSF (en lugar de los 85 previstos), confirmada el 17 de septiembre, se ha topado con el enfrentamiento de los liberal-conservadores del primer ministro Mark Rutte con sus socios de coalición laboristas (PvdA). Los diputados laboristas acusan en efecto al Gobierno y a los dirigentes del PvdA de haberlos puesto delante de un hecho consumado, explica De Volkskrant según el cual “no se ha dicho la última palabra” en este asunto.

La decisión de los Países Bajos es quizá “una buena noticia para Lockheed Martin”, que fabrica los JSF, “pero lo es mucho menos para Italia y su ambición de ejercer un papel de primer plano en Europa dentro del programa militar más costoso (y más rico) de la historia”, comenta por su lado Il Sole 24 Ore desde Milán.

Los F-35 destinados a Italia y a los Países Bajos deben ser ensamblados en una fábrica de 700 millones de euros construida expresamente en Cameri (noroeste de Italia), pero el pedido inicial ha sido reducido de 216 aviones en total a 127 (Italia ha pasado de 131 a 90). La viabilidad de la operación para Alenia Aermacchi y las otras empresas italianas implicadas se ve ahora comprometida con tal cambio. Il Sole 24 Ore recuerda que con el fin de justificar el compromiso de Italia dentro de este programa, a pesar de su retraso, sus crecientes costes y la hostilidad de la opinión pública, el Gobierno había prometido la creación de 10.000 empleos.

Otro golpe para el programa ha venido de Noruega, que contempla contratar el mantenimiento y el entrenamiento de sus JSF a Reino Unido en lugar de Italia, concluye Il Sole :

a menos que se produzca un acuerdo improbable con Turquía o Israel, que son otros clientes del F-35, Cameri se arriesga a ser otra catedral en el desierto.