La cumbre de la UE sobre la Asociación Oriental, celebrada el 30 de septiembre en Varsovia, puede difícilmente calificarse como un éxito. “Acercó a Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania a la UE -pero milímetros en vez de metros... El éxito es que -gracias a Polonia- Europa no va a olvidar ahora al Este, su otro pulmón”, comenta el diario de Varsovia Gazeta Wyborcza.
Sin embargo, el proceso abierto a la antigua primera ministra ucraniana Yulia Timoshenko, acusada de abuso de poder, continúa nublando el horizonte. Según Gazeta Wyborcza, el presidente Viktor Yanukovich “ha prometido una solución conciliadora”, en lo que los analistas creen que es una revancha personal a su antigua rival. Por otra parte, Bielorrusia rechazó acudir después de que la cumbre redactara una declaración condenando las violaciones de los derechos humanos en ese país. En un sorprendente avance, el primer ministro polaco Donald Tusk reveló una oferta de 9.000 millones de dólares en ayuda al desarrollo al régimen autoritario de Alexander Lukachenko si libera a los prisioneros políticos y celebra elecciones democráticas.
Para Svenska Dagbladet, la cumbre falló a la hora de presionar a los países del este de Europa para que hagan reformas a cambio de una posible incorporación a la UE. El diario sueco argumenta que la Unión debería “fijarse directamente” en los ciudadanos de estos países con visas más baratas y menos complicadas, así como dando apoyo a la sociedad civil. “Esto puede contribuir a crear presión para fomentar el cambio desde abajo”.
Para otro periódico polaco, Rzeczpospolita, la cumbre tuvo “poca importancia para Europa”. La mayoría de los países europeos “como Bielorrusia, Azerbaiyán o Moldavia están tan distantes del viejo continente -mentalmente más que geográficamente- como Bangladesh o Guayana”, se lamenta el diario.
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