Y ahora…toca innovar

El tratado de Lisboa, cuando sea ratificado de forma definitiva, deberá proporcionar a los 27 los medios para plasmar sus ambiciones políticas y económicas. La UE deberá tener la valentía de asumir riesgos para imponerse en la escena mundial, indica Moisés Naím, redactor-jefe de Foreign Policy.

Publicado en 8 octubre 2009 a las 15:09
Imagen: Presseurop, G Tobias

La nueva etapa que deberá afrontar la Unión Europea tras la ratificación del tratado de Lisboa pondrá sobre la mesa dos caminos: la preservación del legado europeo en todos sus ámbitos como impulso para el futuro, o bien «experimentar con nuevas formas de gobierno; con nuevas instituciones, políticas públicas y reglas de conducta», en opinión de Moisés Naím, redactor-jefe de la publicación norteamericana Foreign Policy.

«Dependerá la Europa del futuro más de sus museos, orquestas y restaurantes o de sus fábricas, laboratorios y universidades?». La disyuntiva es clara: o el museo o el laboratorio. Pero Europa debe ser ambiciosa para hacerse valer en la política mundial, frente a otros actores de creciente poder, como China o la India, que harán disminuir su peso político y económico en el futuro, según las estimaciones del Nobel Robert Fogel.

REFORMAS

El síndrome de Bizancio

«Europa lleva 10 años mareando la perdiz en el debate sobre sus reglas, procedimientos e instituciones», en vez de «haberse dedicado a una mayor armonización fiscal, a construir un mercado energético común, al cambio climático, a la mejora de la competitividad, a la supervisión financiera…», comenta Xavier Vidal-Folch en El País. El derecho de veto utilizado por Irlande para aprobar el tratado de Lisboa amenaza conque la UE se convierta en una nueva «Bizancio», sometida al «chantaje» de los gobiernos nacionales, favorecidos por la regla de la unanimidad, que llevaría a la «apoteósis de la parálisis».

En opinión del periodista, la única solución está en dar una «respuesta dura» y dotarse de un «poder político eficaz», puesto que los «nuevos otomanos», con su nuevo poder, se están acercando, y esta vez provienen de Asia. Mientras «los bizantinos se entretenían discutiendo acerca del sexo de los ángeles. Los otomanos se los merendaron en un abrir y cerrar de ojos». El peso de la economía europea está en peligro, porque «el chantaje resulta gratis total para su autor, pero la Unión paga una pesada factura en términos de costes de oportunidad, prestigio internacional y credibilidad en los mercados» subraya Xavier Vidal-Folch.

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