
Liberation cree veren esta situación un nuevo eje, “temible”, de la vida política francesa, una oposición entre las élites y el pueblo, con “por un lado, el gobierno, las direcciones sindicales, los partidos de gobierno, dispuestos a adoptar un compromiso para salir del movimiento; por otro, una parte de la base, los alumnos de secundaria en movimiento, ciertas profesiones en cólera, ciertas organizaciones del CGT (el principal sindicato francés), militantes radicales diseminados pero activos. Estos conformarían la encarnación de un rechazo popular, ciertamente minoritario pero hostil a cualquier lógica gestora”.
Los privilegios de los conservadores huelguistas

Lo cierto es que la movilización es el resultado de una lógica más profunda. Le Figaro teme ver en ella premisas de una “guerra de generaciones”. “Quizá estamos empezando a verla y es para preocuparse. No sabemos muy bien qué arrastra a los jóvenes a las manifestaciones de estos últimos días. Si no es más que un antisarkozysmo circunstancial, alimentado por la demagogia del Partido Socialista, el tema no es tan grave. (...) Pero si fue la primera manifestación de una reacción de desconfianza hacia el sistema de jubilación por reparto, base de la sociedad francesa desde hace sesenta y cinco años, entonces es mucho más alarmante”.
La participación de la juventud: la pesadilla de Sarkozy

Y a todos aquellos que quieren establecer un paralelismo con la revuelta de mayo de 1968, que fue seguida por la reacción conservadora de junio de 1968”, la revista en línea señala que “en 1968 la juventud estaba aburrida en una Francia cerrada pero próspera. Actualmente, es a la inversa”.
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