Opinion crisis climática

Salvar el planeta para salvar la UE

Los gobiernos europeos están invirtiendo mucho en revivir sus economías, pero si ignoran el clima, no tendrán ninguna legitimidad para los jóvenes.

Publicado en 13 agosto 2020 a las 16:40

El futuro de Europa depende de las medidas que se tomen para luchar contra el cambio climático. Este es el rotundo mensaje que los jóvenes europeos han transmitido a sus líderes durante los últimos dos años. Tanto es así, que la oleada de jóvenes activistas por el clima repartidos por todo el continente forma parte de una respuesta mundial a la emergencia climática, desde el movimiento Fridays for Future [viernes por el futuro] hasta el Extinction Rebellion. Pero, en el caso de la UE, la nueva generación de europeos está lanzando una advertencia a sus líderes: nuestra identidad europea depende de vuestras políticas climáticas.

En la época de la generación de nuestros padres, la Unión Europea se definía como una protectora de la paz y una fortaleza contra el fascismo, y se componía de una sociedad con una (relativa) seguridad social. Para nuestra generación (estamos en nuestra veintena) este discurso no nos impresiona. Llegamos a la mayoría de edad en una Europa de crisis: un colapso financiero, el miedo a la migración y una ola de populismo. Estos momentos emblemáticos desacreditaron la noción de una identidad única europea. Para muchos de nosotros, la UE parecía cada vez menos un proyecto de democracia, diversidad o solidaridad; y cada vez más uno de burocracia, xenofobia y división. Además, las respuestas de Europa a estas crisis no fueron suficientes para crear un nuevo discurso común. Más bien al contrario: las respuestas fueron las crisis.

Sin embargo, la emergencia climática es diferente. Para empezar, los jóvenes europeos no solo la perciben como una amenaza, sino también como una oportunidad de construir un mundo y una Europa mejores. Una encuesta de Eupinions realizada el año pasado descubrió que el 47% de los jóvenes entre 16 y 25 años creen que el medio ambiente debería ser la primera prioridad en las políticas de la UE, casi un 10% más que los grupos de edad mayores. Encuesta tras encuesta, incluso la realizada a principios de este año por nuestro grupo de investigación, Europe’s Stories, confirma que una mayoría aplastante de jóvenes europeos está a favor de eliminar las emisiones de carbono en la UE para 2030.

Los líderes europeos, sumidos durante años en proyectos institucionales fallidos para encontrar «un nuevo discurso para Europa» por fin han tomado nota. En diciembre de 2019, la Comisión Europea de Ursula von der Leyen hizo historia con su Pacto Verde Europeo, cuyo objetivo es convertir a Europa en el primer continente neutro en emisiones de carbono para 2050. En el mismo momento en que Alemania puso por fin en marcha una ley para acabar con el uso de combustibles fósiles en el país, designó el cambio climático como una de sus prioridades para las políticas de su actual presidencia del Consejo. Asimismo, líderes europeos acaban de negociar las condiciones de un plan de recuperación y han reservado el 30% de tanto el presupuesto europeo como del nuevo fondo de recuperación para financiar la protección climática.

No obstante, hasta ahora, Europa no ha conseguido convertir sus palabras en actos. Las negociaciones sobre las fechas estimadas para conseguir la neutralidad de carbono en el continente han avanzado a paso de tortuga. Aún peor, la “neutralidad de carbono” ha servido como tapadera para externalizar las emisiones a países en vías de desarrollo e invertir en combustibles «alternativos», como la biomasa, qué parecen ecológicos, pero en realidad son todo lo contrario. Y a pesar de todo lo que se ha dicho, desde el principio, la estrategia de recuperación de la Comisión se basaba de nuevo en su apoyo a las industrias altas en emisiones de carbono.

Tomemos un ejemplo especialmente aterrador: los rescates a aerolíneas como Lufthansa, Air France y otras afectadas por la crisis ascienden a 34 400 millones de euros, y se les otorgaron sin ninguna condición medioambiental vinculante. En el último acuerdo presupuestario, los resguardos utilizados para garantizar que los fondos fueran a tecnologías verdes en lugar de a industrias contaminantes siguen sin ser claros. En este contexto, las grandilocuentes declaraciones de la UE sobre la acción climática podrían seguir siendo simple y llanamente un blanqueo ecológico, es decir, un discurso sin contenido.

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Las palabras vacías no son sostenibles, se desvirtúan ellas mismas. Si los líderes europeos y los gobiernos nacionales continúan restando importancia al problema y recurriendo al blanqueo ecológico, perderán la ya de por sí frágil confianza de nuestra generación.

Esta pérdida de fe ya ha comenzado: a nuestra generación no le ha pasado desapercibida la discrepancia entre el compromiso ejemplar con la acción por el clima sobre el papel y sus retrasos y opacidad en la práctica. Nuestra votación para Europe’s Stories indica que un poco más de la mitad de los jóvenes europeos piensan que los estados autoritarios están mejor equipados que las democracias para abordar la emergencia climática. Una tendencia preocupante que, aunque no sorprende, señala la urgencia con la que los jóvenes europeos exigen medidas para frenar el cambio climático, así como el fracaso de las democracias europeas para estar a la altura.

Propuestas concretas

Hay un mejor camino a seguir, y ahora que los gobiernos están abriendo sus arcas para salvar sus economías, es el momento. Estas son algunas propuestas concretas.

En lugar de exigir (o no) compromisos climáticos mínimos a aerolíneas en quiebra y fabricantes de coches, la UE podría instituir una prohibición a los vuelos de corta distancia (una política que el 62% de los europeos apoya), y favorecer la transición a los vehículos eléctricos.

En lugar de arrodillarse furtivamente ante las industrias contaminantes, la UE podría impedir, sin excepciones, que las actividades industriales de altas emisiones tales como la industria de combustibles fósiles, los fabricantes de [productos] químicos o las ampliaciones de autopistas reciban los fondos de recuperación, y destinar ese dinero a un programa de obras públicas ecológico.

En lugar del objetivo vacío de «neutralidad de carbono» para 2050, la UE podría ponerse un objetivo más apropiado que incluya una estricta regulación comercial que presione a otros grandes emisores de gases de efecto invernadero, como China o Estados Unidos, para acelerar sus propias transiciones energéticas. Ah, y dejad de adular a los grupos de presión que defienden los combustibles fósiles.

Estas medidas iniciarían el camino europeo hacia una transición justa: de la tercera entidad más contaminante del mundo a un verdadero líder climático. También contribuirían a crear una nueva identidad sostenible para la nueva generación de europeos. El deber de los líderes europeos es reconocer, antes de que sea demasiado tarde, que uno no puede sobrevivir sin el otro. Para salvar Europa, hay que salvar el planeta.

Artículo original en The Guardian

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