El gitano repatriado acabará volviendo

Desde que París endureció su política en materia de repatriación de gitanos hacia Rumanía o Bulgaria, algunos sacan partido de este periplo de ida y vuelta, sobre todo por la suma que reciben para salir “voluntariamente” del país.

Publicado en 18 septiembre 2012 a las 15:03

Manuel Valls, ministro francés de Interior, declaró [la víspera de su visita a Rumanía el 12 de septiembre] que Francia ya no podía acoger a todos los «condenados de la tierra» ni a esas «poblaciones perseguidas en sus países», haciendo referencia a los gitanos que llenan los autocares que conectan Rumanía con Francia. Pero en esta ecuación falta la opinión de los interesados. Ningún responsable les ha preguntado lo que pensaban y qué les parecía esta repatriación. Sin duda, los gitanos regresarán a Rumanía y luego volverán a marcharse, mientras los franceses les ofrezcan la posibilidad.

En Bucarest, durante la visita del ministro Valls, los gitanos protestaron ante el edificio del Gobierno, para expresar su descontento de ser únicamente una pelota en un partido de ping-pong entre las autoridades rumanas y el resto de Europa. Mientras no haya nadie que se decida a resolver sus problemas, optarán y seguirán optando por la emigración. Algunos gitanos «euro-deportados» desde Francia han hecho de este regreso una etapa para «recargar las pilas» y también su bolsillo, gracias a los 300 euros que reciben por persona por marcharse del país «libremente y con su total consentimiento». Tras una estancia de unas semanas en Rumanía, la mayoría regresa al país del que salieron pero que en realidad nunca dejaron.

Se marchan a ganarse mejor la vida

Gheorghe Victor, alcalde del municipio de Cojasca, del departamento de Dambovita, es responsable de una comunidad de más de 7.000 almas, de las cuales, el 90% son gitanos, concentrados en su mayoría en el pueblo de Fantanele. Muchos de ellos se han marchado a distintos lugares de Europa: «Creo que no podemos hablar realmente de emigrantes. En mi opinión, se trata de ciudadanos de la UE que se marchan un mes o dos a países como Francia, Italia o Alemania, donde pueden ganarse mejor la vida. Son ciudadanos que tradicionalmente ejercen el oficio de músicos ambulantes». El alcalde, seguro de la honorabilidad de los lugareños, pondría la mano en el fuego por ellos y asegura que no han cometido crímenes en esos países: «El 99% son fieles del pentecostalismo. No beben, no fuman, no cometen actos violentos, porque su fe no se lo permite».

Por ejemplo, la familia de Dan, apodado «El Francés», prospera gracias «al dinero de Sarkozy» [haciendo alusión a la ayuda para el regreso humanitario que el presidente Nicolas Sarkozy otorgó con las primeras expulsiones en agosto de 2010]. Es el ejemplo típico del gitano que realiza el trayecto de ida y vuelta entre París y Fantanele. Su casa no pasa desapercibida, porque tiene más hijos que el resto de todos habitantes del callejón juntos. Están delante de la casa, alrededor de la valla fabricada con contrachapados de diversos tipos.

Un hijo por año

Cuando salen los padres y los hijos, en total son 13 personas. Rápidamente nos damos cuenta de que han seguido el principio de «un hijo por año». A Dan le pusieron el apodo de «El Francés» o «Bonjour» porque últimamente ha estado por las orillas del Sena, vendiendo ambientadores para coches en los semáforos. ¿Ha tenido algún altercado con las fuerzas del orden? «Pues claro ¿quién no lo ha tenido? Pero depende de quién haga la ronda y del humor de los ‘maderos’: algunos hacen como si no nos vieran, otros nos confiscan la mercancía y el dinero, pero nunca nos dan recibo».

Dan «El Francés» dice que se ha acostumbrado a hacer el viaje de ida y vuelta, aunque la parte de la «vuelta» a menudo la hace «tras la sugerencia» de las autoridades francesas. Da gracias al Señor por tener buena salud y por poder marcharse «a esa Francia», porque sin este país, todos vivirían en la miseria. «Necesitamos como mínimo 20 panes al día» [entre los gitanos, el pan, en su valor por kilos, es la unidad tradicional de medida de la prosperidad económica], se queja su mujer, mientras mece en los brazos al que, de momento, es su hijo más pequeño. «Los chicos regresaron a casa, vieron que aquí no podían ganar dinero y volvieron a marcharse», añade la mujer.

En esta ocasión, Dan “Bonjour» volvió al país porque sus hijos estaban enfermos y tuvo que venir para ayudar a cuidarles. Cuando estaba en París, las últimas semanas tuvo que dormir en su coche, aparcado en el distrito XVI. “Una especie de vivienda temporal en París…». Ahora está esperando a que sus hijos que se han quedado en Francia le envíen dinero para pagar el autocar de regreso. Algo que hará seguro, si así lo quiere el Señor. Y hasta ahora, Dios ha respondido a todas sus plegarias.

Visto desde Francia

¿A dónde van las ayudas europeas?

En su reciente visita a Bucarest, en la que debían tratar las condiciones de vida y de repatriación de miles de gitanos rumanos que viven en Francia, “los ministros del Interior y de Asuntos Europeos, Manuel Valls y Bernard Cazeneuve, fueron recibidos de manera más bien glacial”, recoge Le Monde, puesto que las autoridades rumanas rechazan la acusación de París de que persiguen a los gitanos. Según el diario francés,

el objetivo de la visita de Valls y Cazeneuve era encontrar una solución para ‘asentar’ a estas poblaciones en su país, concretamente a través de programas de desarrollo. Y tratar de comprender por qué han fracasado los múltiples planes de integración concebidos y financiados por la Unión Europea.

Según sus interlocutores en el seno de la comunidad gitana, la principal razón de ello es la ineficacia, e incluso la corrupción, de las autoridades rumanas. De este modo, Mihai Ion, el jefe de la comunidad gitana de Targu Jiu, declara ante Le Monde que

si los fondos europeos dedicados a problemas sociales pasan por manos del Gobierno de Bucarest, nosotros no llegaremos a verlos nunca. La solución es simple: quiten al Estado rumano de la ecuación y dejen que nosotros mismos gestionemos esos fondos.

Sin tener en cuenta la cuantía del Fondo Social Europeo (FSE) reservado para Rumanía entre 2007 y 2013, la ayuda europea asciende a 3.700 millones de euros. En siete años, Rumanía únicamente ha gastado un 7% de dicho presupuesto. Con un único diputado en el Parlamento, al que ellos mismos acusan de no hacer nada, los gitanos disponen de pocos medios para hacerse oír.

“Preocupado ante las elecciones legislativas que se celebrarán el 9 de diciembre, el Gobierno socialista no tiene en mente a los gitanos”, concluye el diario.

¿Eres un medio de comunicación, una empresa o una organización? Consulta nuestros servicios editoriales y de traducción multilingüe.

Apoya el periodismo europeo independiente

La democracia europea necesita prensa independiente. Voxeurop te necesita a ti. ¡Únete a nosotros!

Sobre el mismo tema