Análisis Cas Mudde | ¿Qué nos deparará el próximo año?

2021: el año del después

¿Qué podemos esperar después de un año tan terrible como el 2020? La mayoría de las personas, tanto las élites como las masas, tan solo anhelan una “normalización”, es decir, el regreso a un pasado que, en retrospectiva, parece mucho mejor que como se percibió en su momento. En este sentido, se ha puesto el listón muy bajo, quizá demasiado.

Publicado en 30 diciembre 2020 a las 16:20

Para Europa, 2021 será el año de los “pos-”: pos-Brexit, pos-Trump, poscovid-19, pero además pos-Merkel. Es un año para moldear el legado de dos anni horribili, 2020 y 2016, para crear una nueva normalidad y para por fin mirar de nuevo hacia adelante.

Pos-Brexit

El 2020 comenzó con el Brexit y terminó con el Brexit, después de haber perdido bastante protagonismo en las noticias durante la mayoría del año debido a la pandemia de covid-19 y a las elecciones estadounidenses. Justo antes de Navidad, la Unión Europea (UE) y el Reino Unido llegaron finalmente a un acuerdo, evitando así, el cada vez más temido y amenazante Brexit sin acuerdo (“No Deal Brexit”). Ahora que ambas partes se declararon ganadoras y la mayoría de los expertos sigue considerando que el Brexit supone una pérdida para todos, los políticos europeos pueden superar finalmente esta historia sin fin. Claro está que, así como varias cuestiones importantes se han resuelto, otras siguen inconclusas, pero el Reino Unido ya no pertenece a la UE.

La mayoría de las personas, de ambos lados, ya se ha hecho a la idea. Incluso antes de 2020, ya habían aceptado el Brexit les gustase o no, y se habían enfocado en cuestiones más concretas, desde la educación hasta la vivienda, y después en la salud pública. En Reino Unido, el primer ministro Boris Johnson afirmará haber cumplido con su promesa electoral, mientras que el Partido Laborista seguirá teniendo dificultad para encontrar una postura coherente, y menos aún popular, respecto al Brexit. Pero el precio a pagar pronto quedará bastante claro para los británicos, incluso si una parte se puede camuflar por la covid-19, y los asuntos particularmente regionales pasarán a ocupar un lugar central.

En primer lugar, debido a las elecciones escocesas de mayo de 2021, el Brexit se mantendrá a la cabeza de la agenda política, ya que, en la pelea electoral, el Partido Nacional Escocés (SNP), de la primera ministra popular Nicola Sturgeon, defenderá un segundo referéndum de independencia y prometerá una Escocia independiente en la UE. En segundo lugar, las relaciones entre las comunidades católica y protestante en Irlanda del Norte, así como entre Irlanda y el Reino Unido, se pondrán a prueba, ya que nadie sabe realmente lo que el acuerdo de 2020 entre la UE y el Reino Unido significa para el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. En tercer lugar, en este año se descubrirá si el nuevo amor por el Partido Conservador que ha surgido en el norte de Inglaterra debido a la promesa del Brexit sobrevivirá precisamente ante la realidad del Brexit.

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Además de encargarse de los (numerosos) detalles finales de su acuerdo con el Reino Unido, la UE también deberá comenzar a replantearse su relación con el Estado insular. Debe dejar atrás la visión del miembro renuente y hasta “desagradecido” y desarrollar una nueva relación basada en la dependencia mutua y la soberanía. Si bien ya existen relaciones similares, por ejemplo con Noruega y Suiza, ninguno de estos países posee el poderío y la relevancia del Reino Unido. Asimismo, tanto la UE como el Reino Unido deben poner manos a la obra mientras se enfrentan a una situación nueva, si no parcialmente familiar, al otro lado del Atlántico.

Pos-Trump

El segundo legado del 2016 está relacionado con el presidente Donald Trump.  Pese a sus gritos y patadas, por lo menos virtuales, en Twitter, Trump dejará la Casa Blanca el 20 de enero y será reemplazado por el presidente Joe Biden. Bruselas y la mayoría de las capitales europeas darán todas un suspiro de alivio – con ciertas excepciones (sobre todo Budapest, Liubliana y Varsovia) – y en poco tiempo volverá la sensación de un regreso a la normalidad. Pero Biden no será Obama (y Obama no fue el presidente que todos recuerdan ahora).

Por el lado bueno, pese a los cuatro años de obsesivos debates políticos y públicos respecto a cada tuit de Trump, es probable que el legado de este sea pequeño, si no marginal, sobre todo en cuanto a las relaciones entre la UE y Estados Unidos. No cabe duda de que las élites europeas han perdonado todo a los estadounidenses y esperan con ansias regresar al pasado. Los Estados Unidos no tienen mucho que modificar para regresar a los niveles de cooperación anteriores. Deben cambiar principalmente a algunos embajadores y al presidente, ya que la mayor parte del equipo del Departamento de Estado se vio desmoralizado, pero permaneció esencialmente intacto.

Pese a que el presidente Biden vaya a apoyar a la UE y a buscar una colaboración más estrecha con sus aliados europeos tradicionales para lidiar con China, Irán y Rusia, esto no resolverá los problemas de la política exterior de la UE. Con la inclinación de Estados Unidos hacia el Pacífico más que hacia el Atlántico, la UE deberá desarrollar su propia política exterior, o convertirse meramente en la mascota de Washington. Aunque Biden es un viejo partidario del transatlantismo, sabe que su presidencia se definirá según la manera en la que los Estados Unidos lidien con Estados no europeos “rebeldes”, y que muchos estadounidenses apoyan una política exterior “America First” [América primero], pero con más moderación que Trump.

Poscovid-19

Si bien no es 100 % seguro que Europa, y mucho menos el resto del mundo, vaya a dejar la pandemia atrás en 2020, la gran mayoría de los europeos deberían ser vacunados en 2021, y debería establecerse una nueva normalidad económica y social. No obstante, los costes económicos continuarán sintiéndose durante al menos un año más y la presión para repartírselos de manera justa en Europa seguirá dividiendo la UE. Esto se complicará aún más con ciertas elecciones clave, sobre todo las de Países Bajos (marzo) y Alemania (septiembre), dos países que a menudo han exigido austeridad en toda la UE y que se han opuesto a transferencias significativas entre el norte y el sur.

Después de iniciar con una desastrosa no política, la UE se recuperó razonablemente bien al establecer respuestas colectivas modestas que han brindado apoyo a la salud pública y a la economía. Será difícil continuar con este apoyo conforme se supere la pandemia, y otras prioridades, generalmente nacionales, encabezarán una vez más los debates políticos y públicos. Además, invertir en la prevención solo es una práctica popular cuando ya es demasiado tarde, es decir, cuando la crisis económica o sanitaria ya ha iniciado, y no antes. Frente a las consecuencias económicas del Brexit y la covid-19, muchos Estados del norte se sentirán cada vez más presionados por gastar en su propio país en vez de en “el extranjero”, como la mayoría se los europeos considera todavía a la UE.

The economic costs of the pandemic will continue, for at least another year, and pressure to share these costs fairly within Europe will keep dividing the EU.

Pos-Merkel

Finalmente, 2021 marcará el fin de la carrera política de Frau Europa, Angela Merkel, que esta vez ya no se presentará como candidata para las elecciones. Merkel por fin ha recibido el reconocimiento que merecía, y que sin embargo le fue negado a menudo, después de 2016. Frente a narcisistas populistas de derecha como Johnson y Trump, los medios de comunicación internacionales han alabado cada vez más la calma y la experiencia de Merkel, después de haberla criticado cada año desde que se convirtió en canciller en 2005. Por ende, ahora existe un amplio consenso en Europa respecto al gran vacío que Merkel dejará en el corazón de la política europea. Peor aún, con la partida de la Merkel “liberal”, la democracia liberal en Europa correrá peligro.

Sin duda alguna, el retiro de Merkel de la política dejará un vacío en el corazón de la política europea. Ha dirigido el Estado más poderoso de la UE durante más de quince años. No obstante, Merkel nunca ha sido una líder europea fuerte.  Tampoco ha sido una fuerte defensora de la democracia liberal en la UE (ni fuera de ella). De hecho, Merkel ha priorizado a Alemania, escogiendo los intereses alemanes por encima de la solidaridad europea en la mayoría de las crisis principales, desde la Gran Recesión hasta la denominada “crisis de los refugiados”. Asimismo, influyó considerablemente en la creación del Estado autoritario de Viktor Orbán en la UE, ya que la CDU protegía el Fidesz en Bruselas, y la industria (automotriz) alemana proporcionó “éxito” económico a Orbán y a sus amigotes y permitió la corrupción.

Esto no quiere decir que Merkel haya sido el problema de Europa, pero sin duda tampoco fue su salvadora. Además, no cabe duda de que su sucesor como líder de la CDU, y casi seguramente el próximo canciller alemán, cambiará poco. La UE funciona bien para Alemania, y la resistencia a un liderazgo europeo más activo, por no hablar de una visión más activa, de parte de Alemania sigue siendo predominante tanto en este país como en la UE. Aun así, si en verdad se aproxima una nueva realidad europea que irá más allá de un mero regreso a la situación previa a 2016 con unos pocos ajustes, esto se decidirá en las elecciones europeas más importantes de 2021: las elecciones del 15 y 16 de enero sobre el liderazgo de la CDU.


Un libro y un podcast

En su último libro, The Far Right Today (Polity Press, 2019), el politólogo y experto en extrema derecha holandés Cas Mudde explica el aumento del nacionalismo y la extrema derecha reaccionaria en Europa y en Estados Unidos, y «explica de forma accesible la historia e ideología de la extrema derecha tal y como la conocemos hoy en día, así como las causas y consecuencias de su movilización», según lo describe Katherine Williams. Además, Cas Mudde ha presentado su nuevo podcast, Radikaal, que se centra en «los aspectos radicales de la música, la política y el deporte».


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