Un paraíso fiscal que se resiste

El ataque lanzado desde Berlín y París contra el secreto bancario ha obligado al país a hacer nuevos cambios. Lo que ha acrecentado las dudas de los luxemburgueses, llamados a las urnas el 7 de junio para las europeas y las legislativas.

Publicado en 1 junio 2009 a las 16:44
Luxemburgo, puente en el centro de la ciudad. Foto de Daveness.

El reto de la crisis es la incertidumbre y los 320.000 luxemburgueses no se van a librar. El Gran Ducado, herido en una industria financiera que representa la mitad del PNB y zarandeado por los cambios de humor de sus poderosos vecinos alemanes y franceses, teme perder el control de su destino. Sin embargo, las legislativas, que tendrán lugar el 7 de junio al mismo tiempo que las europeas, no dejan lugar a dudas: Jean-Claude Juncker, viejo zorro de la política, tiene prácticamente asegurada su continuación en el poder a la cabeza del inamovible Partido Popular Social Cristiano, junto con sus aliados del Partido Obrero Socialista. Como en otros lugares de Europa, de ninguna manera se cambia de montura en plena tormenta.

Pero, ¿está la crisis haciendo que doblen las campanas por la fuente de riqueza de toda una generación? Luxemburgo, convertido en un templo de las finanzas y del secreto bancario, se enfrenta ahora a un nuevo cambio.

Parece que está a punto de cerrarse un ciclo entre la fortaleza y las torres de cristal que enmarcan el valle del río Pétrusse. El fraude del financiero norteamericano Bernard Madoff le ha costado mil millones de euros a Luxemburgo y la crisis financiera indudablemente mucho más. Todo esto se puede capear, teniendo en cuenta los dos billones de euros que han hecho que el país ocupe el tercer puesto entre los paraísos fiscales del planeta. La verdadera amenaza es el ataque lanzado desde Berlín y París contra la clave del éxito: el secreto bancario.

En Luxemburgo es la fuente de prosperidad de más de 150 bancos (principalmente extranjeros) y de aproximadamente 3.000 Sicav. También da trabajo a 70.000 personas y alimenta regímenes sociales considerablemente generosos. En la sede de la Asociación Luxemburguesa de Fondos de Inversión no creen que esto vaya a cambiar las reglas del juego y les abra mercados que actualmente están prohibidos.

El ataque más agresivo ha llegado desde Alemania, el vecino que más razones tiene para quejarse de la evasión de impuestos. El ministro de Finanzas, Peer Steinbrück, ha comparado Luxemburgo con Uagadugú. Sin ánimo de bromear, el presidente del SPD, Franz Müntefering, ha explicado que en otros tiempos Berlín hubiese solucionado el problema «mandando unos soldados». Al Gran Ducado le han puesto el dedo en la llaga y ha cerrado filas, el Parlamento ha condenado unánimemente el ataque. La Republica Federal “sin duda le ha echado una mano electoral a Jean-Claude Juncker”, explica el politólogo Charles Margue. Pero al mismo tiempo ha echado por tierra unas cuantas ilusiones del Gran Ducado.

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