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Lo que Europa le puede dar al mundo

Publicado en 15 julio 2011 a las 10:34

La llegada del nuevo milenio parece haber sido devastadora para el viejo continente. Después de haber gozado de una saludable influencia internacional durante más de 500 años, el auge de las nuevas potencias y la instalación de los BRIC en las cúpulas de poder mundial ponen en entredicho la posibilidad de Europa de conservar su posición como actor protagonista del siglo XXI.

José Ignacio Torreblanca se cuestiona cuál será el rol de Europa en los próximos años en La fragmentación del poder europeo (Icaria y Política Exterior, 2011) con la tesis optimista de que en efecto, su potencial es a menudo mayor que el de cualquier otra gran potencia en el mundo. Paradójicamente Europa no es capaz de imponerse como potencia porque ni es ni aspira a ser un Estado como los demás, es decir, unido por unas aspiraciones de carácter nacional. La ventaja de Europa se vuelve así un inconveniente porque la pluralidad juega en contra de la eficacia y la fragmentación en contra del poder. En otras palabras, los europeos no morirían por Europa, lo que provoca una enorme dificultad para conseguir el consenso necesario para ser una superpotencia.

En un libro con un tono didáctico y ameno, Torreblanca recorre el abanico de los factores clave para estudiar el rol de Europa en el mundo: economía, defensa, demografía, energía y cultura. Y cada uno de estos parámetros es estudiado con detenimiento, sirviendo como eje estrucural para comparar la situación tanto en Europa como en cada uno de los países que hace tiempo que han dejado de ser emergentes y se han convertido en una competencia directa para ella y EEUU: China, especialmete, pero también Rusia, India y Brasil.

La fragmentación del poder europeo es una mirada coherente sobre la prensa (en su mayor parte, anglosajona) de los últimos años y un dibujo sobre cómo la Unión Europea ha llegado al punto de pesimismo actual, evidenciado por la crisis de la moneda única, pero igualmente perceptible en la intervención militar en Libia o la gestión de la llegada masiva de inmigrantes de África del Norte como consecuencia de la primavera árabe. Estudia los diez años que separan la intervención en Kosovo en 1999, el despertar de una política de seguridad común de la UE, y las consecuencias de la guerra de Iraq cuando, los países miembros se dividieron entre los que siguieron a EEUU y los que se posicionaron contra la invasión.

En 2003 Iraq adelantaba el fracaso del proyecto europeo que se vería ratificado en 2005 con el rechazo por parte de Francia, Holanda e Irlanda de la Constitución europea. El fracaso de la Constitución de los 27 significaba a su vez, un rechazo por parte de esos países a ceder soberanía y a aceptar en su grupo elitista a países deseosos de entrar en él: “hoy en Europa hay dos tipos de europeos: los que la tienen pero no creen en ella y los que creen en ella pero no la tienen”.

Según Torreblanca, en el ADN de la UE, se muestran los tres puntos en los cuales los 27 desvelan ser incompetentes en la coyuntura del siglo XXI: “La primera, una seguridad subcontratada (a EEUU); la segunda una economía más intradependiente hacia el interior que interdependiente con el exterior; y la tercera, una muy reticente disposición a aceptar nuevos miembros, pese a que las demandas de adhesión suponían la confirmación de su poder y atractivo ante otros países.”

En medio del despegue imparable de China (con una población y economía contra las que la UE no puede competir) y los demás países emergentes, José Ignacio Torreblanca se propone dar un lugar al viejo continente ya que, pese a todo, ni las nuevas superpotencias son incuestionables, ni Europa ha perdido todo lo que ha hecho de ella un referente. Es una cultura, un modo de vivir, un Estado del bienestar (una renta per cápita) y un respeto de los valores democráticos que siguen siendo el valor añadido, en definitiva, un un soft power que da a Europa las armas para mantener su influencia en otro nivel.

El libro de Torreblanca considera ya como parte de la historia los acontecimientos de la última década, los comportamientos de los países individualmente, de un lado, y unidos mediante instituciones europeas, de otro, para mostrar que “la UE y sus Estados miembros podrían caer en la marginación y volverse una península occidental del continente asiático, cada vez más insignificante”, como anunció el Grupo de Reflexión sobre el futuro de la UE que dirigió Felipe González en 2009-2010. Pero también para dar una visión convencida de que la Europa no ha jugado todas sus cartas, pero que no puede hacerlo hasta que no supere los corsés de los intereses nacionales.

Alba Tobella Mayans. Licenciada en Periodismo y Teoría de la literatura e investigadora en comunicación en la UAB. Ha colaborado con la agencia Associated Press desde su sede en Roma.

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