Diálogo de sordos en el Danubio

Recientemente adoptada en Bratislava, la obligación de expresarse en eslovaco en los lugares públicos ha sido denunciada con firmeza en Budapest como un grave atentado a los derechos de la minoría húngara. Mientras los dos vecinos se enzarzan en acusaciones de imperialismo, el semanario magiar Heti Világgazdaság hace un llamamiento a la UE para frenar la deriva nacionalista de Eslovaquia.

Publicado en 31 julio 2009 a las 16:25
Foto de Teo Dias.

El método recuerda a la política de minorías de Ceauşescu: a partir de ahora, cualquier médico húngaro deberá hablar en eslovaco a su paciente húngaro, aunque alguno de ellos no desee hacerlo. Igualmente surrealista es la situación del conferenciante de un evento cultural, que debe repetir su discurso en eslovaco, aunque el público sea húngaro en su totalidad.

La ley, abiertamente en contra de los húngaros, ha logrado la unanimidad de los partidos parlamentarios húngaros. Como si se tratase de la policía religiosa de un Jomeini o de los talibanes, las autoridades de Bratislava actúan a partir de ahora como una "policía lingüística". Es la ironía de la historia: los "fundamentalistas étnicos" de la conciencia nacional de los dirigentes eslovacos, con un pensamiento anticuado, copian los peores ejemplos del nacionalismo magiar de antaño.

"Nunca reconoceré otra nación que no sea la húngara bajo la autoridad de la santa corona de Hungría", dijo Lajos Kossuth [1802-1894]. Su política corta de miras hizo fracasar la guerra de independencia. En 1848, apoyándose en su chauvinismo, los Habsburgo alzaron a las minorías étnicas contra los húngaros. En lugar de fomentar una autonomía federativa, los políticos húngaros intentaron mantener estructuras centralizadoras. Esto contribuyó a la pérdida de dos tercios del territorio húngaro en 1920, con el Tratado de Trianon.

Nuestros vecinos han desarrollado su nacionalismo de Estado de la misma manera limitada, según criterios étnicos y a golpe de asimilación forzada. En la época de las democracias modernas, resulta insoportable una política nacionalista de este tipo, basada en la voluntad de vengarse de las heridas sufridas hace un siglo. Y sin embargo es lo que practican.

En lo que respecta a la UE, se contenta con gruñir en tono reprobador y con ser un árbitro apático. Pero los extremistas de Europa observan lo que ocurre en Bratislava. "Si allí ocurre algo así, también pasará en otros lugares", piensan. Con inmigrantes o minorías religiosas. Con todos por los que se sienta antipatía. En Hungría, la censura lingüística en Eslovaquia refuerza las posiciones de Jobbik, el partido de extrema derecha. Esta ley aviva la demagogia étnica. E incita a los extremistas a conferir un sentido jurídico a sus discriminaciones.

La pregunta es por qué motivo se actúa así en la cumbre del Estado eslovaco. Desde el punto de vista económico, su país es el primero de la clase. Entonces ¿por qué? Ése es precisamente el motivo. Descubrimos que cortar las prestaciones sociales y reestructurar el sistema implica grandes sacrificios. La demagogia nacionalista ha surgido en Eslovaquia para liberar tensiones. "Cuando hay menos pan en el Estado de bienestar, recurrimos al circo nacionalista": esa es la receta de la política eslovaca.

Si la Unión Europea no se impone, Eslovaquia, esa joven nación, puede convertirse en un joven Estado delincuente, lo que desembocaría en un callejón sin salida sangriento, tanto para los eslovacos como para los húngaros. Pues donde florecen los pogromos, se pudren los frutos de la prosperidad económica.

DESDE ESLOVAQUIA

"Ya no somos parte del Imperio Austrohúngaro"

La nueva ley lingüística votada para "proteger" el eslovaco y firmada el 17 de julio por el presidente eslovaco Ivan Gašparovič, se ha convertido en un nuevo tema de debate entre las dos orillas del Danubio. "Todo ciudadano eslovaco debe tener derecho a expresarse en el idioma nacional eslovaco en el territorio eslovaco", explica el Primer ministro Robert Fico en el periódico SME. Éste reaccionaba a las fuertes críticas del Parlamento húngaro y del Partido eslovaco de colación magiar (SMK), que defiende los derechos de la minoría húngara que vive al sur del país.

La intervención de los húngaros en la legislación eslovaca irrita a los dirigentes del país. "Fico: La ley no se derogará, no estamos en el Imperio húngaro", titula SME. "A los partidos políticos húngaros les gustaría que en el sur del país los eslovacos aprendieran húngaro para poder vivir allí", asegura Fico en el periódico. Por su parte, el ministro de Cultura Marek Maďarič, uno de los impulsores de la ley, se lamenta de que "la política húngara se haya quedado anclada en el siglo XIX. Los húngaros piensan que pueden seguir dictando sus leyes a los eslovacos". La ley eslovaca divide a los dos países, pero une a los científicos. "Esta ley perjudica a los húngaros, pero también a los eslovacos", comenta una lingüista eslovaca que ha firmado una petición internacional impulsada por la Academia de las Ciencias de Budapest. Para ellos, este texto es "una estupidez lingüística", escribe SME. Y para destacar que la ley no sólo se dirige a los húngaros, el sitio checo de información Aktualne.cz señala que "van a desaparecer de Eslovaquia hasta las palomitas de maíz y la comida rápida".

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