El camino de Georgia hacia la Unión Europea parecía haberse allanado: las aspiraciones de liberarse definitivamente de la influencia rusa y vincularse a Occidente parecían a punto de hacerse realidad en diciembre de 2023, cuando la UE concedió a la república del Cáucaso el estatus de país candidato a la adhesión.
Pero una serie de medidas adoptadas en los últimos meses por el gobierno liderado por el partido nacional-populista Sueño Georgiano (ქართული ოცნება, SG) han supuesto un parón.
La primera de ellas ha sido la denominada ley sobre la transparencia de los "agentes extranjeros" inspirada en la que adoptó Moscú para reprimir a la sociedad civil rusa. Este texto, apodado "ley rusa", califica de "agentes extranjeros" a las organizaciones que reciben del extranjero más del 20 por ciento de su financiación y les impone pesadas obligaciones burocráticas y sanciones igualmente duras, limitando efectivamente su actuación.
Fue aprobada por el parlamento a mediados de mayo, a pesar de las protestas con que decenas de miles de personas manifestaron su oposición en las calles de la capital, Tiflis, y otras ciudades. Como reacción, la UE suspendió el proceso de adhesión de Georgia el 27 de junio.
Contra la "propaganda LGBT"
El mismo día, los diputados georgianos aprobaron en primera lectura otro texto inspirado por el Kremlin, conocido como ley contra la "propaganda LGBT" y sobre la "protección de los valores de la familia y los menores". Esta medida prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción de niños y niñas por parte de personas no heterosexuales o que no se identifiquen con su propio sexo de nacimiento, así como las intervenciones destinadas al cambio de género.
Además, la ley prohíbe todas las reuniones públicas que promuevan las relaciones homosexuales y la identificación de una persona con un sexo diferente, así como la difusión de información sobre el tema (esto incluye películas u otras producciones culturales), porque todo ello se considera "propaganda LGBT". Las sanciones incluyen multas de hasta 5000 lari (unos 1600 euros), una suma importante en un país donde el salario medio ronda los 1600 lari (unos 570 euros).
Las dos medidas son emblemáticas de la doble actitud del Sueño Georgiano respecto a las aspiraciones europeas de Georgia, en particular de cara a las elecciones legislativas del 26 de octubre, que muchos consideran que serán decisivas para la futura orientación del país.
En público y en el extranjero, el SG afirma que quiere incorporar Georgia a Europa –su omnipresente logotipo de campaña fusiona el símbolo del partido con el de la UE– y al mismo tiempo adopta medidas que, de hecho, van en la dirección opuesta, acercando al país a Moscú.
Rusia se posiciona hoy como punta de lanza del ataque a las minorías sexuales y, en términos más generales, a los movimientos feministas y de derechos sexuales y reproductivos. Estas políticas deben leerse dentro de una especie de contraataque cultural y político, que se estructura, a nivel global, entre los movimientos conservadores, y se utiliza de manera instrumental en clave "antioccidental".
En Rusia, el regreso a bombo y platillo del ataque a la denominada "propaganda LGBT" –que va codo a codo con la homofobia y la discriminación– se remonta a 2010, con una aceleración en 2014, coincidente con la invasión rusa de Ucrania.
En 2012 se aprobó en Rusia una primera ley contra la "propaganda LGBT+", que se reforzó en 2022 y dio lugar a la retirada del comercio de toda clase de textos, películas y obras consideradas "propaganda". Además, en 2023, el Tribunal Supremo ruso condenó un hipotético "movimiento internacional LGBT+", lo que provocó el cierre de las últimas asociaciones todavía activas en apoyo a la comunidad queer, allanando el camino a la persecución de sus miembros.
La cuestión queer en la sociedad georgiana
A pocas semanas de las elecciones, Sueño Georgiano pretende cortejar al segmento más conservador (y bastante significativo) del electorado, consciente de haber alienado al segmento progresista y prooccidental: según un estudio publicado en 2022 por el Instituto Nacional Demócrata y el Centro Caucásico de Recursos de Investigación de Georgia, la realidad es que solo el 38 % de los jóvenes cree que es importante defender los derechos de las minorías sexuales, en un contexto en el que el 80 % de los georgianos se declaran a favor de la entrada del país en la UE.
La cuestión de los derechos de las minorías sexuales en Georgia es relativamente reciente, explica Giorgi Tabagari, militante LGBT+ dentro de las organizaciones del Tiflis Pride: "Entre los conflictos con Rusia, los movimientos de población (tras la ocupación rusa de las regiones de Osetia del Sur y Abjasia) y las dificultades económicas, no hubo espacio para las cuestiones queer en la sociedad georgiana hasta que la situación se estabilizó", afirma. "El primer bar gay abrió sus puertas en el 2000 y la primera organización de derechos de las personas queer empezó a funcionar en 2006. Desde entonces, la visibilidad de la comunidad gay ha ido aumentando gradualmente."
"Evidentemente, debido a que Georgia quedó fuera de muchos acontecimientos que estaban teniendo lugar fuera de la Unión Soviética, el país acabó siendo abrumadoramente conservador. Dicho esto, los avances en la aceptación de las personas LGBT+ han aumentado en los últimos años, especialmente entre las nuevas generaciones", continúa Tabagari.
Pero el camino todavía es muy largo, añade, en particular –de nuevo– debido a la influencia rusa, que sigue siendo muy fuerte en la región: "La táctica típica del Kremlin de utilizar los derechos LGBT+ como arma política está siendo utilizada en Georgia por grupos afines a Rusia, y el odio hacia las personas queer está organizado y financiado por ellos. El relato más común del actual gobierno es el que opone los valores familiares a los pro-Europa y pro-LGBT+, en nombre de su 'verdadero patriotismo', y quien se opone es un agente occidental contra los valores tradicionales".
Una batalla cultural
En esta batalla, que ahora ya solo es cultural, el ejecutivo tiene un aliado férreo: la Iglesia ortodoxa, institución muy influyente dentro de una sociedad relativamente conservadora, especialmente fuera de Tiflis y Batumi, la segunda ciudad del país.
Durante la jornada internacional contra la homofobia y la transfobia de 2013, "la Iglesia ortodoxa georgiana movilizó a miles y miles de simpatizantes que agredieron a la quincena de personas que se manifestaban pacíficamente", recuerda Ana Tavadze, militante queer y animadora del movimiento de oposición civil Shame ("Vergüenza").
El año siguiente, 2024, el Patriarcado ortodoxo georgiano instauró el "Día nacional de la pureza de la familia y del respeto de los progenitores", cada 17 de mayo, fecha no elegida al azar ya que coincide con la Jornada Internacional contra la Homofobia, la Bifobia y la Transfobia. A partir de este año, el gobierno ha declarado esta fecha fiesta nacional y día festivo, y sus representantes han desfilado en cabeza de la manifestación que se ha celebrado en el centro de Tiflis", explica Tavadze.
En este contexto las fuerzas de la oposición optaron por no correr el riesgo de perder consenso si tomaban abiertamente una postura contraria a las medidas anti-LGBT+: "Las organizaciones locales por los derechos y los medios de comunicación no han podido, hasta ahora, presionar a los partidos prooccidentales y progresistas para que adopten una posición clara sobre los derechos queer", explica Shota Kincha, periodista y militante LGBT+.

"Por ejemplo, la presidenta de la República, Salomé Zurabishvili, y los partidos prooccidentales no han anunciado si bloquearán o, si se adopta, abolirán la ley de propaganda LGBT+. Y sus planes para hacer cumplir la legislación antidiscriminatoria existente siguen siendo vagos", añade. "Me parece aún más alarmante el silencio de las organizaciones no específicamente queer, que cada vez se abstienen más de alzar la voz contra la homofobia y el discurso de odio de Sueño Georgiano".
"La situación general es cada vez más desalentadora, ya que los espacios relativamente más seguros para la socialización de los georgianos queer no han conseguido formar un movimiento políticamente dinámico", añade Kincha.
"Lo que tenemos actualmente es un activismo queer en crisis, centrado esencialmente en sus intentos de organizar manifestaciones, y menos en la construcción de comunidades. El activismo también ha sufrido mucho por la emigración debida a la represión. Hoy, casi todas las personas abiertamente queer y políticamente activas que conocí, digamos, hace diez años, están en el extranjero".
Desde el punto de vista de los medios de comunicación, la situación no es óptima: "A veces es muy difícil cubrir la temática queer porque los grupos que no defienden los derechos de tales personas a menudo se muestran reacios a hacer comentarios. Los motivos de su silencio son variados, pero a menudo indican que no quieren echar más leña al fuego a cuenta de la polémica suscitada por los grupos de odio o por el gobierno", añade Kincha.
Esta tendencia la confirma Khatia Ghoghoberidze, militante queer y directora de la revista online Aprili Media, "el único periódico que coopera directamente con la comunidad LGBT+": "En el transcurso de estos últimos años la comunidad LGBT+ ha tenido que sufrir una represión creciente, especialmente en lo que se refiere a las manifestaciones públicas", explica.
El fin del Orgullo
Los primeros eventos del Orgullo de Tiflis, por ejemplo, en 2019 y 2020, se desarrollaron sin demasiados problemas en la capital. En previsión de lo que pudiera pasar, 15 partidos políticos, incluido el Movimiento Nacional Unido, principal partido de la oposición, firmaron en 2021 un pacto para "eliminar con todos los medios disponibles la discriminación y la violencia contra los ciudadanos LGBT+", pese a lo cual los actos fueron atacados por violentas contramanifestaciones, lo que provocó la cancelación de la marcha prevista: "Más de 50 periodistas resultaron heridos", añade Ghoghoberidze.

Al año siguiente, la Semana del Orgullo se desarrolló de forma esencialmente privada, mientras que el festival de música organizado en 2023 "fue interrumpido por la irrupción violenta de manifestantes en contra de los derechos LGBT+, y la policía prácticamente no intervino para detenerlos y proteger a los organizadores", recuerda Ghoghoberidze, y añade: "Este año los organizadores han decidido que no habrá ningún evento organizado –ni marcha ni concierto– debido a la actual situación política. Lo llevan anunciando desde marzo, cuando empezaron las protestas contra la adopción de la llamada "ley rusa", para evitar las instrumentalizaciones por parte del gobierno".
En este contexto, la comunidad LGBT+ procura mantener un perfil bajo y organizarse de modo paralelo, en ausencia de cualquier apoyo público, nos narra de nuevo Ana Tavadze: "Entre las demás cosas, gestiono el proyecto Proud Families, el primero del país que trabaja con padres y madres de personas queer para crear un sentido de comunidad, ofrecer su apoyo psicológico y ayudarles a reconectar con sus hijos e hijas. Es un proyecto que voy sacando adelante al mismo tiempo que Girls Wave, una iniciativa que promueve los derechos a la salud reproductiva y sexual de niñas y mujeres jóvenes, uno de los argumentos más tabú en Georgia".
"No hay protestas contra esta ley en particular. Después de la aprobación de la ley sobre agentes extranjeros, el Sueño Georgiano ha trabajado para erradicar a la sociedad civil y a los medios de comunicación independientes" con vistas a las elecciones legislativas del 26 de octubre, explica Tabagari. "La ley debería aprobarse en otoño, justo antes de las elecciones, para que el Sueño Georgiano pudiera utilizarla durante la campaña electoral, razón por la cual toda la sociedad está focalizada en el voto, con la esperanza de que las fuerzas simpatizantes con Rusia no sigan en el poder".
La constitución georgiana "establece que todos somos iguales y que no se puede discriminar a los ciudadanos en base a su orientación sexual, por lo que es obvio que impugnaremos el texto ante el Tribunal Constitucional que, por otra parte, también es afín al Sueño Georgiano", afirma Mariam Gogosashvili de la ONG Rights Georgia, "pero el objetivo del gobierno es, a lo sumo, aprovechar las discusiones sobre la ley para obtener más votos del electorado conservador".
Mientras tanto, el movimiento por los derechos LGBT+ "es consciente de que o cambia el gobierno o no habrá futuro para la comunidad queer en Georgia. Y no es lo único en peligro: si el Estado sigue en manos de fuerzas antidemocráticas y si conceptos como el Estado de Derecho, la justicia y la democracia se tornan irrelevantes, será difícil para los ciudadanos progresistas seguir viviendo como antes", concluye Gogosashvili.
Francesca Barca ha contribuido en este artículo.
¿Aprecias nuestro trabajo?
Ayúdanos a sacar adelante un periodismo europeo y multilingüe, en acceso libre y sin publicidad. Tu donación, puntual o mensual, garantiza la independencia de la redacción. ¡Gracias!
