Disturbios cerca del Parlamento griego. Atenas, 12 de febrero de 2012.

Volver a la Edad Media de la democracia

Los efectos devastadores de la austeridad en la población griega son una advertencia de que la historia no es un ascenso eterno hacia el progreso y la Ilustración. Boris Johnson, el alcalde de Londres, advierte de que las civilizaciones también pueden fracasar.

Publicado en 19 junio 2012 a las 11:16
Disturbios cerca del Parlamento griego. Atenas, 12 de febrero de 2012.

Una de las trágicas y falsas ilusiones de la raza humana es que creemos en la inevitabilidad del progreso. Miramos a nuestro alrededor y parece que vemos la gloriosa afirmación de que nuestra despiadada especie de homo cada vez es más sapiens. Vemos helados de barras de chocolate de Snickers y bebés in vitro y preciosas tabletas electrónicas en las que se puede pintar con los dedos y algo milagroso: ¡las maletas con ruedas! Piénsenlo: logramos poner a un hombre en la luna hace unos 35 años antes de inventar las maletas con ruedas y aún así, aquí las tenemos. Han sustituido completamente a las maletas antiguas, las que tenían un asa y que había que arrastrar resoplando por los andenes.

¿Verdad que son magníficas? La vida parece imposible sin ellas y seguro que pronto estarán acompañadas por muchas otras mejoras, como curas para el acné, vehículos eléctricos o maletas eléctricas, que reforzarán nuestra superstición de que la historia es un continuo ascenso de una dirección, un clic clic clic incesante hacia el nirvana de una hermandad de los hombres liberal, demócrata y de libre mercado. ¿Acaso la historia no nos enseña que la humanidad está inmersa en un ascenso implacable?

Todo lo contrario: la historia nos enseña que la marea puede detenerse de repente e inexplicablemente y que las cosas pueden retroceder dando bandazos hasta la oscuridad y la miseria, con una violencia atroz. Los romanos nos trajeron calzadas, acueductos, el vidrio y los servicios sanitarios y todos los demás famosos beneficios enumerados por los Monty Python; de hecho, probablemente estaban a punto de descubrir la maleta con ruedas cuando llegó la decadencia y la caída en el siglo V d.C.

Todo puede tirarse por la borda

Se mire por donde se mire, supuso una catástrofe para la raza humana. Los británicos ya no sabían leer ni escribir. La esperanza de vida cayó a los 32 años y la población disminuyó. Incluso el ganado se redujo de forma alarmante. Se olvidó el secreto del hipocausto y los porquerizos repletos de sabañones construían chozas sucias en las ruinas de las villas, haciendo agujeros en los mosaicos para colocar los postes de sus cabañas. En la antes bulliciosa ciudad romana de Londres, por ejemplo, no se encuentra ningún rastro de asentamiento humano excepto una misteriosa tierra negra que puede ser una reliquia de un incendio o algún sistema primitivo de agricultura.

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Tuvieron que transcurrir cientos de años para que la población volviera a los niveles de vida romanos.Si creemos que un desastre así no podría volver a suceder, no sólo somos arrogantes, sino también unos desmemoriados al no recordar la lecciones del pasado más reciente. Por no hablar de los templos vacíos de los aztecas o los incas o las estructuras en forma de colmena de la civilización perdida del Gran Zimbabue. Observemos nuestra propia era: el destino de los judíos europeos, masacrados en la época de nuestros padres y abuelos por las trastornadas órdenes de un Gobierno electo en lo que ha sido uno de los países más civilizados del planeta; o bien observen la línea del horizonte de las ciudades alemanas modernas y lamenten la pérdida de esos edificios medievales, hechos añicos en un ciclo incontrolable de venganza. Sí, cuando las cosas retroceden, lo pueden hacer muy rápido. La tecnología, la libertad, la democracia, la comodidad: todo puede tirarse por la borda. Por muy satisfechos que estemos con nosotros mismos, tal y como decía el poeta Geoffrey Hill, “La tragedia nos tiene a todos en consideración”. En ningún lugar es más patente hoy que en Grecia.

Cada día leemos horrores nuevos: familias que antes pertenecían a la orgullosa burguesía ahora hacen cola para conseguir pan, personas que agonizan porque al Gobierno se le ha acabado el dinero para pagar los tratamientos para el cáncer. Las pensiones se recortan, el nivel de vida cae en picado, el desempleo aumenta y la tasa de suicidio ahora es el más alto en la UE, cuando antes era uno de los más bajos.

Desde cualquier punto de vista, observamos a toda una nación que sufre una prolongada humillación económica y política e independientemente del resultado de las elecciones de ayer, parece que estamos decididos a empeorar la situación. No hay ningún plan para que Grecia deje el euro o al menos no vislumbro ninguno. Ningún líder europeo se atreve a sugerir que podría suceder, ya que sería profanar la religión de una Unión Más Estrecha. En lugar de ello, nos disponemos a elaborar un plan para crear una unión fiscal que, si acaso significa algo, supondría la destrucción de los fundamentos de la democracia occidental.

El sufrimiento continuará

Este concepto histórico de avance continuo, la idea del inexorable progreso político y económico, en realidad es algo moderno. En la antigüedad, era habitual hablar de las eras doradas perdidas, de las virtudes republicanas olvidadas o los idilios prelapsarios. Ha sido en los últimos siglos cuando la gente se cambió a la interpretación "whig" [término asociado al pensamiento liberal británico] de la historia y, teniendo en cuenta este hecho, se puede perdonar su optimismo. Hemos sido testigos de la emancipación de la mujer, la ampliación del derecho al voto a todos los seres humanos adultos, la aceptación de que no debe haber tributación sin representación y la comprensión general de que, democráticamente, la gente debe tener derecho a decidir su propio futuro.

Y ahora observemos lo que se está proponiendo en Grecia. Para mantener el euro a flote a toda costa, estamos dispuestos a masacrar la democracia en el mismo lugar en el que nació. ¿Qué sentido tiene que un elector griego vote por un programa económico, si ese programa se decide en Bruselas o, en realidad, en Alemania? ¿Qué significado tiene la libertad griega, la libertad por la que luchó Byron, si Grecia vuelve a una especie de dependencia otomana, pero con la Sublime Puerta ahora situada en Berlín?

Esto no funcionará. Si las cosas siguen así, veremos más miseria, más rencor y una posibilidad aún mayor de que el maldito puesto de kebabs acabe en llamas. Grecia volverá a ser libre algún día (en el sentido de que sigo pensando que hay posibilidades de que sea quien sea el que asuma el mando en Atenas, al final encontrará un modo de restablecer la competitividad con la devaluación y la salida del euro) por esta sencilla razón: porque la confianza del mercado en la pertenencia de Grecia a la eurozona es como una bolsa de arroz de papel reventada: es difícil de restablecer.

Sin una resolución, sin claridad, me temo que el sufrimiento continuará. El mejor modo de seguir adelante sería realizar una bisección ordenada para crear una eurozona antigua y una nueva eurozona en la periferia. Con cada mes de vacilación, demoramos la posibilidad de una recuperación global, mientras que la solución aprobada, es decir, la unión fiscal y política, relegará al continente a una época democrática oscura.

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