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Sobre el feminicidio de Hélène Rytmann-Legotien: cómo Louis Althusser asesinó a su esposa e “inventó” el masculinismo

Esta historia, tan espantosa como corriente, se asemeja a la de muchas mujeres asesinadas por sus parejas: la socióloga Hélène Rytmann-Legotien quería dejar a su marido, que era violento y maltratador y él la asesinó. El asesino fue Louis Althusser, un famoso y respetado filósofo marxista del siglo pasado, quien utilizó el término “masculinismo” muchas décadas antes de que fuera identificado como sinónimo del discurso antifeminista.

Publicado en 22 julio 2026

Hélène Rytmann-Legotien murió estrangulada por su marido, el filósofo Louis Althusser (1918-1990) en su apartamento en las instalaciones de la École normale supérieure (ENS) de París, institución de la que Althusser era secretario. Eran las 7:55 de la mañana del 16 de noviembre de 1980.

Althusser, que padecía depresión desde hacía meses y había sido diagnosticado con “psicosis maníaco-depresiva” en 1947, confesó inmediatamente el crimen y fue internado en el hospital psiquiátrico de Sainte-Anne, en París.

Althusser era una celebridad y una autoridad en aquella época; la ENS, una de las instituciones universitarias más prestigiosas y selectivas de Francia. El caso se cerró en febrero de 1981: Althusser fue declarado exento de responsabilidad penal a tenor del artículo 64 del Código Penal francés.

Falleció en 1990 y se le rindieron amplios homenajes por su contribución a la cultura.

La banalidad del macho

Han sido necesarios 40 años para que este homicidio (también) fuese reconocido como feminicidio: resultado que se alcanzó gracias a las investigaciones, luchas y movilizaciones de feministas, investigadoras y militantes que han conseguido mantener vivo este relato.

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En 2023 un libro produjo un particular eco mediático: Althusser assassin, La banalité du mâle (“Althusser asesino. La banalidad del macho”, Remue-Ménage, 2023), escrito por el politólogo canadiense Francis Dupuis-Déri, experto en movimientos sociales, antifeminismo y cuestiones masculinas.

El juego de palabras en francés entre “macho” (mâle) y “mal” (mal), que se pronuncian igual, es muy acertado y muy usado por las feministas.

El texto se tradujo al inglés y al indonesio en 2025, y al alemán en 2026. Próximamente saldrá traducido en otros idiomas, entre ellos el griego.

¿Quién era Hélène Legotien?

“Cuando estaba investigando sobre el asesinato”, me cuenta Dupuis-Déri, ​​“pensé que se trataba de una historia del pasado, de otro siglo”. Sin embargo, como explica en el epílogo de su obra en inglés y alemán, recibió decenas de cartas que daban testimonio de un recuerdo vivo, que no había sido suficientemente relatado ni desarrollado.

“Creo que lo primero que supe de Althusser era que había asesinado a su esposa, y que lo había hecho en la ENS”, me cuenta Lucie Rondeau du Noyer, a quien conocí en un apartamento haussmaniano en el norte de París el pasado abril. Doctoranda en historia del pensamiento económico, historiadora de formación y exalumna de la ENS, Rondeau du Noyer ha trabajado meticulosamente en la reconstrucción de la vida y la obra de Legotien.

“Si el objetivo es devolverle la voz a alguien, es un buen comienzo utilizar el nombre que eligió esa persona”, continúa Rondeau du Noyer. Se refiere al hecho de que a menudo su nombre aparece de distintas formas: Hélène Rytmann, Hélène Legotien o Hélène Rytmann-Legotien.

Hélène Legotien nació en 1910 en París; su familia de origen hebreo huyó del pogromo ruso. A partir de 1944, explica Rondeau du Noyer, Hélène Rytmann empezó a usar Legotien como apellido, sin cambiarlo en el registro civil. Probablemente se trate de una referencia a su pasado en la Resistencia, pero no hay suficientes fuentes para confirmarlo.

Althusser y Hélène Legotien, ocho años mayor que él, se conocieron en 1945 y se casaron en 1976. Hélène Legotien trabajó como investigadora en la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE) entre 1951 y 1954, y como socióloga para la Société d'études pour le développement économique et social (SEDES). Se ocupó sobre todo de la agricultura y de los sistemas de desarrollo rural: formó parte de las personas que entre los años sesenta y setenta del pasado siglo crearon “un pensamiento crítico y marxista sobre el desarrollo”, escribe Rondeau du Noyer.

Los últimos meses de la vida de Legotien se narraron en un artículo de Johanna Luyssen para el diario francés Libération escrito en las navidades de 2023, que ha tenido el mérito de poner la historia de nuevo en el centro de atención. El artículo recoge el testimonio de Jo Ros, quien en 1980, pocos meses antes del asesinato, trabajó con Legotien en Port-de-Bouc, una ciudad del sur de Francia, en un proyecto de valorización de la memoria de la clase trabajadora local.

La socióloga, en aquel entonces ya jubilada, entró en el despacho de Ros en febrero de 1980 para ofrecerse como voluntaria para el proyecto. Se presentó como Hélène Legotien. Más tarde revelaría que era la esposa de Althusser, y pidió que se mantuviera en secreto. En aquel momento tenía 70 años y seguía teniendo las ganas y la energía para ir a un lugar desconocido porque había oído hablar en la radio de un proyecto en el que quería participar. 

Lo que le interesaba a Legotien, explica Rondeau du Noyer, eran “las razones del persistente malestar de la clase trabajadora y la explotación de la que era víctima, a pesar de las tres décadas de fuerte crecimiento que Francia llevaba experimentando desde 1945”. La noticia del asesinato tuvo un profundo impacto en el colectivo que trabajó con ella en la década de 1980: la investigación se publicó en 1984 y "en memoria de Hélène Legotien", aparecía bajo el título Du chantier naval à la ville: la mémoire ouvriere de Port-de-Bouc (Del astillero a la ciudad: la memoria obrera de Port-de-Bouc).

“Hélène Legotien fue una persona que con los medios que tuvo a su disposición y a pesar de los límites impuestos por aquella época, desarrolló una brillante carrera como investigadora. Y que ha inspirado a muchas personas, todavía vivas, que dan testimonio de que fue ella quien les ha enseñado las cosas, que las ha formado”, añade Rondeau du Noyer.

El asesino protagonista de la historia

A pesar de su brillante carrera, Hélène Legotien siempre fue la “esposa de”, la “mujer de” o la “mujer estrangulada en la rue d’Ulm”. Su nombre, si aparecía, estaba al final de los artículos, explica la investigación de Libération.

Del mismo modo, el relato de su feminicidio lo hizo el propio Louis Althusser en su autobiografía El porvenir es largo, publicada póstumamente en 1992 y que inicialmente vendió 35 000 ejemplares y que ha sido traducido a varios idiomas.

Portada de Libération, 26 de diciembre de 2023.

En el texto, Althusser escribe su propia historia, relata su depresión, su sufrimiento, en un relato de  autojustificación que da a la historia el significado que él mismo atribuye. El libro se presentó como un “texto sincero”, “clamado por los intelectuales como una ‘obra maestra de la literatura autobiográfica’”, escribe Dupuis-Déri, ​​quien lo considera “en muchas ocasiones carente de sentido y, en general, desagradable”.

En su autobiografía, Althusser relata que Legotien tuvo pensamientos suicidas en los últimos años de su vida, algo así como si él hubiese hecho cumplir su sueño.

En 1985, el periodista Claude Sarraute, en un artículo para Le Monde sobre otro asesino, el japonés Issei Sagawa, escribió: “En cuanto los medios vemos un nombre prestigioso involucrado en un juicio sensacionalista, como el de Althusser, [...] armamos un gran revuelo. ¿La víctima? No merece ni una sola línea. El protagonista absoluto es el culpable”.

Un artículo de 1992 en el diario alemán Der Spiegel, sobre el relato que Althusser hizo de su crimen, decía: “Con claridad y una prosa impecable, Althusser describe un drama interno”. Ni una palabra sobre la víctima.


“Filósofo o no, marxista o no, loco o no, Althusser no es ni más ni menos que uno de los muchos hombres que, cada año, asesinan a sus parejas o exparejas. Este desprecio por las normas y categorías sociales resulta además especialmente notable, dado que el asesino fue el teórico marxista más influyente de su tiempo” – Francis Dupuis-Déri


“Es posible comparar las observaciones empáticas sobre Althusser con las expresadas en circunstancias similares, por ejemplo, tras el homicidio de la actriz Marie Trintignant en 2003 a manos de su pareja, el cantante Bertrand Cantat. En ambos casos, los asesinos eran hombres pertenecientes a la élite intelectual o cultural”, continúa Dupuis-Déri, ​​citando a la académica canadiense Lucile Cipriani:

“El discurso del agresor puede ocupar todo el espacio, desviando por completo la atención del sufrimiento de la víctima al del abusador. [...] Las desgracias sufridas durante la infancia, los tormentos de los celos y las rupturas, el ego malherido, las difíciles condiciones de vida y el deseo de control de quienes maltratan a las mujeres se representan con frecuencia en los medios de comunicación. [...] La cultura garantiza espacio para el discurso de los agresores, un discurso que no solo desvía la atención del sufrimiento de las víctimas al del agresor, sino que contribuye a la perpetuación de la violencia”.

La explicación, ampliamente aceptada en aquel entonces, era la de la “locura” del asesino, una tesis que el propio Althusser utiliza en su autobiografía. Un problema singular y personal, por lo tanto, que no se registra en ninguna práctica estructural.

“Se usa mucha fantasía para formular hipótesis aparentemente sofisticadas, pero también se invierte mucho esfuerzo en olvidar un hecho relativamente simple: filósofo o no, marxista o no, loco o no, Althusser no es ni más ni menos que uno de los muchos hombres que, cada año, asesinan a sus parejas o exparejas. Este desprecio por las normas y categorías sociales resulta además especialmente notable, dado que el asesino fue el teórico marxista más influyente de su tiempo”, escribe Dupuis-Déri.

Althusser y el masculinismo: ¿El feminismo como adversario ideológico?

Según el periodista de Libération Robert Maggiori, “para comprender esta historia hace falta entender la gran influencia y el peso que Althusser tenía en el mundo intelectual francés. (…) Era un gurú (…). En la Francia anterior al 68, [Althusser] ejercía una gran influencia. Régis Debray, Bernard-Henry Lévy, Alain Badiou, André Comte-Sponville… eran todos ellos discípulos suyos; a veces rompían lazos con él de forma espectacular. Ser althusseriano era como adherirse a una religión. Althusser fue una figura clave en la época de grandes pensadores como Deleuze, Derrida y Foucault”.

“En la década de 1970, en todo el mundo, y en Inglaterra en particular, la influencia de Althusser fue fundamental, tanto en el ámbito académico como en los grupos políticos de la izquierda comunista”, explica Michel Lacroix, profesor del Departamento de Estudios Literarios de la UQAM.

“La influencia de Althusser otorgó legitimidad universitaria al marxismo, especialmente con Lire le Capital (“Leer el Capital”, 1965) y Pour Marx (“Para Marx”, 1965)”, añade. “Althusser fue uno de los pensadores más leídos y citados”, aunque hoy en día ya no lo sea.

Trabajando en los archivos de Althusser en el Institut Mémoires de l'édition contemporaine (IMEC), Michel Lacroix encontró dos textos inéditos del filósofo marxista. He podido consultar ambos gracias a su ayuda y a la de Francis Dupuis-Déri.

En estos escritos Althusser habla del feminismo como un “movimiento ideológico” que identifica al hombre como principal responsable de la explotación de la mujer. Este movimiento, en su opinión, está emprendiendo una “venganza histórica” y llega al punto  de “provocar la separación física y social de ciertos grupos de mujeres”.


Lo que emerge es “la impresión de que el antifeminismo primitivo que asociamos con el masculinismo actual también podría haber estado presente en el ideario de un teórico del más alto nivel y alcance internacional como Althusser” – Michel Lacroix


El teórico marxista continúa manteniendo que se puede adelantar la hipótesis de que “se podría formar una ‘ideología masculina’” que denuncie “la explotación y opresión que durante siglos ha impuesto la Mujer al Hombre”.

Francis Dupuis-Déri, que usa una parte de estas citas en el epílogo de su libro en inglés y alemán, me explica que muy probablemente se lean como una reacción al feminismo radical y en particular a un texto de Christian Delphi, “L’ennemi principal” (El enemigo principal), publicado en 1970 en la revista Partisans y que posteriormente se publicó en formato de libro.

El texto de Althusser, recuperado de sus archivos, es una obra antifeminista bastante clásica que presenta a los hombres como víctimas de las mujeres, a pesar de que su autor es un hombre que asesinó a su pareja. Como escribe Dupuis-Déri: “Hoy sabemos bien a qué actos de violencia homicida puede conducir un resentimiento tan lleno de victimismo”.

En general, dentro de los círculos marxistas, el feminismo se contemplaba sobre todo como una cuestión secundaria (visión que todavía forma parte del discurso de algunos grupos políticos) porque la batalla principal era la de la clase trabajadora. “Si las feministas han dado vida a un movimiento propio es porque la lucha de las mujeres siempre estuvo relegada a un papel secundario dentro de los movimientos marxistas” añade sonriendo Lacroix. Desde este punto de vista el “antifeminismo” de Althusser se circunscribe al paternalismo clásico, en la jerarquía de las luchas, para la “gran mayoría de los marxistas de la época”.

Sala Hélène Legotien-Rytmann bautizada en 2023 en el ENS por la socióloga y miembro de la Resistencia y que "fue asesinada por su marido en 1980 en la Escuela Normal Superior. No olvidamos, no perdonamos". | Foto: Sebastian Carbonell

Pero, añade Lacroix, “Althusser va más allá”. Lo que emerge es “la impresión de que el antifeminismo primitivo que asociamos con el masculinismo actual también podría haber estado presente en el ideario de un teórico del más alto nivel y alcance internacional como Althusser: esto muestra una sólida base patriarcal, pero quizás también algo nuevo: Althusser inventa el masculinismo”. Esto, explica el académico, revela “una especie de terror, de resentimiento, que lo lleva a trascender los puntos de referencia habituales”; el feminismo ya no es un “aliado secundario”, sino que pasa a ser un “adversario ideológico, una desviación que debe combatirse a toda costa”.

Según Francis Dupuis-Déri, ​​el masculinismo es una "corriente antifeminista basada en la idea errónea de que los hombres sufren a causa de las mujeres, las feministas y la feminización de la sociedad", construyendo el mito (del título del libro homónimo del autor) de que existe una “crisis de la masculinidad”.

Esto no significa que cualquiera que hoy en día se adhiera a elementos del discurso masculinista esté dispuesto a matar. Lo importante, añade Dupuis-Déri, ​​es recordar que, dentro de la “lógica global del discurso y la ideología masculinistas”, existen elementos que pueden reutilizarse para justificar los feminicidios.

En 2023, una sala de la ENS se dedicó a Legotien: “Sala Hélène Legotien-Rytmann. Resistente y socióloga. Víctima de feminicidio en la ENS en 1980”.

Tras la investigación realizada por Lucie Rondeau du Noyer, Nathalie Léger, directora del IMEC, ha puesto en marcha un proceso para crear un archivo Legotien dentro del centro de investigación.

En marzo de 2023, unos estudiantes rebautizaron la sala Aron como “sala Hélène Legotien Rytmann; miembro de la Resistencia y socióloga; Víctima de un feminicidio en la ENS en 1980”. Posteriormente, la dirección de la escuela decidió dedicar otra sala a la memoria de Hélène Legotien Rytmann: el anuncio se hizo el 25 de noviembre de 2024 durante una ceremonia y las obras ya están en marcha.

Está previsto que la sala se abra a los estudiantes de la ENS durante el curso académico 2026-2027.

🤝 Este artículo forma parte del proyecto periodístico en colaboración PULSE Europe, del que Voxeurop es miembro. Entre los colaboradores se encuentran Flora Mory (Der Standard, Austria) y Kostas Zafeiropoulos (Efsyn, Grecia).

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