Opinion Migrantes en la frontera entre Polonia y Bielorrusia

Una crisis provocada por el régimen de Lukashenko para desvíar la atención de la población bielorrusa

«Invitados» por el régimen bielorruso bajo la promesa de entrar en la UE, miles de inmigrantes provenientes de Medio Oriente han sido conducidos hasta la frontera con Polonia, donde se les rechaza la entrada al país. Desde Minsk, el periodista Evgeny Kazartsev explica que se trata de una operación de propaganda del presidente Alexandre Lukashenko para desplazar la responsabilidad de la crisis hacia los países occidentales.

Publicado en 18 noviembre 2021 a las 12:18

«No soy racista, pero...», escribió un usuario de Twitter, que recibió decenas de respuestas, desde «pero no hay que dejar entrar a los musulmanes» hasta diferentes condenas por la construcción retórica de su discurso. A pesar de haber comenzado en mayo, la crisis migratoria en la frontera entre Bielorrusia y la UE ha sido poco comentada en las redes sociales. La crisis alcanzó su punto culmine cuando miles de inmigrantes se reunieron y marcharon juntos a la frontera polaca. 

En las redes sociales, como TikTok o Instagram, podían verse, hace no mucho tiempo, fotos de «turistas», vídeos de danzas árabes en las calles o bromas sobre curiosidades de la cultura bielorrusa. Pero el tono de la discusión, en los últimos días, ha cambiado: son cientos los usuarios que debaten acerca del trato que deberían recibir los migrantes de Irán, Siria, Irak y otros países.

Imaginemos que, cuando miles de bielorrusos emigraron a Polonia después de agosto de 2020, los polacos hubiesen reaccionado preguntándose: «¿Por qué vienen aquí? ¡Quédense en su país!» Pero los polacos no dijeron eso.

Había un contraargumento evidente: la vida de los bielorrusos en su país era muy dura. Por eso emigraron. Lo que me pregunto es: ¿por qué huyen los kurdos de sus países? ¿Quién decide abandonar su país cuando goza de una buena calidad de vida?

Varias personas alegan que los inmigrantes deberían permanecer en Bielorrusia, puesto que no enfrentan ninguna amenaza allí. Pero los inmigrantes desean ir a Alemania, donde tendrían más beneficios y posibilidades de vivir normalmente. Se trata de refugiados económicos, no políticos. No menos cierto es que se trata de personas que corren peligro en sus propios países y que están en busca de una vida mejor. Vivir una vida decente no es un privilegio. Es un derecho humano elemental. Muchos bielorrusos, del mismo modo, escapando de las fuerzas de seguridad de su país, no suelen quedarse en, por ejemplo, Ucrania. Prefieren ir, en cambio, a Alemania o a República Checa. ¿Se los puede culpar por ello?

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Cuando comentamos la situación de los miles de migrantes varados en la frontera, solemos olvidar que son personas obligadas a dormir en el bosque en las frías noches de noviembre, que son golpeados, alternativamente, por los guardias fronterizos de Polonia y de Bielorrusia, o que han prestado y vendido todas sus pertenencias para conseguir dinero para el viaje. ¿Cómo es posible considerar a una persona que huye de la guerra, de la pobreza o del genocidio, y que para lograrlo está dispuesta a romper la ley, a renunciar a las necesidades básicas y a llevar a sus niños a través de bosques cubiertos de escarcha (sabiendo que arriesgan su vida), un «vividor que no tiene nada que ver con nosotros»? Evidentemente, estoy cuestionando la moralidad e inteligencia de los que desconocen la realidad.

Hay aún otra cosa que es importante. Los argumentos oscurantistas (no hay otro modo de llamarlos) sobre si los migrantes (perdón, los privilegiados) merecen seguridad y una mejor vida nos desvían de la cuestión principal: ¿Quién es el culpable de esta catástrofe humanitaria, y con qué fines ha sido desatada?

El Estado bielorruso está haciendo todo lo posible por desviar la atención de las verdaderas causas de la crisis. Afirma que se debe culpar a «Occidente» por la crisis de los migrantes. Según ellos, nada de esto hubiese ocurrido sin el bombardeo de Bagdad. La situación actual en la frontera entre la UE y Bielorrusia sería responsabilidad exclusiva de los despiadados guardias fronterizos europeos. Extraño, puesto que los migrantes han permanecido en territorio bielorruso.

Hay varias preguntas que el sistema de propaganda prefiere no responder: ¿Por qué aumentó repentinamente el número de «turistas» tras el anuncio del presidente Lukashenko de que en Bielorrusia no habría más restricciones a la inmigración? ¿Por qué los guardias fronterizos bielorrusos permiten violaciones de la ley y «no ven» a quienes saltan los puntos de control oficiales? ¿Por qué las autoridades bielorrusas están intentando atraer tantas aerolíneas de Irak, Siria y otros países asiáticos hacia nuestros aeropuertos? Finalmente, ¿por qué las fuerzas de seguridad bielorrusas no permiten que los migrantes regresen a Bielorrusia?, ¿por qué los golpean y les quitan sus teléfonos? ¿Y quiénes son las personas camufladas que observan constantemente lo que ocurre en la frontera?

En lugar de responder estas preguntas, la mayoría prefirió discutir sobre qué hacer con los migrantes y si son o no dignos de nuestra empatía (aunque la respuesta sea obvia). Al cambiar el enfoque, la gente colabora con la propaganda estatal.

Debemos compadecernos de los migrantes. Especialmente cuando son utilizados con fines políticos. En lugar de condenar a quienes han sido engañados, debemos condenar a los autores de esta crisis.

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