En el pueblo de Armash, a cien kilómetros al sur de la capital, Ereván, Anishit (su nombre real se ha cambiado para su seguridad) mira la enorme bandera que ondea en la cresta de la montaña que se eleva cerca de su casa. Pero no luce las líneas roja, azul y naranja de la bandera de Armenia, sino las azules, rojas y verdes de Azerbaiyán. “Estamos atrapados en esta frontera. Por eso tenemos miedo”, dice la jubilada mientras sigue dando de comer a sus gallinas.
En la encrucijada que forman Turquía, Irán, el enclave azerbaiyano de Najicheván y Armenia, los pocos pueblos del valle están atrapados en un caos. A cuatro kilómetros de Armash, las fuerzas de Ereván y Bakú se enfrentan, separadas por la carretera E117 que, partiendo de Rusia, serpentea hacia Irán, evitando con cuidado pasar por Azerbaiyán.
Desde las trincheras, los beligerantes se vigilan unos a otros mientras la carretera sigue siendo utilizada a diario por camiones que parecen de otra época. Al pie del monte Ararat, que se alza al fondo, las posiciones permanecen congeladas y las casamatas siguen ocupadas. Las siluetas de los soldados se vislumbran por detrás de los sacos terreros.
Anishit se negó a decir nada más sobre esta triste escena. A modo de respuesta, acabó por apuntar hacia un edificio unas cuantas calles más abajo. Una bandera blanca, azul y roja ondeaba sobre un barracón prefabricado ocupado por fuerzas rusas. Desde 2020, Moscú ha desplegado varios miles de guardias fronterizos en Armenia.
Con el acuerdo de Ereván, se han desplegado tropas rusas en cinco provincias para hacer cumplir los términos del alto el fuego acordado con Azerbaiyán tras el conflicto de 2020 en Nagorno-Karabaj. “Hoy solo tenemos un sueño: ser armenios y vivir aquí”, concluye Anishit antes de volver a entrar en su granja.

Se retira una parte de los soldados rusos
Está previsto que a partir del 1 de enero de 2025 una parte de estos soldados rusos se marchen. Anunciada en mayo de 2024 tras una reunión entre Vladímir Putin y el primer ministro armenio, Nikol Pashinian, esta retirada se produce en un contexto de crecientes tensiones suscitadas entre estos dos aliados históricos.
Los rusos seguirán estacionados al este y al sur, a lo largo de las fronteras con Turquía e Irán. Sin embargo, en los segmentos fronterizos con Azerbaiyán, ubicados en las provincias de Tavush, Syunik, Vayots Dzor, Gegharkunik y Ararat, abandonarán sus puestos militares, dijo Hayk Konjoryan, jefe del partido gobernante en el parlamento armenio.
Crítico con Rusia en los últimos años, el gobierno de Nikol Pashinyan ha fortalecido sus relaciones con la Unión Europea. Este giro refleja el descontento de muchos armenios, que culpan a las fuerzas rusas por su inacción ante la ofensiva azerbaiyana en la guerra de Nagorno-Karabaj.
Este conflicto, que a lo largo de varias décadas ha enfrentado a Armenia con Azerbaiyán, ha desencadenado una ofensiva relámpago contra el enclave habitado mayoritariamente por armenios. En 24 horas, las fuerzas azerbaiyanas asumieron el control total del territorio, obligando a más de 100 000 residentes a huir a la vecina Armenia.
En Yeghegnadzor, la capital de la provincia de Vayots Dzor, los 10 000 habitantes ven pasar regularmente convoyes rusos que se dirigen al este. Al costado de la carretera se encuentra el restaurante de carretera de Gohar y Arpine.
Todavía no está claro si los aproximadamente 4500 guardias fronterizos del FSB, el servicio de seguridad interna de Rusia, han comenzado a retirarse de las bases de Vayots Dzor y Ararat. Varios cientos de ellos están estacionados en la pequeña ciudad de Artashat, al sur de Ereván. Frente a la puerta de la base rusa de la ciudad, los letreros de las tiendas están en alfabeto cirílico y el rublo es una moneda corriente. En la calle Isakov, los escaparates de las tiendas que venden excedentes militares ofrecen docenas de emblemas del ejército ruso. Ihor, el propietario de una de estas tiendas, es consciente del impacto que tiene el ejército que les ha enviado Moscú: “Si los rusos se van mañana, cierro mi tienda”.
“Queremos que Europa sea nuestra aliada”
Ubicado en las montañas cubiertas de nieve del Pequeño Cáucaso, Yeghegnadzor es la sede de otra presencia extranjera. En uno de los aparcamientos de la avenida principal, una decena de todoterrenos blancos idénticos revelan el emplazamiento de la sede de la Unión Europea en la región.
Llegada en febrero de 2023, la Misión de la Unión Europea en Armenia (EUMA) se desplegada tras reavivarse las tensiones con Azerbaiyán. Desde la anexión de Nagorno-Karabaj por Bakú, la delegación de la Unión Europea está en el sur de Armenia para “fortalecer la seguridad y aumentar la confianza en zonas sensibles”. Después de dos años de cohabitación, esta presencia sigue tranquilizando a Arpine y Gohar, además de aumentar su clientela. “Ahora nos sentimos seguras gracias a los observadores. Queremos que Europa sea nuestra aliada”, confiesa Arpine detrás de su mostrador.
Ingrid Mühling, una de los 209 integrantes de la misión, explica: “Desde que estamos en Echegnazor hemos realizado más de 4000 patrullas en una zona de unos 1000 kilómetros. Aunque el número de incidentes ha disminuido, todavía hay casos aislados, como disparos cuyo origen no hemos podido determinar”.
Invitadas por el gobierno armenio, las fuerzas de la EUMA colaboran estrechamente con el ejército local, que a veces les acompaña en sus desplazamientos por las sinuosas carreteras de la región. Ingrid Mühling concluye: “La presencia de la Unión Europea pretende, sobre todo, disipar los temores de los habitantes”, como Anhishit, Gohar y Arpine, preocupados por la posibilidad de que las ambiciones territoriales de Bakú se extiendan hasta el corazón del territorio armenio.
Una posición geográfica sensible
Este giro hacia Occidente iniciado por Ereván a expensas de su aliado histórico es complejo. Taline Ter Minassian, directora del Observatorio de los Estados postsoviéticos de Inalco, destaca el delicado doble juego del gobierno que llegó al poder en Armenia en 2018: “El primer ministro está bailando un vals con la UE y con Rusia, dos actores cuyas propuestas de mediación de paz con Azerbaiyán son antagónicas”.
El 9 de enero, el gobierno armenio aprobó un proyecto de ley destinado a iniciar el proceso de adhesión a la Unión Europea. La ambición de Ereván está clara ahora: pasar a ser el décimo país candidato a la incorporación a la UE.
A modo de demostración, Armenia adhirió en febrero de 2024 a la Corte Penal Internacional (CPI), institución que un año antes había emitido una orden de detención contra Vladímir Putin. Esta decisión simbólica implicaría teóricamente que Armenia se vería obligada a detener al presidente ruso si este llegara a entrar en su territorio.
La situación en la vecina Georgia podría moderar las ambiciones de Nikol Pashinyan. “A pesar de las protestas contra el gobierno que se suceden desde hace nueve meses, Georgia acaba de completar su giro prorruso. Armenia no podrá convertirse en miembro de la UE y menos aún de la OTAN si fuera a ser el único en el Cáucaso”, asegura Taline Ter Minassian. A tres mil kilómetros de Bruselas y separado del corazón del continente por el mar Negro, Ereván deberá redoblar sus esfuerzos para anclar su futuro con el de Occidente.
El 13 de marzo, Azerbaiyán y Armenia anunciaron que tenían listo un acuerdo de paz para firmar. Con todo, por ahora las fronteras entre los dos países siguen cerradas y bajo una fuerte presencia militar. Si bien la firma de un acuerdo de paz parece estar más cerca que nunca, los habitantes no bajan la guardia, conscientes de la fragilidad de la situación y del riesgo de una nueva escalada de la situación.
🤝 Este artículo se ha publicado dentro del marco del proyecto colaborativo Come Together
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