Un paso más hacia ninguna parte

El Parlamento griego votó el 12 de febrero el nuevo plan de austeridad exigido por la UE y el FMI con un telón de fondo de manifestaciones y de violencia. Pero no arregla nada y deja a los griegos desprovistos de respuestas sobre su futuro.

Publicado en 13 febrero 2012 a las 16:49
Atenas, el 12 de febrero. Un manifestante se resguarda detrás de una barrera improvisada durante los enfrentamientos con la policía ante el Parlamento.

No cabe ninguna duda, el país debe permanecer en la zona euro. Cualquier otra perspectiva sería una tragedia. Que algunos comparen las dificultades que atraviesa la sociedad ahora con las de una quiebra descontrolada revela únicamente superficialidad política. Y una política seria es la que, fuera de toda consideración partidista, tuviese en cuenta también los matices.

La “división maniquea” es mala consejera. Con respecto a esta noción, estar “dentro o fuera” del euro no es la pregunta que debería plantearse. La respuesta que daría cualquier ciudadano consciente sería “estar dentro”. Aunque la verdadera pregunta es, más allá de su crudeza inadmisible, si el nuevo plan de austeridad que nos han impuesto los acreedores, con todo lo que ello conlleva de positivo y negativo, nos ayudará a salir de la crisis o es el camino más corto hacia una quiebra descontrolada.

Efectos nefastos

En el fondo, se nos exige una extrema devaluación interna que, en el contexto actual de nuestra economía, acarreará más efectos nefastos que beneficiosos. De forma general, todo plan económico sin viabilidad social, con una quiebra incontrolada y un paro que se cierne sobre la población activa, no puede estabilizar ni reactivar la economía, y aún menos constituir un nuevo modelo productivo enfocado hacia el exterior.

Con una ligereza increíble, “pinchamos las ruedas” al asegurar que, de alguna manera, el coche no irá más rápido en 2012 o en 2013. Y lo que es peor, cuando se lo señalamos a quienes han llevado al país en este callejón sin salida, nos responden: “Entonces dennos una solución de recambio”, como si su solución fuese viable y seria.

Ante el contexto de las negociaciones con el resto de los Estados miembros, temo que no haya solución. Las responsabilidades del sistema dominante son inmensas. Incluso ahora, transcurridos dos años, no existe todavía un plan realista para sacarnos de la crisis que pueda apoyar el conjunto de la clase política. La troika nos lo da ya preparado y nosotros negociamos para nada…

Por otro lado, está la responsabilidad de Europa. Los alemanes han “tensado demasiado la cuerda”. Su plan está configurado de modo que ni Grecia ni ningún otro país puedan soportarlo. Alemania tendrá problemas pronto. Nosotros debemos aguantar. Los cambios en el “plan de rescate de Grecia” son inevitables, con nuevas intervenciones en la deuda, el préstamo [de la UE y del FMI] y la lucha contra la recesión…

Zona euro

Dejemos que Grecia y Portugal quiebren

En su columna de los lunes, Wolfgang Münchau arremete desde las páginas del Financial Times contra la “ignorancia y la arrogancia” de los políticos europeos cuando Europa se adentra en el “quinto año de recesión”. Tras la aprobación del Parlamento griego de un nuevo ajuste de 3.300 millones de euros para poder percibir el segundo rescate por valor de 130.000 millones, el periodista vaticina que

se instaurará un periodo de calma, pero en pocos meses se hará evidente que los recortes en los salarios y las pensiones griegas habrán empeorado la depresión. Los líderes políticos europeos también se darán cuenta de que, en un ambiente tan desolador, hasta el más nimio objetivo de privatización resultará poco realista. El PIB griego cayó un 6% en 2011, y este año continúa desacelerándose a un ritmo similar. Y antes de que pase mucho tiempo, se verán nuevos signos que abocarán a una nueva tanda de recortes.

Algunos consideran que si Grecia abandonase la eurozona ahora, resultaría más beneficioso emplear esos fondos para salvar a Portugal. Yo discrepo. Creo que lo mejor sería reconocer la desoladora situación en que se encuentran ambos Estados, dejar que se declaren en quiebra dentro de la propia unión monetaria y, después, recurrir a un fondo de rescate de dimensión suficiente para ayudarles a reconstruirse, y, al mismo tiempo, constituir un fondo de reserva importante. […] Esto resultará caro, pero ignorar esta realidad otros dos años más será de todos modos una ruina.

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