Las elecciones regionales de Francia y España han presenciado el ascenso de un nuevo fenómeno político. En ambos países, un embrionario sistema tripartidista, o incluso con cuatro partidos en el caso de España, ha emergido: partidos normalmente excluidos de los conceptos de alternancia en el gobierno han hecho importantes avances electorales. Algunos ni siquiera existían hace un par de años y han nacido a raíz de la crisis económica sufrida.

En España, las elecciones autonómicas de Andalucía – celebradas el 22 de marzo y ganadas por el Partido Socialista contra el Partido Popular – presenciaron la irrupción de dos nuevas fuerzas políticas. Podemos y Ciudadanos consiguieron un cuarto de los votos y se han convertido en el tercer y cuarto partido más fuertes de la región, respectivamente. Esta ha sido la primera cita electoral del año en España: las municipales y otras elecciones autonómicas se celebrarán en mayo, mientras que las generales podrán ser convocadas a partir del próximo mes de noviembre. Podemos recibió un éxito inesperado en las [elecciones europeas del 2014], partido que puede ser en España lo que Syriza es en Grecia: un partido que quiere romper con las políticas de austeridad impuestas en toda Europa. Ciudadanos nació en 2006, situándose en el centro político, y ha visto disparada su popularidad, al igual que Podemos, gracias a votantes descontentos con la crisis económica y la percepción de corrupción existente en los principales partidos españoles.

Todo esto supone una “auténtico terremoto político”, escribe José Oneto en la pagina web República de las Ideas—

el bipartidismo sobre el que ha venido funcionando el país desde el inicio de la Transición a la democracia, está a punto de desaparecer.

El País, al mismo tiempo, atribuye el fin del bipartidismo tradicional a las demandas de una democracia regenerada por parte de los ciudadanos

Una nueva generación se está haciendo con el poder, y es evidente la presión de la ciudadanía para que cambien también los modos de representar los intereses de los votantes y los métodos de gobierno. No hay duda de que el electorado busca nuevas soluciones a los problemas económicos y sociales sin romper un sistema democrático en el que manifiestamente sigue creyendo. Sería completamente erróneo valorar lo sucedido como la confirmación de la crisis del bipartidismo, en lo que obsesivamente insistían no pocos sectores políticos y mediáticos. 

La cuestión es similar en Francia, donde el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen, renovado por su triunfo en las elecciones europeas del 2014, parece de nuevo imparable en la primera ronda de las elecciones departamentales del 22 de mayo. Parece haberle dado la vuelta al interminable sistema de “alternancia sin alternativas” entre el centro-derecha del Unión por un Movimiento Popular y el centro-izquierda del Partido Socialista.

Le Monde hace ver que “un fenómeno reciente es la ruptura de un partido de extrema derecha en una población que, hasta ahora, había permanecido inmune a su mensaje”. Hubo mucho “tripartidismo” en distritos electorales donde el FN llegó a la segunda ronda de votos.

“El papel fundamental del juego político y electoral de los últimos 50 años ha desaparecido debido a este tripartidismo”, afirma el columnista de Le Monde Gérard Courtois. Predice también la eliminación de uno de los dos partidos principales “en la primera ronda” de las próximas elecciones presidenciales del 2017.

Este fenómeno afecta también a otros países europeos y es parte de tendencia común en varias democracias europeas, informa el diario español online Diario.es

En Austria, Alemania, Suecia y Reino Unido, las dos fuerzas políticas más importantes han estado perdiendo apoyo desde hace décadas.