El 22 de junio de 2026 en Montreal (Canadá) un hombre asesinó a dos personas (un agente de policía y un peatón) e hirió a otra, antes de ser abatido a su vez por las fuerzas del orden. Pocas horas después, Rebel News, un periódico canadiense de extrema derecha difundió un manifiesto de unas cien páginas escrito por el asaltante. El texto incita a una insurrección armada en nombre de la supremacía masculina y expone un programa político destinado a reclutar nuevos seguidores.
El texto se ha vinculado ampliamente al movimiento “incel”, término que ha alcanzado un gran eco en la prensa: se trata de una corriente del masculinismo, movimiento más amplio que considera a las mujeres como la fuente del malestar de los hombres en la sociedad, y que comparte muchos vínculos y posiciones con la extrema derecha.
| Los atentados masculinistas “incel” en Norteamérica El 6 de diciembre de 1989 Marc Lépine, de 25 años, asesinó a 14 mujeres en la Escuela Politécnica de Montreal: primero separó a los hombres de las mujeres y declaró su “odio a las feministas”. En 2014 Elliot Rodger asesinó a seis personas (de las cuales tres eran mujeres) e hirió a otras 14 en Isla Vista, en California. Rodger se convirtió en un referente del movimiento “incel”: había publicado un manifiesto de 140 páginas y un vídeo en YouTube en el que anunciaba su intención de “masacrar a todas las rubias que [había] deseado y que [lo] habían rechazado”. En 2018, Alek Minassian asesinó a 10 personas, en su mayoría mujeres, en Toronto, tras hacer referencia a una supuesta “rebelión incel” en las redes sociales. |
“Incels”, castidad involuntaria y “lookismo”
El término “incel” deriva de involuntary celibate: la expresión se suele traducir como “celibato involuntario”, aunque sería más justo hablar de “castidad involuntaria” explica Francis Dupuis-Déri, experto en antifeminismo y masculinismo y profesor en la Universidad de Quebec, en Montreal. Esto es así porque, añade, “la cuestión principal para los ‘incels’ es el sexo, no la formación de una pareja”.
Se trata de “decenas de miles de hombres jóvenes que se consideran naturalmente desfavorecidos y que, por este motivo, serían ignorados por las mujeres, que se negarían a mantener relaciones sexuales”.
De la definición de Dupuis-Déri se hace eco Stephanie Lamy, investigadora y autora de La terreur masculiniste (“El terror masculinista”, Editions du Détour), obra en la que analiza y examina los diferentes tipos de movimientos masculinistas y antifeministas y sus formas de actuar: MGTOW (Hombres que siguen su propio camino), Artistas de la seducción, incels…
En el medio digital Mediapart, específicamente en relación con el ataque de Montreal y los “incels”, Lamy escribe: “El núcleo de esta ideología no es el ‘celibato involuntario’, sino la creencia de que algunos hombres están oprimidos genéticamente (porque son ‘feos’) mientras que una minoría monopoliza el acceso a las mujeres gracias a su capital genético. El ‘lookismo’ es el término que deberíamos preferir para no reproducir su propaganda”.
El problema no es el celibato, continúa Lamy, “sino el supremacismo masculino de un grupo de hombres que creen tener derecho a recurrir a la violencia para reclamar un recurso: el cuerpo de las mujeres; y que además difunden propaganda engañosa sobre un supuesto problema de soledad masculina”.
Un pequeño glosario: machismo, antifeminismo, masculinismo
Para simplificar podríamos definir el machismo como la idea de que la mujer está en una posición de inferioridad respecto al hombre, el antifeminismo como un movimiento que se opone al avance de los derechos de las mujeres (y, en consecuencia, a la crítica a los poderes y privilegios masculinos en nuestra sociedad), mientras que el masculinismo puede ser considerado como un movimiento social y político que quiere obstaculizar activamente la afirmación de los derechos de las mujeres en una sociedad que se considera dominada por estas últimas, y por las feministas en particular. Todo ello, asumiendo una posición victimista que reaviva el estereotipo de la “crisis de la masculinidad” que ha persistido durante siglos. Se trata de hombres que se radicalizan tanto en línea como en persona.
Por lo tanto, el masculinismo no es el reverso del feminismo, que es un movimiento a favor de la emancipación de la mujer y la ampliación de sus derechos. El avance de los derechos de la mujer no es la causa del sufrimiento de los hombres ni de la pérdida de sus derechos: si existe sufrimiento masculino –y existe– es el resultado de diversas situaciones de desigualdad: sociales, locales y estructurales.
| Europol contra el radicalismo masculinista El Proyecto Medusa de Europol ha permitido que se desmantele una red internacional de depredadores sexuales especializados en la sumisión química. Los resultados de esta investigación internacional, recientemente publicados, denunciaban a “redes de influencers y comunidades en línea que promueven y alimentan ideas radicales sobre la masculinidad y el odio hacia las mujeres”. Dentro de esta visión misógina del mundo, escriben, “las mujeres son consideradas objetos carentes de autonomía, inferiores y manipuladoras. Según estos grupos, la dominación masculina es un derecho adquirido, la violencia y la coerción son medios justificados para afirmar el control y el acceso sexual a las mujeres es algo que se puede ejercer, incluso sin su consentimiento”. |
Masculinismo: una ideología peligrosa
El 24 de junio se presentó ante el Parlamento francés un texto informativo sobre el auge de los movimientos masculinistas y la amenaza que representan. Fruto del trabajo de la Delegación para los Derechos de la Mujer en el Senado francés, el texto subraya la preocupación que suscita esta ideología y los peligros potenciales que entraña en términos de violencia, radicalización y vínculos con grupos conspirativos y con la extrema derecha.
A pesar de algunas limitaciones, señaladas por la periodista Pauline Ferrari, el texto cuenta con abundantes referencias y recoge las voces de investigadores, periodistas y representantes de la sociedad civil.
Y, sobre todo, nos permite reevaluar un fenómeno por el que Francia se merece reconocimiento, ya que es el primer país en abordarlo con mayor profundidad, incluso en relación con el riesgo de terrorismo (del que ya hablamos aquí), y que sigue siendo poco discutido en el resto de Europa.
El informe de la Delegación francesa cita una fuente importante, Céline Berthon, directora general de la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI, la agencia francesa de inteligencia interior), y una nota enviada por su institución. Según la DGSI, “el masculinismo está emergiendo como una ideología radical en toda regla, dotada de todas las características de los mecanismos de radicalización”.
¿Está aumentando el sexismo en Europa?
Según datos del Instituto Europeo para la Igualdad de Género (EIGE), el 36 % de las mujeres y el 45 % de los hombres en la Unión Europea tienden a estar de acuerdo con la idea de que los hombres ganan más porque desempeñan trabajos más exigentes. Además, el 26 % de las mujeres y el 46 % de los hombres consideran aceptable que un hombre controle las finanzas de la mujer.
El hallazgo más preocupante: el 42 % de las mujeres y el 45 % de los hombres creen que una mujer es al menos parcialmente responsable si las imágenes íntimas que compartió en privado se difunden en línea sin su consentimiento.
| Francia: sexismo hostil y violento Según los resultados del Barómetro del Sexismo, un estudio realizado por encargo del Alto Consejo Francés para la Igualdad (HCE), publicado el 21 de enero, el 84 % de las mujeres ha experimentado al menos una situación de sexismo (acoso, violencia sexual, chistes vulgares…). El informe identifica dos formas de sexismo: el sexismo paternalista y el sexismo hostil. El primero, aparentemente benevolente, está presente en la vida cotidiana y legitima una división jerárquica entre los hombres y las mujeres. Sostiene que las mujeres deben ser “protegidas y amadas” por los hombres (75 % de las entrevistadas) o que las mujeres son “naturalmente más dulces” (62 %). El sexismo hostil es un sexismo violento que se traduce en odio hacia las mujeres y puede incluir actitudes agresivas o denigrantes. Por este motivo, “algunas manifestaciones de sexismo hostil ya no se limitan a prácticas individuales aisladas, sino que forman parte de lógicas de adhesión y movilizaciones ideológicas colectivas”. Según el mismo informe, en Francia, el 17 % de las personas mayores de 15 años, es decir, casi 10 millones de personas, se adhieren al sexismo hostil, mientras que el 23 % se adhiere al sexismo paternalista. El HCE señala una preocupante porosidad entre el sexismo hostil y la radicalización masculinista. La institución define el masculinismo como “una ideología estructurada, con referencias políticas, económicas, financieras y culturales”, y añade que “entre 2019 y 2023, redes hostiles a los derechos y la igualdad de las mujeres invirtieron en Europa 1180 millones de dólares (1000 millones de euros)”. España: “La igualdad ha ido demasiado lejos” En los últimos años en España, términos como “misoginia” y “machosfera” se han incorporado al discurso conservador: se trata de movimientos que promueven ideas antifeministas y misóginas, cuyos partidarios creen que el feminismo es responsable de muchos de sus problemas personales y sociales, explica Ana Somavilla de El Confidencial. Según una encuesta de 2024 del CIS, aproximadamente el 52 % de los hombre jóvenes de entre 16 y 24 años concuerda con el hecho de que “se ha ido demasiado lejos” con la igualdad, hasta el punto de sentirse discriminados. Según el Informe de la Juventud Española 2026, publicado por la Fundación SM, la igualdad de género ahora solo es importante para el 45 % de los encuestados, frente al 67 % en 2020. Y un 66 % cree que algunas mujeres buscan privilegios en nombre de la igualdad. Italia: un fenómeno “inexistente” El ISTAT (Instituto Italiano de Estadística) estima que aproximadamente el 31,9 % de las mujeres italianas han sufrido violencia física o sexual desde los 16 años (más de 6 millones de mujeres). El Departamento de Igualdad de Oportunidades ha publicado un Plan Estratégico sobre Violencia contra las Mujeres y Violencia Doméstica para el periodo 2025-2027: según los datos del informe, el 53,6 % de las personas entre 18 y 74 años “creen en al menos un estereotipo sobre roles de género. La cifra es mayor en el caso de los hombres y, respecto a la primera encuesta, ha disminuido sobre todo entre las mujeres”. Otro dato: aproximadamente el 20 % de los hombres entrevistados “creen que la violencia se debe a la forma de vestir de las mujeres”. El informe no utiliza los términos “masculinismo”, “manosfera” ni “cultura incel”, y solo emplea el término “masculinidad” una vez, explica Ines Martínez Velasco, del OBCT. Un estudio realizado por Elisa Ignazzi, Mara Maretti y Lara Fontanella, de la Universidad de Chieti-Pescara, sobre la “manosfera italiana”, que existe aunque no sea reconocida oficialmente por el gobierno, analiza cientos de páginas de Facebook vinculadas a la manosfera, donde se difunden ideologías centradas en los roles de género tradicionales, el sexismo y el antifeminismo, caracterizadas por un sentimiento de victimismo masculino y de hostilidad hacia las mujeres. |
🤝 Este artículo forma parte del proyecto periodístico colaborativo PULSE Europe, del que Voxeurop forma parte. Han contribuido a él Ines Martínez Velasco (OBCT, Italia) y Ana Somavilla (El Confidencial, España).
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