Fue un día singular. El 4 de junio, Presseurop organizaba su primero Forum en el Parlamento Europeo, en Bruselas. Habitualmente disperso entre París, Roma, Varsovia, Madrid y Lisboa, todo el equipo se desplazó a la capital de la UE para animar el evento y encontrarse con nuestros lectores.
De este día, cada uno de los diez periodistas de Presseurop ha guardado una imagen, una sensación o una idea.

En busca de un avance

por Maciej Zglinicki
Las buenas noticias son que la desintegración de la UE no es probable que se produzca hoy en día. Pero también hay malas noticias. La recesión, o el débil crecimiento en el mejor de los casos, la alta tasa de desempleo, el descontento social en aumento, el egoísmo de los Estados miembros, un gran déficit democrático, y la ausencia de una visión común sobre el futuro, ésa es la imagen de la UE que se extrae del Forum Presseurop.
No cabe duda de que la Unión se encuentra en una encrucijada y nadie sabe qué pasará a continuación. Según la eurodiputada Danuta Hübner, ya hemos pasado lo peor de la crisis, una revolución no es necesaria, y los ciudadanos de los países del sur asediados por la deuda, agotados por las drásticas medidas de austeridad, deberían, como los polacos en 1989, apretar los dientes y aceptar las dolorosas reformas para que los países vuelvan a la senda del crecimiento rápido.
El problema es que las recomendaciones que llegan desde Bruselas y la “troika” (FMI-UE-BCE) se reducen básicamente a satisfacer las exigencias de los mercados. “Menos Mercado, más gente”, “dejen de destruir las empresas españolas”, así apeló el lector Spanishengeneer.
Sus palabras tuvieron eco también en boca del vicepresidente del Parlamento, Miguel Angel Martínez Martínez, que subrayó la necesidad de reconstruir el modelo social europeo, el Estado de bienestar y la seguridad social. Sin eso, dijo, el proyecto europeo no resistirá el paso del tiempo. El eurodiputado portugués Rui Tavares bromeó sobre el débil estatus de la democracia europea arguyendo que “a diferencia de la India, en la UE solo hay dos castas: los funcionarios y los banqueros”.
¿Y qué pasa con los ciudadanos europeos? Agobiados por sus problemas diarios, sin trabajo y sin el apoyo de sus propios Gobiernos, manifiestan bien alto y claro sus protestas en las calles de las ciudades europeas. Las elecciones al Parlamento Europeo del año que viene son la última oportunidad para que la gente tenga en sus manos la solución de los problemas y empiece a conformar democráticamente una UE que se adapte mejor a sus necesidades. El reloj ya está corriendo y queda menos tiempo del que parece.

Presseurop… stresseurop, losteurop, I love Europe

por Iulia Badea-Gueritée
Si tuviera que resumir en unas palabras lo que sentí durante nuestro primer Forum Presseurop, en Bruselas, citaría a una de nuestras invitadas, la periodista italiana Adriana Cerretelli (Il Sole 24 Ore): “Cuando se es líder de un Estado europeo, se debe estar abierto a otras opiniones”.
Cuando se es el líder de una prensa europea en la vanguardia del multilingüismo y del cosmopolitismo, como Presseurop, se debe estar abierto hacia los demás. Es lo que intentamos demostrar durante nuestra jornada maratoniana.
Los debates (sobre la crisis, la ciudadanía, el federalismo, etc.), abiertos a participantes más o menos euroescépticos, tuvieron el mérito de salir del lenguaje estereotipado, del cliché de que todo va bien, tan arraigado en la conciencia del homo europeus. La UE no es un monumento petrificado en mármol por los padres fundadores, sino un extraordinario crisol de nuestros deseos, nuestros temores, nuestras frustraciones, que no deja de crecer.
En 1986, Rumanía no conocía la palabra “europeo”, ni “anti-europeo”, como hoy. El Diccionario de Neologismos (¡de la Academia de la República Socialista de Rumanía!) creado en 1986 durante la Olimpiada Nacional de Lengua y Literatura, preside mi oficina parisina, como un recuerdo de que nunca sabemos hacia dónde vamos.
Presseurop es un barómetro de las frustraciones, pero también de los logros europeos. Si hemos sido capaces de que salga bien esta experiencia bruselense, significa que con ustedes, los lectores, somos capaces de mucho más.

Forum.fr

por Emmanuelle Morau
La mañana de nuestro foro, Bruselas se despertaba con un cielo gris. No sólo se concentraban las nubes sobre la capital europea. La noticia se dio a conocer la víspera, con el primer sorbo de cerveza belga: no habría intérpretes [por motivos técnicos, relacionados con la difusión de los debates]. Por lo tanto, todos los debates serían en inglés.
Aunque me dejara llevar por el espíritu de equipo europeo en la noche de mis primeros pasos en el antro de la democracia de los 27, sentí cómo se estremecía mi fibra patriótica.
Ahora que la crisis está en pleno apogeo, ¿cómo dar prioridad al lenguaje del BCE en detrimento del noble dialecto de los integrantes del Tribunal de Justicia de la UE?
Ahora que el presidente Hollande presentaba un informe europeo más bien razonable comparado con el revuelo del alumno Cameron, ¿por qué ceder al viento de Stratford-upon-Avon en lugar de a la dulce música de Gif-sur-Yvette?
Otros compañeros francófonos y francófilos sacaron una conclusión radical: no asistirían a los debates si no se reconocía el francés en la mesa. Cuando me informaron, en francés, de la situación, me sorprendí al considerar esta actitud un tanto limitada. Y de repente oí resonar los ecos de las batallas parisinas en las que se preguntaban si el inglés en la universidad era yes or non.
Al final de la jornada, volvía a brillar el sol. Y en mis oídos resonaban otras palabras. Las de los lectores llegados de Grecia, de España, de Portugal o de Francia para intercambiar ideas, cuestionar soluciones, explicar puntos de vista y por último, demostrar que el inglés no sólo era el idioma de Fráncfort sino que además podía expresar la ira y el desacuerdo.

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Bruselas, la ciudad de Presseurop

por Martina Buláková
Apenas abro el libro, el tren ya ha atravesado el paisaje entre Francia y Bélgica, a una velocidad pasmosa. La calma del domingo en la estación del Midi me tranquiliza de repente. ¿Los ferroviarios belgas llevan una semana en huelga? La ciudad adormecida abre sus brazos, me ofrece un soplo de aire fresco del campo y una cerveza en una terraza soleada.
Todo parece avanzar a ralentí, como en un sueño. Nadie se enfada por nada. Y sin embargo, hay mucha agitación. Bruselas es la ciudad con la mayor concentración de periodistas en Europa, oigo decir. Ya no me acuerdo en qué idioma, porque en Bruselas se hablan todos los idiomas. Francés, flamenco, inglés, italiano, eslovaco, portugués.
¡Es la ciudad de Presseurop!, me digo, y no soy la única que lo piensa: “¿Por qué no trasladamos nuestra redacción a Bruselas? Aquí se está fenomenal”, dice mi compañera rumana, que discute en el café del Parlamento Europeo con uno de sus compatriotas sobre qué hace Lady Ashton, la mujer invisible de la diplomacia europea.
Llegamos de todos los rincones de Europa, pero en Bruselas no somos extranjeros, porque de todos modos, todo el mundo aquí es un expatriado. A esta cacofonía sonora de Europa se añaden las fuertes voces de los jóvenes turcos que protestan en la plaza de Luxemburgo. ¿Su reivindicación? La libertad de prensa y el derrocamiento de Erdogan. Les apoyamos con calma, antes de retomar el tren y la historia de un libro inacabado.

Cara a cara con la austeridad

por Charlie Hamilton

Desde la comodidad de la burbuja de Bruselas, es difícil apreciar qué significa realmente una tasa de desempleo juvenil del 58%.
Este es el porcentaje paralizante que sufre actualmente Grecia, según las últimas estimaciones. Llevar una muestra de esa realidad ante el Parlamento Europeo era uno de los principales objetivos del Forum Presseurop.
A pesar de los infinitos artículos, las fotografías y las imágenes en televisión que detallan los apuros de los que buscan trabajo en Grecia, sólo logramos enfocar la realidad cuando la miramos directamente a los ojos.
Por ello fue tan determinante escuchar cómo el lector griego de Presseurop Constantinos Papadakis detallaba a la eurodiputada alemana Gabriele Zimmer y a otros su experiencia personal de cómo la austeridad está asfixiando la vida en su país.
La UE se gasta miles de millones de euros para luchar contra la crisis de la deuda, pero se enfrenta a un reto aún mayor que no se puede resolver sólo con dinero: la lucha para conectar con los ciudadanos de Europa.
Las citas del eurodiputado español Miguel Ángel Martínez Martínez, vicepresidente de la Asamblea Conjunta Parlamentaria de África, el Caribe, El Pacífico y la Unión Europea en las que describe a la troika como “detestable” son impactantes, pero también lo es la estimación de Zimmer de que si no se solventa, el desempleo juvenil será la sentencia de muerte de la UE.
El mensaje predominante de todos los participantes en el edificio Spinelli era que la crisis está reactivando la opinión pública y haciendo que la gente se aleje del espíritu de unidad de la UE. Mientras sigan aumentando las cifras del desempleo en Grecia y por toda Europa, el objetivo de la unidad europea será aún más inalcanzable.

No hay por qué preocuparse

por Gabriele Crescente

Estaba un tanto nervioso la víspera del foro, pues era la primera vez que habíamos organizado un evento así y no había ningún precedente obvio sobre qué podíamos esperar.
¿Acabaría siendo demasiado apacible y desprovisto de una confrontación real, dado el marco institucional del Parlamento Europeo? O al contrario, ¿se convertiría en un enfrentamiento desagradable, con broncas furiosas que resumieran las visiones opuestas de Europa, tal y como hemos visto a menudo desde que la crisis empeorara?
¿Y qué ocurriría con los lectores invitados? ¿Se sentirían cómodos sentándose junto al vicepresidente del Parlamento Europeo y algunas figuras destacadas del ejército de la prensa de la UE? Si hubiera estado en su lugar, no me habría sorprendido si mi voz titubeaba al intentar expresar mis opiniones.
Pero al final, mis temores resultaron ser infundados. Los debates comenzaron con una base cordial pero asertiva, al igual que suele suceder en la sección de comentarios del sitio web de Presseurop y no hubo ninguna salida de tono. Hubo momentos de claro contraste entre los participantes, pero nada de encono. Nuestros lectores aportaron algunas de las visiones más interesantes y no se sintieron intimidados a la hora de enfrentarse a sus oponentes de renombre. Una prueba más de que los ciudadanos europeos merecen sostener el micrófono con más frecuencia.

Monstruos y hombres

por Katja Petrovic
Era la primera vez que conocía al “monstruo de Bruselas”, y efectivamente, al ver el Parlamento Europeo, tuve la sensación de que me iba a devorar. Al igual que al visitar la Sagrada Familia de Barcelona, pensaba en la humildad de los caracoles, elogiada por el poeta de lo cotidiano Francis Ponge. Se llevan el caparazón a todos lados para poder meterse en él en cualquier momento. Sin embargo, el monstruo también merece mi respeto, porque hace falta una buena dosis de valor para traspasar las fronteras y hacerse cargo de un proyecto que necesita más fuerzas de las que posee un solo individuo.
Por ello, los ciudadanos de Europa, en las elecciones europeas del año que viene, no votarán a candidatos concretos, sino a grandes listas integradas por varios partidos de izquierda, de derecha o liberales.
La campaña electoral no sólo será más complicada. ¿La Unión Europea en crisis podrá seguir cautivando al ciudadano? La respuesta que me dio Doris Pack, presidenta de la Comisión de Cultura y Educación en el Parlamento, me pareció pertinente: “La Unión Europea no existe en Bruselas, sino allí donde están las personas. Por este motivo necesita embajadores procedentes del mundo de la cultura y de la sociedad civil que luchen por la causa europea: directores, escritores, profesores, políticos locales”.
De repente, el monstruo de Bruselas tenía un rostro amable. Resulta tranquilizador saber que en el interior de la fortaleza bruselense se encuentran personas que no pierden el contacto con el mundo exterior.

¡Den paso a los lectores!

por Judith Sinnige

El 4 de junio, seis lectores de Presseurop participaron en un debate ante un grupo de eurodiputados y periodistas. Este encuentro no era algo habitual, podríamos incluso decir que se trataba de un acontecimiento sin precedentes. Si el ‘periodismo participativo’ o el ‘periodismo ciudadano’ están pasando a ser algo habitual en el periodismo en línea, los encuentros en tiempo real son escasos.
Gracias a estos lectores y a otros cientos que comentan nuestros artículos, nuestro sitio web se ha convertido en un verdadero ‘foro’ sobre la actualidad europea y el futuro de la UE. Esos lectores que “se esconden” detrás de pseudónimos web como “spanishengineer” o “continental drift”, muestran reacciones a veces vehementes, a veces provocadoras, fomentan el debate y dan vida a este espacio de intercambios. Esa es precisamente la finalidad de Presseurop desde su lanzamiento en 2009. Esos lectores, hasta ahora invisibles tras sus ordenadores, iPads y demás dispositivos, constituyen un elemento clave de Presseurop.
El éxito de los debates y las intervenciones de nuestros lectores este 4 de junio, aunque algunos jamás habían hablado en público e incluso si el inglés no era el idioma materno de la mayoría de ellos, demostró una necesidad real de diálogo directo entre los ciudadanos y los periodistas por un lado, y los políticos europeos por otro. Este foro “live” también demuestra que los ciudadanos europeos tienen una sed de intercambios que los medios de comunicación tradicionales o la web no son capaces de calmar. Éstos desempeñan una función crucial, pero no pueden sustituir a los encuentros cara a cara. Por consiguiente, esperemos que este foro sea el primero de otros muchos encuentros, tanto si los organiza Presseurop como otros.

Un día en la Casa de Europa

por Cristina Pombo

Desde por la mañana, me invadía una ligera ansiedad. Y con razón: iba a conocer el escenario de la democracia europea y a alguno de sus actores, los eurodiputados. También iba a conocer a nuestros más fieles lectores, los que dan vida a Presseurop con sus debates apasionados, y a algunos periodistas cuyos artículos hacen realidad este proyecto. Para mí, que leo, escribo y respiro Europa a diario, no era algo desdeñable.
Cuando me bajé del taxi en la plaza de Luxemburgo, mi mirada se dirigió hacia ese edificio acristalado donde se toman las decisiones más cruciales para el futuro de este continente, hoy por desgracia tan desorientado. Y precisamente Presseurop nos reunió a todos en Bruselas para debatir sobre el futuro de Europa, sobre la austeridad, la función de las instituciones europeas y de los ciudadanos de la Unión.
El objetivo era claro y, en mi opinión, se logró: fomentar un debate que traspasara las barreras nacionales, un debate paneuropeo, fundamental para comprender a los ciudadanos. En este punto convergieron las opiniones de los participantes del Forum Presseurop: es indispensable consolidar las herramientas a disposición de los ciudadanos europeos para que ejerzan su deber cívico en 2014. Para que sepan exactamente quiénes son aquellos a los que eligen, qué pueden esperar de Europa y viceversa, qué puede esperar Europa de ellos.
Durante esta jornada escuché varias frases que siguieron resonando en mi cabeza toda la noche. Palabras que dicen mucho sobre los temores y las esperanzas de todos los que se unieron a nosotros, aunque fuera durante unas horas, para salvar el espíritu de esta Unión que no merece desaparecer. “Si no hay futuro para las nuevas generaciones, si sienten que la UE no es su casa, será el final”, advirtió la eurodiputada Gabriele Zimmer. Eso es precisamente lo que hay que evitar a toda costa.

Un cuento europeo

por Sergio Cebrián

Le compré a mi hijo un bonito libro en la librería del Parlamento Europeo, cuyo título era "Little europeans". Qué bueno, pensé, educar a los pequeños europeos para que aprendan a serlo, lejos de prejuicios. Abrí la página dedicada a España. Según el libro, las niñas españolas cantan y bailan después de medianoche.¡Qué padres más irresponsables! claro, así les va...vaya, otra vez, pensé. Si Bruselas, el corazón de una Europa "unida en su diversidad", sigue siendo el reino del prejuicio, vamos mal encaminados. ¿será producto de un viejo cliché histórico y cultural?¿el fruto de una mala política de marketing?¿el corolario de un fracaso macroeconómico?¿un destino manifiesto biológico y genético?¿O una realidad inapelable?

Entre mis inútiles cavilaciones calentadas al sol de la plaza de Luxemburgo, la réplica humana que puede darle Bruselas al frío y acristalado gigantismo del edificio del Parlamento Europeo, recordé que en el vestíbulo de este se había dispuesto un stand para anunciar un acto que aquel día también allí tenía lugar: la promoción a bombo y platillo de algo llamado Marca España.Sí, el Gobierno español convocaba un acto para convencer a eurodiputados y pasilleros de Bruselas de las excelencias de su país como destino seguro de inversiones y solvencia económica.

La situación me pareció profundamente paradójica. Me seguía preguntando, ¿era en el librito donde empezaba y en este acto donde terminaba el gran malentendido europeo? En los inmensos pasillos aeroportuarios del edificio, un ritmo frenético de idas y venidas hacía olvidar por unos momentos el actual marasmo europeo.

El mismo día, invitamos a eurodiputados, a periodistas, a expertos, y a nuestros lectores. En ellos pienso. Si de crear un demos europeo se trata, y el edificio que nos acogió pretende representarlo, allí estaba hablando el pueblo. Directamente y cara a cara con sus representantes. Y sentí que mi trabajo, a pesar de todo, era útil.

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