El "Mare Nostrum" ha sido un refugio de una gran variedad de especies marinas y un centro para la perfecta conservación de la biodiversidad. Sin embargo, a lo largo de los años, ha surgido como uno de los principales espacios comerciales del mundo en esta economía global en rápida evolución, un ecosistema único y delicado que ha tenido que afrontar varios riesgos ambientales provocados por la actividad humana. Entre estos, los cables submarinos.
Aunque son reciclables y necesarias para el suministro mundial de energía, la instalación y explotación de estas infraestructuras de comunicación globales ha provocado muchas preocupaciones sobre el posible impacto ambiental, los problemas económicos que surgen de la compleja gestión pesquera y la necesidad de políticas sostenibles y cambios reglamentarios para evitar una ciberguerra en el fondo del mar.
El sector del cable vs. la ciencia: ¡empieza el juego!
La red de cables submarinos parece ser una enorme infraestructura que facilita el flujo de datos y energía entre continentes desde las estaciones de energía marinas hasta tierra firme. Para los profanos en la materia, entre 2016 y 2020 se instalaron en todo el mundo unos 67 000 kilómetros de cables nuevos, y una estimación actual indica que se instalarán 113 000 kilómetros anualmente hasta finales de 2023. Un enorme ecosistema antropológico a través del cual se realizan cada día transacciones financieras por valor de 10 billones de dólares en cadenas de suministro cada vez más complicadas, que representan alrededor del 95% del tráfico total de Internet en todo el mundo. Una industria considerable que se prevé que crezca un 12,9% entre 2022 y 2030, alcanzando un valor de 48 000 millones de dólares, según MarketResearch.com.
En el sector de los cables submarinos, el coste de un solo cable puede alcanzar varios cientos de millones de dólares dependiendo de la complejidad y longitud de la ruta. El modelo de “propiedad privada” según el cual una sola compañía de TI posee y explota el cable para sus propios fines, se ha hecho más prevalente en estos últimos tiempos, a pesar de que siempre se ha contemplado más favorablemente el modelo de “consorcios” entre operadores de telecomunicaciones, grandes empresas tecnológicas y empresas especializadas en infraestructuras. Estas empresas "Over the Top", que en conjunto poseen más del 66% de la capacidad de la red de cables submarinos, están rediseñando las de estos cables para conectarlos con sus centros de datos para aumentar la producción y el almacenamiento digitales, según predice un reciente informe del sector.
Los cables para transporte de energía de alta tensión son más gruesos y pesados: compuestos por conductores de cobre o aluminio recubiertos por una funda aislante, habitualmente se entierran bajo el lecho marino a efectos de protección ya que transportan fuertes corrientes de electricidad concentrada. Una reciente construcción que afecta al Mediterráneo es la nueva línea eléctrica construida por la italiana Terna para conectar la isla de Elba y la ciudad de Piombino: el cable de 37 kilómetros de longitud, según el comunicado de prensa de la empresa, "afectará a su salida de la instalación en tierra de Piombino a una pradera oceánica de posidonia en un tramo de unos 3 km de longitud".
A pesar de los potenciales efectos sobre la biodiversidad, Terna asegura que se presta una “atención máxima al impacto medioambiental mediante el trasplante de Posidonia oceánica desde la zona afectada hasta un emplazamiento de 1650 m2 en el Golfo de Follonica”. En sus declaraciones oficiales, la compañía habla de “mejora de la calidad de la infraestructura local, con el logro de ventajas significativas en términos de seguridad, fiabilidad y sostenibilidad”. Aun así es importante reconocer que una buena cantidad de Posidonia –la más representativa de las plantas de la zona infralitoral del Mediterráneo– fue retirada y trasplantada durante el proyecto, algo que perturbó en cierta medida al ecosistema marino de la zona.
"Si bien enterrar los cables eléctricos es algo que reduce la intensidad del campo electromagnético en la superficie del fondo marino, no lo elimina por completo", afirma Bastien Taormina, investigador de ecología marina en el Instituto de Investigación Marina. Según uno de sus artículos, su colocación puede perturbar el ecosistema marino generando campos electromagnéticos: "cuanto mayores son el voltaje y la corriente, más fuerte es el campo electromagnético y peor es el impacto ambiental".
Taormina cree en el potencial de la energía renovable, "pero sus ventajas" -afirma- "deben sopesarse en comparación con el impacto ambiental que supone la instalación de infraestructuras vulnerables para soportarla", sobre todo si afecta a la navegación de especies marinas electrosensibles, como los tiburones e incluso las anguilas, que utilizan su sentido interno del norte magnético para cazar y orientarse.
Los cables de alta tensión también se pueden conectar a parques eólicos marinos que flotan en mar abierto. "Si también se colocan en la superficie del agua, los riesgos ambientales no solo afectarán al medio bentónico sino también al pelágico", afirma Alessandro Crescie, investigador postdoctoral en el mismo instituto que Taormina, tras la expansión de los parques eólicos marinos flotantes en el Mediterráneo. Según una investigación, el comportamiento, la ecología y la supervivencia de las especies se encuentran entre los aspectos de los procesos vitales que más se ven afectados por los campos electromagnéticos asociados con la producción de electricidad mediante turbinas eólicas marinas que tienen ambos tipos de cables instalados en hábitats marinos.
Los cables de telecomunicaciones, en cambio, una vez en tierra, terminan en una estructura de hormigón incrustada en la playa, para luego conectarse a su correspondiente par que llega hasta una estación en tierra firme. Hechos de fibra óptica, se suelen depositar más bien en la superficie del lecho marino porque las corrientes que transportan son más suaves y solo transmiten datos simples a bajo voltaje. ¿Mucho más seguros entonces? Según Michael Clare, líder del departamento de Geosistemas Marinos del Centro Nacional de Oceanografía, así es. Para proteger los cables de la actividad humana en aguas poco profundas, puede ser necesario enterrarlos. En este escenario, "el lecho marino se alterará, pero los estudios han demostrado que el bentos se recoloniza rápidamente", afirma.
La mayor diferenciación entre el punto de vista de Clare sobre el impacto de los cables submarinos en el medio marino y el de Taormina reside en su grado de influencia en el fondo marino, así como en las posibles repercusiones ecológicas: en su reciente artículo, de hecho, Clare presenta una visión más "indefinida" sobre la tenue relación entre las influencias ambientales y el comportamiento de los organismos marinos. "Los cables de telecomunicaciones tienen un impacto en términos de perturbación por campo electromagnético para las criaturas marinas", afirma, "pero se trata de una huella mínima o incluso benéfica en el medio marino". Y esto también se aplica a los equipos de alta tensión: "La medida en que se ven afectados por las intensidades de los campos electromagnéticos generados por los cables eléctricos", dice, "aún no está clara y es objeto de las investigaciones en curso".
Eso dice también Giuseppe Valentino. El Director de Productos de Datos de Telecom Italia Sparkle defiende la estrategia de su empresa para llevar a efecto la instalación del cable submarino BlueMed reiterando un mensaje: "Queremos consolidar el liderazgo de Sparkle en la cuenca mediterránea mediante la ampliación y mejora de nuestra red troncal regional".

Con una capacidad total del sistema de hasta 400 terabits por segundo y una longitud total de aproximadamente 1000 kilómetros, BlueMed, propiedad exclusiva de Sparkle, es una parte integral del proyecto de sistema de cable submarino Blue & Raman, junto con Google y otros operadores. Esto significa que todo el proyecto se basa en un modelo de consorcio en el que parte de las acciones pertenecen a Google y un tercer socio. Además, el propio cable comparte pares de fibra con Blue.
De acuerdo con Valentino, “BlueMed tiene muy poco impacto, si es que llega a tener alguno, sobre el medioambiente”, gracias sobre todo a su estructura mecánica: “tiene un diámetro de un centímetro y” –a pesar de la muy alta tensión, que puede alcanzar los 11 000 voltios– “el amperaje es muy bajo, lo que lo hace respetuoso con el medioambiente, tanto durante su tendido como a lo largo de su mantenimiento”. Valentino también señala que “Sparkle consiguió todas las autorizaciones del Ministerio de Medioambiente y de la Marina de Italia para su tendido en el fondo marino en aguas italianas”. Aunque las normativas son bastante estrictas, “se ha puesto un gran énfasis en mantener la integridad medioambiental durante la instalación del cable y su proceso de mantenimiento en Europa”, afirma.
Cresci, sin embargo, habla también de los efectos potenciales de los cables de comunicación submarinos en el ecosistema: aunque los campos electromagnéticos son una emisión poco conocida pero potencialmente importante y creciente en el medio marino, afirma que las especies sensibles podrían no recibir señales ambientales críticas debido a los campos electromagnéticos producidos por los cables eléctricos de telecomunicaciones a altas frecuencias, que pueden tener efectos negativos en la ecología local.
Esto se debe a que los cables submarinos utilizados para la transferencia de energía son fuentes conocidas de campos electromagnéticos, pero los cables de telecomunicaciones y los cables de comunicación submarinos también generan campos electromagnéticos de corriente alterna (CA) y corriente continua (CC).
Los daños al lecho marino, la perturbación de los organismos y el ruido también pertenecen a esta categoría de impactos. Y su tesis está respaldada por una investigación: según ella, a pesar del pequeño tamaño físico de los cables ópticos -que transmiten datos mediante impulsos luminosos (lo que se puede considerar una forma de corriente alterna de alta frecuencia)- actividades como el reconocimiento y fijación de las rutas que seguirán los cables, el tendido, la protección y la reparación de los cables submarinos pueden provocar contaminación o cambios nocivos en el medio marino.
¿Pescando… cables? ¡Se capturan… ciberespías!
Por lo tanto, el impacto medioambiental producido tanto por los cables submarinos de alta tensión como por los de fibra óptica parece ser común y caracterizado por otros fenómenos como la turbidez, la contaminación, el enmarañamiento y la alteración del hábitat. Estos últimos se relacionan más específicamente con la actividad pesquera: ICT Solutions and Education informa de alrededor de 100 roturas de cables al año, mientras que los datos más recientes de la Agencia de Ciberseguridad de la Unión Europea indican que la participación humana, ya sea por errores involuntarios o por acciones malintencionadas deliberadas, es responsable del 87% de los incidentes con cables. Entre estos, los daños causados por artilugios de pesca como las redes verticales para pesca por enmalle y redes de arrastre –que los pueden cortar directamente al desgarrar o romper el cable– son muy probables, ya que generalmente están enterrados o tendidos por debajo del lecho marino.
“Durante años no ha habido un diálogo concreto entre el sector pesquero y la industria de los cables submarinos”, afirma Roberto Arciprete, vicepresidente de la Alianza Cooperativa Italiana. El punto medio para una mayor integración de las prácticas compartidas "es necesario", afirma, porque de lo contrario "aumenta el riesgo de quedar fuera y nuestras exigencias nunca encontrarán una reglamentación sectorial justa". A nivel europeo, es Juan Manuel Trujillo Castillo, presidente de la Federación Europea de Trabajadores del Transporte, quien alza la voz: "Si bien no estamos en contra de estas actividades", afirma, "exigimos un enfoque equilibrado entre las partes".
Trujillo mantiene una postura firme en materia de pesca: dado que los pescadores contribuyen al suministro de alimentos y a la soberanía alimentaria de la UE, "¿por qué la energía y las telecomunicaciones son más importantes que los alimentos saludables y esenciales?". Según Marevivo, una ONG que se centra en la conservación marina, "ninguna actividad humana tiene un impacto cero". La ONG afirma que las once descripciones de buen estado medioambiental de la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina de la UE "sirven como medida de la aplicación de los impactos ambientales de los cables submarinos" y que las comisiones de Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) deben cuestionar la construcción de cualquier cable que no cumpla con estas normas de sostenibilidad.
"Si la presencia de cables es un obstáculo para las actividades pesqueras legales y sostenibles, entonces creemos que es justo que quienes tienden los cables compensen a los pescadores por las pérdidas".Según Clare, aunque ocasionalmente se realice alguna actividad pesquera cerca de estos lugares de tendido, "el volumen de sedimentos que se remueve al enterrar los cables es mayor que la cantidad de sedimento que genera la actividad pesquera".
No obstante, según el Plan de Acción de la UE de la Comisión Europea para 2023 sobre la sostenibilidad de las poblaciones de peces, el impacto de la pesca tanto en el lecho marino como en las especies sensibles es mayor y se prevé que la sobrepesca tendrá un efecto económico anual de más de 3000 millones de dólares al año, muy por encima el nivel sostenible, con una tasa de explotación promedio del 1,4%, según el informe de la FAO El estado de la pesca en el Mediterráneo y el Mar Negro en 2022.
Entonces, ¿qué es más peligroso para el ecosistema? La ciberdelincuencia. Los cables submarinos son intrínsecamente geopolíticos: definen los límites físicos del mundo digital, gestionan el poder global transportando datos cada vez más importantes y, lo más significativo es que no ondean banderas nacionales. Repartidos dentro de un sistema compuesto por jurisdicciones, convenciones internacionales y leyes marítimas, son "invisibles" para los gobiernos: su condición de "ceguera marina" -si está armada- puede aumentar los riesgos en la cadena de suministro, la dependencia tecnológica y la vulnerabilidad relacionada con intervenciones extranjeras indeseables.
Saverio Lesti, investigador principal de Mondo Internazionale G.E.O., publicó un informe sobre la creciente importancia estratégica del lecho marino, afirmando que los principales instrumentos de "amenaza de guerra cibernética a los cables submarinos" son el sabotaje (para infligir daños financieros a las empresas) y los ciberataques (para causar interferencias en redes de inteligencia vitales). "Los cables submarinos del mar Mediterráneo son un objetivo vital para posibles adversarios, ya que son un nodo clave en la red global de comunicaciones", afirma. Por ello, los gobiernos deben poner en práctica estrategias de "guerra submarina" para "diversificar las rutas a fin de reducir el riesgo de un solo ataque, mejorar la seguridad con sistemas de vigilancia y elaborar acuerdos internacionales".
Sencillo, ¿verdad? No del todo, ya que hay intereses contrapuestos que considerar, incluida "la falta de voluntad política y complejidad jurídica para regular el uso del fondo marino". Estos mismos problemas los expuso Christian Bueger en su reciente artículo sobre la gobernanza europea para luchar contra las amenazas a la seguridad de los cables submarinos.
El profesor de gobernanza de océanos en la Universidad de Copenhague sostiene que "es necesario establecer un mecanismo básico para compartir información", inicialmente dirigido por un grupo de trabajo intercomunitario que incluya a la industria del cable. Destaca que el Parlamento Europeo debería presionar a los Estados miembros para que cada uno investigue los cables por su cuenta, evalúe cualquier vulnerabilidad, identifique los mecanismos de reacción disponibles y comunique los resultados a todos los organismos competentes de la UE.
Para ello, las instituciones deberían establecer un presupuesto especial para ayudar en el mantenimiento del cable, así como en la investigación y creación de nuevas tecnologías para aumentar su durabilidad. "Los principales obstáculos para una gobernanza de la red de cable a escala de la UE son la falta de datos sistémicos sobre los organismos reguladores, de medidas de protección reglamentarias actuales y de operaciones nacionales de vigilancia", afirma el profesor. La necesidad de prevenir ataques a infraestructuras vitales cada vez es mayor a medida que el mundo observa el conflicto entre Rusia y Ucrania: ¿actuará Europa en consecuencia y con suficiente rapidez?
Este artículo se produjo con el apoyo de Internews’ Earth Journalism Network y Climate Arena Fellowship.
Este artículo se ha publicado en el marco del proyecto colaborativo Come Together
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