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El 10 de septiembre, el presidente electo de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, presentó su equipo. Un anuncio acogido por la mayoría de los medios de comunicación con una mezcla de curiosidad y de escepticismo.

Para De Volkskrant, la Comisión Juncker, es “*políticamente un peso pesado, con sus cinco ex primeros ministros, cuatro ex vice-primeros ministros y “un puñado de ministros de talento”. Este equipo será, “por lo menos sobre el papel, un contrapeso a los jefes de gobierno, que cada vez más controlan la UE”. El diario holandés califica de “revolucionario” el método Juncker : “pone fin a decenios de una cultura en la que cada comisario reinaba como soberano de su propio feudo.”

Lluis Bassets, director adjunto de El País, considera, que se trata indiscutiblemente la “Comisión Juncker*”, puesto que el ex primer ministro luxemburgués ha elegido verdaderamente aquellos que quería a su lado. Un signo, para el diario español, que “Juncker quiere mandar” y que no está “sometido a la servodirección alemana."

No solamente Juncker ha elegido personalmente a sus comisarios, pero su Comisión lleva la huella de su familia política, subraya el Financial Times. Juncker, efectivamente

ha situado a sus aliados de centro-derecha en los puestos clave del próximo Ejecutivo europeo, un signo que el francés Pierre Moscovici, el único político de centro-izquierda en el grupo, podría tener dificultades para modificar la visión europea de la crisis económica.Moscovici [...] ha obtenido el precioso puesto de Asuntos Económicos, pero está rodeado, en el seno del equipo económico, por políticos partidarios de la disciplina presupuestaria. Por otra parte, Juncker ha nombrado a Frans Timmermans, el ministro de Asuntos Exteriores holandés, “primer vice-presidente”. [Este último] calificado de “mano derecha del presidente” se asegurará de que la nueva Comisión se concentra sobre un puñado de prioridades – un mensaje claro al creciente euroescepticismo. En La Haya, Timmermans estaba entre los más acérrimos partidarios de mantener los poderes en el seno de las capitales, en lugar de transferirlos a Bruselas.

“la UE ha encargado al zorro cuidar del gallinero”

Quartz, el sitio web norteamericano de actualidad económica juzga por su parte que nombrando a Moscovici al frente de Asuntos Económicos — “donde, debería pedir menos de austeridad y más políticas a favor del crecimiento” y al británico Jonathan Hill en Servicios Financieros, “una importante concesión al poderoso lobby financiero de Londres”, “la UE ha encargado al zorro cuidar del gallinero”.

En Frankfurter Allgemeine Zeitung, el editorialista Werner Mussler estima que Juncker debe responder a

la cuestión de saber por qué el francés Moscovici se ha visto atribuir una cartera importante [Asuntos Económicos y Monetarios, Fiscalidad y Aduanas], mientras que el comisario alemán Günther Oettinger se ha hecho con una cartera, desde luego importante, pero de de título dudoso, como Economía Digital.

Para Ludwig Greven, en Die Zeit Online esta distribución constituye claramente una “afrenta” hacia la canciller alemana:

Angela Merkel quería evita hacer del socialista [Pierre Moscovici] en parte responsable del alto nivel de la deuda en Francia. No se fía de él para respetar el pacto de estabilidad en Francia y en los demás países endeudados como Italia. Juncker ha ignorado estas preocupaciones y seguido los consejos del presidente francés François Hollande.

Para Le Monde, la tarea que espera a Jean-Claude Juncker es “inmensa, después de que la institución que representa el ideal europeo haya salido debilitada de los diez años de persidencia del portugués José Manuel Barroso*”.

El diario estima que

la Comisión se ha convertido en algo informe, desde que cuenta con veintiocho comisarios, uno por Estado miembro. Es incapaz de fijar un verdadero objetivo europeo. No ha tomado una sola iniciativa durante la crisis del euro, dejando a los jefes de gobierno [...]decidir por sí solos sobre el rescate del euro con el Banco Central Europeo (BCE).

Según Le Monde, Juncker “tiene tres misiones principales” : la “consolidación del euro”, y para ello “debe servir de intermediario entre los enfermos y los que están bien, entre Francia y Alemania”. Segunda misión: Juncker tendrá que “mantener al Reino Unido en Europa”, porque “su salida sellaría a los ojos del mundo el fracaso del proyecto comunitario”. Finalmente, tendrá que “poner en marca una política de inmigración común. El rencor hacia la UE funciona con frecuencia de paraguas para enmascarar un reflejo de rechazo de una inmigración percibida como incontrolada”.